Enrique Morente - Casa de la Cultura (Avilés, 13-XII-2007)

Víctor Rodríguez 14 diciembre 2007 1 comentario

Morente-1No existe aún como tal el Centro Internacional Niemeyer, un faro cultural que se instalará en un futuro en unos terrenos contíguos a la ría de Avilés, ni siquiera está planteado cuáles van a ser los contenidos que tendrá, pero el gobierno asturiano ya trabaja en ello.

Fruto de esto fue la reunión de los miembros del G-8 cultural en la Villa del Adelantado este fin de semana, en cuya antesala se ubicó el concierto del cantaor Enrique Morente. Una actuación, como todas las que realiza el del Albaicín, soprendente, única, inspirada, jonda a más no poder, heterodoxa y ortodoxa a la vez e innovadora.

Enrique Morente, el más vanguardista y envidiado de todos los cantaores de los últimos cincuenta años, se trajo a su familia a Avilés para mostrarse en la Casa de la Cultura tan sabio, versátil y repetuoso con los maestros del cante como siempre.

Morente-2 El único ay de la noche lo tuvo que poner el público, tan heterogéneo como no iniciado en los misterios de este arcano arte que es el flamenco, que asistió a este concierto gratuito. Claro está el no rascarse el bolsillo en taquilla dice mucho sobre que los asistentes se quedaran mudos cuando Morente y sus músicos se retiraron a los camerinos.

Tres minutos que parecieron muchos más hubo que esperar para escuchar algunos aplausos demandando un bis, pero éstos fueron tan tibios que en otras circunstancias el artista debería haberse quedado allí. Sólo habían sido cuarenta minutos pero, ¡señores, los conciertos de flamenco como los de jazz, duran por regla general una hora!

Pero el maestro salió a cumplir con el repertorio que tenía preparado y aquí si que se salió. En esta propina que concedió gratuitamente cantó con especial jondura, con un compás peculiar una parte del primer acto de Yerma, de Federico García Lorca.

Después, llamó a José Manuel Tejedor, ilustre gaitero local, para acompañarle a la gaita mientras cantaba el poema Otro tiempo vendrá, de Ángel González, que traía escrito en un folio que sacó de la chaqueta. Tras esta audacia que únicamente se podría permitir él, se despidió con sus músicos, entre los que estaban su mujer, Aurora Carbonell, y sus hijos Soledad y Enrique, cantando, entre otros, un poema de San Juan de la Cruz, donde Morente estuvo imponente, y rematando la faena con unos versos de un villancico que regaló a su hija Estrella.

Antes, Enrique Morente empezó el recital cantando a pelo con sus músicos unas bulerías navideñas, cabales y bulerías en las que mentaron la memoria de dos de los más grandes del cante: Antonio Mairena y Manuel Agujetas.

Después, aprovechó unos poemas de Antonio Machado para cantar por soleá rematada por bulerías; nos llevó a La Isla por alegrías, giró por tientos de Manuel Torre, y volvió al cante básico, otra vez a pelo con su gente, por debla y martinete, que remató con una cabriola jazzística a cuatro voces.

Sitio oficial | Enrique Morente

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