Veneno, 30 años de mito

probertoj 26 enero 2008 5 comentarios

Veneno

En 1977, Londres ardía en el invierno del descontento de toda una generación que no quería ver el mañana. No lo necesitaban; no, al menos, para seguir así. La sociedad se había quedado anquilosada en un status quo que debaja fuera muchas cosas. La música también. Y llegó el punk para convertirse en la mecha incendiada de esa pólvora acumulada a lo largo de tantas derrotas, de tanto tragar.

En 1977, España no ardía, pero casi. Aquí el status quo estaba cambiando tan rápido que amenazaba con descarrilar antes de llegar a su destino. La triple A ya había entrado a Atocha para tratar de acabar con el creciente poder sindical y dar un aviso a navegantes. La mecha también había prendido, aunque, como siempre por aquí, el fuego era interno.

El punk llegaba a España como las olas a las costas: dejando sólo una ligera huella de lo que había sido. Aún tardaría algo en calar en forma de disco, aunque La Banda Trapera del Río (el referente fundamental, más allá de pollos fritos) ya estaba formada. Mientras, en Sevilla, la marea británica se juntó con el aprendizaje de un joven en la Costa Oeste de los EEUU (Kiko Veneno) y las raíces profundamente flamencas de dos hermanos talentosos, los Amador. Juntos, y con el productor flamenco que más ganas tenía de darle la vuelta al mundo (Ricardo Pachón), decidieron que había llegado el momento de grabar un disco.

Esos son los mimbres con los que se construyó Veneno, uno de los pilares fundamentales de la música española (elegido mejor disco nacional del siglo en las listas de Rockdelux y Efe Eme). Se cumplen, pues, 30 años de aquel hito y a mí, que me da lástima ver que sea tan difícil de encontrar en las tiendas y comprobar que casi ningún medio le ha dedicado un espacio preferente o un reportaje especial con motivo del aniversario, me han obligado a esto: un especial en tres partes sobre aquel disco y sus consecuencias.

Veneno 2

Veneno se grabó, casi del tirón, en junio de 1977, con Ricardo Pachón a los mandos. La CBS acogió con reservas el entusiasmo del productor ante un grupo formado por dos gitanos y un universitario de origen catalán y sentimiento andaluz. Pocos les miraban con gusto (demasiado ‘jipis’, decían), pero Pachón había dado el campanazo antes con Lole y Manuel y, claro, su ascendencia sobre la compañía no era nada despreciable.

En una semana, Veneno, el disco, quedó concluido, visto para sentencia. Con un sonido algo arrastrado, aún hoy sorprende lo vívido que resulta. La sensación es que el grupo está tocando en el salón de tu casa, con todas sus imperfecciones pero también con todo el embrujo de las actuaciones en directo.

La leyenda cuenta que, en la segunda noche de grabación, un ácido cayó en la tetera y apareció la inspiración absoluta. Si el primer día sólo se había grabado No Pido Mucho, en ese momento de locura lisérgica se grabó casi todo el disco: una obra repleta de magia a la que el tiempo ha tratado como corresponde, otorgándole el título de disco fundamental de la música española.

Veneno es el momento en el que el flamenco se abre a la música pop, al rock de raíces extranjeras. La aparente colisión de culturas no es tal: todo en el disco fluye como si fuera lo más natural del mundo. Podría parecerlo, pero la cantidad de obras que han intentado lo que Veneno consiguieron sin lograrlo demuestran que aquella unión contra natura fue fruto de la genialidad y la locura. Incluso sus propios autores han tenido problemas para darle una sucesión digna.

En Veneno conviven por igual Bob Dylan y los carnavales de Cádiz; solos de rock ácido con la imaginación de la guitarra flamenca; los crujidos y la pureza con el hachís y la iconoclastia. La experimentación llevada al límite.

El disco se abre con Los animales, más de cinco minutos con un inicio racial que desemboca en pura improvisación. El flamenco se construye como una Jam rock, en una canción de ida y vuelta. Kiko recita un texto de RD Laing y se mueve a bandazos, como el propio tema: cálido al inicio, tormentoso en la mitad y, de nuevo, con calma y tranquilidad en el final, cantos de pajaritos incluidos. Sí, esto es rock progresivo, pero sin necesidad de dar la lata. A mí me recuerda a la parte más folk de ese Un Gran Día de Ia & Batiste.

La muchachita es blues flamenco, del que luego darían taza y media Pata Negra, y se une en el disco por medio de las guitarras de los Amador a la Canción Antinacionalista Zamorana, una diatriba en clave íntima a favor y en contra de la Sevilla de aquellos días (“los dulces me atan, el ruido me alimenta, no me sirve el paraguas cuando viene la tormenta, las mosca me pueden, los gatos me hieren, los niños me pintan en las paredes”). Luce mucho el pulso rítmico desbordante y terriblemente contagioso. Una actuación en directo del año pasado la recoge con Kiko y Raimundo haciéndola brillar:

Canción Antinacionalista Zamorana



Indiopole
, el tema que sigue a esa tormenta de inspiración, llega como el único instrumental del disco y la vez en que la bulería ha estado más cerca de los Nuggets de la Norteamérica de los 60 en toda la historia de la música.

El disco no baja de intensidad en ningún momento. Culminado el maridaje entre el rock y el flamenco en la anterior canción, llega hora de hacerlo con forma de hit. Los delincuentes es, desde luego, la canción más directa. Con un estribillo contagioso a más no poder y un ritmo vacilón que hoy tratan de imitar varios grupos (entre ellos, los que sacan su nombre del propio título), la canción podría haber sido un single perfecto si alguien hubiese entendido a Veneno. Genial la caña gaditana.

Quedan aún tres canciones para el final del disco y la capacidad de seducción de este debut ya está totalmente desplegada, pero entonces entra con fuerza la influencia de Bob Dylan. Aparta el corazón de las mangueras la exhibe ya desde el título, en la canción más pasada de rosca de todo Veneno. ¿Demasiado ácido en aquella segunda noche?


San José de Arimatea
, el santo porrero, es, como han dicho muchos críticos, el Memphis Blues Again del disco y la enésima demostración de que los Amador tocaban las guitarras españolas con técnica rock. Finalmente llega el cierre de Veneno, la excelsa No Pido Mucho, toda una declaración de intenciones: Kiko no pedía mucho, sólo la libertad absoluta.

A mí también me gustaría escribir sin tener que cambiar la voz, sin muletas, sin que haya que pedir permisos. Y hacer el amor de igual manera. Y, si tuviera talento, crear algo como Veneno. Pero pocas cosas de ésas son posibles. Por lo menos, puedo recrearme en este disco de hace 30 años que (y aunque parezca una frase tópica) suena más moderno que la inmensa mayoría de los discos del pasado año. No pido mucho: sólo que se le dé el reconocimiento masivo que se merece. O que se le haga una reedición como se merece.

(Recomiendo la lectura de ‘El día en que los astros colisionaron en el espacio’, muy buen artículo de Juanfran Molina)

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Comentarios

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  • 1 Imagen de www.gravatar.com
    Antonio Ortiz | www.error500.net
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    Uno de los pocos realmente grandes que tenemos en este país y que sigue creando maravillas como Bilonguis…

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    Antonio Ortiz | www.error500.net
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    Y, ojo, un día habrá que hacer justicia y poner bien alto su manifiesto de liberación… mucho antes de Radiohead y otras muchas movidas

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    P. Roberto J.
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    Lo que pasa que el manifiesto de Kiko queda algo mermado por el hecho de que luego volviese a estar con una multi, ¿no? ¿El Hombre Invisible no tuvo edición en V2? Lo digo de memoria, así que puede que me equivoque.

    En todo caso, su último disco fue increíblemente bueno.

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    manolodominguez
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    con este disco tengo yo una sensación extraña. porque si me abstraigo del valor histórico que tiene, te diría que ni siquiera es mi favorito de kiko, que me quedo con échate un cantecito". y si lo comparo con otros discos de la época y del palo ("la leyenda del tiempo" o "nuevo día") tampoco sé decir que lo prefiera a estos.

    ahora, la relevancia que tiene como germen, no ya solo del disco de camarón, sino de cualquier apertura del famenco a otros estilos, es brutal (aunque tendríamos que plantearnos también que smash, lole y manuel, triana y, ¿por qué no?, incluso las grecas, ya estuvieron coqueteando con el flamenco y otros estilos antes que kiko).

    pero a fin de cuentas, ¿qué es más importante, la historia o tus propias sensaciones?

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    P. Roberto J.
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    Manolo:

    Tengo que confesar que Veneno es un disco que yo no entendí a la primera. Pero que, después de unos años sin escucharlo, cuando volví a él fue una revelación. Puede que el Kiko Veneno del cantecito sea el más cercano al corazón, pero el de aquí es como escuchar los discos de los Can: pura ciencia ficción musical.

    Yo creo que lo importante son siempre las propias sensaciones y la historia en minúsculas. La que se escribe en mayúsculas me queda siempre demasiado grande, demasiado inamovible.

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