Jonathan Richman - Casino de Asturias (Gijón, 01-06-2007)

Ya había estado por estos lares hacía tres años en un entrañable concierto en la Colegiata San Juan Bautista de Gijón, dentro del ciclo Intersecciones de Cajastur, y hubo mucho que repitieron. El ex The Modern Lovers volvió a demostrar con creces que es uno de los artistas más excéntricos e imprevisibles del orbe rockero.

Imprevisible, errático, extravagante, surrealista, gesticulante, desafinado, perdiendo el hilo argumental por momentos, ejecutando pasos de baile imposibles, apartándose del escenario, cantando –y presentando con esas maneras de tipo que está ido o pasado de vueltas- en ingles, español, francés e italiano, el de Boston fue un auténtico personaje.

Lo de actuar en un casino, en la remozada sala Acapulco, le venía que ni pintado a Jonathan Richman, en un local que parecía aquel en el que salía el enano del sueño del agente Cooper en Twin Peaks, con aquellas cortinas rojas y esas luces un tanto mortecinas.

La cita era a la media noche pero pasó media hora hasta que Richman y su batería Tommy Larkins se pusieran en faena. Como siempre, su acompañante tuvo que estar muy atento a sus devaneos, pues no fueron pocas la veces en que el cantante se fue por los cerros de Úbeda.

Ya en el primer tema, Cosa interesada, dejó el tema a medias para avisar a todos de que su médico le había recomendado no cantar en sitios con humo, rogando por ello al público que se abstuviera de fumar; pero nadie le hizo caso. Y más tarde se escapó del escenario y fue al control de sonido para decir que se arreglaran los problemas técnicos que tenía.

Era difícil que la risa y el estupor, las caras de dónde me he metido, no afloraran en los presentes ante el tremendo espectáculo que Jonathan Richman, armado de una guitarra española y un micrófono que distorsionaba su voz cuando subía el tono, estaba ofreciendo. Utilizó un bárbaro castellano para presentar las canciones y para interpretarlas, pero también las hubo en italiano y francés, igual de aberrantes.

Se dedicó a repasar sus dos últimos álbumes de estudio. De Her Mystery Not Of High Heels And Eye Shadow (Vapor Records, 2001) cantó la delicadísima Springtime in New York, estando espléndido tanto con la voz como con la guitarra, y las hilarantes El joven se estremece, Con el merengue y Yo tengo una novia.

De Not So Much To Be Loved As To Love (Vapor Records, 2004) rescató las descacharrantes In che mondo viviamo, Les etoiles, Cosi veloce y Ha muerto la rosa, y las entrañables My baby love loves me y el tema que da título al disco.

Su presencia en el escenario fue de una hora justa, un poco escasa al decir de los asistentes, y la consumió también con Pablo Picasso, del debut de The Modern Lovers, Egyptian reggae y un un bis en el que cantó la versión de Vampiresa mujer. Faltó la clásica I was dancing in the lesbian bar, pero ya lo había hecho hacía tres años. Esperamos que vuelva pronto.

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