Cesária Evora - Plaza de Toros (Gijón, 25-07-2007)

Menos desangelado que en anteriores ocasiones, aunque ni mucho menos para tirar cohetes con las cerca de dos mil entradas despachadas en taquilla, el coso de El Bibio recibió a Cesária Evora el pasado miércoles.

La reina de la morna presentaba su último disco, Rogamar, un nuevo manual de saudade, morriña y blues cavoverdiano del que ella es la principal valedora. Cesária Evora, que cumplirá sesenta y seis años, aunque muestra el aspecto físico de una venerable anciana, sigue con esa voz melancólica, espesa, hiriente y conmovedora de antaño.

Desde que en 1988 se diera a conocer al mundo occidental con La diva de los pies desnudos, la cantante ha seguido una carrera ascendente, maravillando a los aficionados a las denominadas músicas del mundo.

Cesária Evora canta en ese portugués mestizo propio del archipiélago de Cabo Verde, unas islas cercanas a la coste senegalesa y a se trajo un repertorio de nostalgias, desamores y sufrimientos del espíritu. Un cancionero que le mantuvo en el escenario cerca de ochenta minutos realmente irrepetibles.

Igual que en su anterior visita a la región, donde cantó en el Teatro Campoamor de Oviedo, la artista se acompañó de una banda de músicos impagable. Ocho músicos que en ningún momento mostraron su arte por encima. El violín del cubano Julián Corrales o los saxos de Domingo Gomes fueron los instrumentos directores de un sonido acústico que ejerció de colchón de una voz arrebatadora.

Ni el piano, ni las percusiones ni siquiera la guitarra estuvieron bien definidas en un concierto en el que Cesária Evora fue la absoluta protagonista, aunque sus acompañantes tuvieron sus momentos de lucimiento en el instrumental de apertura: Nutridinha, y a mitad de concierto, cuando la cantante se tomó un respiro para sentarse y fumar un cigarro y un vaso de agua, mientras que sus músicos tocaron Morte dun Tchuke.

Cesária Evora cantó media docena de piezas de Rogamar, su décimo disco que grabó entre Mindelo, su localidad natal y París, y que habla del amor, la pérdida y la vida en la isla, un universo en íntima relación con el océano atlántico.

Así, además de Sombras di destino, Travessa di Peixeira, Avenida Marginal, Tiche, Rogamar y Um pincelada, repasó buena parte de sus clásicos. La comunidad caboverdiana de Asturias la recibió con una pancarta en la que decían que la querían y le pidieron coladeras, una de los ritmos nativos de su tierra más movidos, pero ella se ciñó a un listado de canciones en el que se escucharon desde Vaquinha mansa, Mae Africa, Sodade o Carnaval, uno de sus clásicos y el momento en que el público más atrevido se adelantó al espacio inmediato al escenario para bailar al ritmo contagioso.

Cesária Evora se retiró un minuto pero concedió un bis que incluyó Bésame mucho, esa canción atemporal que fue el momento más tierno de la noche, y Sangue di Verona otro de sus clásicos atemporales.

Sitio oficial | Cesária Evora

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