Ocho discos envenenados

La onda expansiva de Veneno no fue como la de una bomba, inmediata, atronadora y capaz de barrer con todo. No, fue más bien como la de la piedra que cae en el agua: círculos concéntricos que van apareciendo silenciosamente, pero que se extienden hasta el infinito.
Lo que sigue aquí es un análisis de por dónde se dejaron ver algunas de esas ondas calladas, de quien quiso continuar la tarea de Veneno. Por supuesto, esta enumeración de ocho discos está afrontada muy subjetivamente. En algunos casos, es obvio que Veneno tuvo la culpa de su existencia, en otros podría discutirse y en unos pocos me he puesto a hilar tan fino que es posible que me haya pasado de frenada. En fin, para rebatir lo que queráis tener los comentarios. O para aportar vuestras sugerencias. En cualquier caso, cualquiera de estos ocho discos harán más feliz vuestra discoteca particular.
Camarón: La leyenda del tiempo (1978)
La referencia más clara, casi un disco nacido en el mismo momento. Camarón abandona el “De la Isla”, se deja barba y se pone al contraluz en la portada. Y, aconsejado por Ricardo Pachón, productor de Veneno, se rodea por la locura: junto a él están Tomatito, Raimundo Amador y Kiko Veneno.
El rock y el flamenco tienen ya, gracias a la máxima estrella de este último estilo, carta blanca para aparearse todo cuanto quieran. Kiko le prepara a Camarón un hito histórico del pop (Volando Voy, single del disco) y le da también “Mi niña se fue a la mar” (firmada a medias con Pachón), así como le prepara le trae preparada la la versión de Omar Kayan, poeta persa.
No obstante, Ricardo Pachón, Kiko Veneno y Raimundo Amador difieren en qué parte de culpa tuvo cada uno en el origen de La leyenda del tiempo. En cualquier caso, lo más importante, más allá de los egos, ya estaba hecho: éste es un disco de los que borran prejuicios con el flamenco y parada obligatoria para cualquiera que se diga aficionado a la música.
¿Y la reacción?: Pachón cuenta que los gitanos viejos devolvían el disco en las tiendas porque decían que ése no era Camarón.
Imprescindible para comprenderlo en toda su extensión este artículo de Luis Clemente, quizás el mejor crítico que ha tenido el flamenco.
Pata Negra: Blues de la Frontera (1987)

Diez años después de Veneno, los hermanos Amador firman su último disco juntos como Pata Negra. Lo que vendría después es una fea historia, pero este Blues de la Frontera consagra su fusión, denominada por ellos mismos la bluesería (blues + bulerías). Desde la emotiva Bodas de Sangre hasta la final Lunático (que si la oyen Primus se mueren), lo que hay en este disco es algo más que un nuevo sonido o una fusión que lleva al terreno gitano el blues, el reggae, el rock, el pop, el jazz (preciosa How High The Moon) o el funk: lo que se esconde tras la portada son nueve canciones como la copa de un pino.
Quizás en Guitarras Callejeras, su segundo disco, la experimentación sea mayor, pero nada es tan consistente como la despedida de Pata Negra. Dicen que lo acaban de reeditar con el sonido mejorado. Seguro que Rafael sigue cantando tan alejado de la ortodoxia flamenca como en aquel entonces e igualmente capaz de romperte. Pasa la vida se ha convertido en un tópico por culpa del mal uso que la televisión ha hecho de ella, pero metida aquí, en medio de sus acompañantes sigue siendo una de las mejores piezas que haya dado el pop español. Por si fuera poco, Blues de la frontera consiguió reconocimietno internacional y abrió otra nueva puerta de entrada al flamenco.
Ketama, Toumani Diabate y Danny Thompson: Songhai (1988)
El mejor disco de Ketama, el que justifica toda su existencia como banda y el que puede hacer más llevaderas las veleidades que vinieron después, aunque también sirve para sacar los colores a la posterior evolución del grupo que formaron los retoños de los Habichuelas y los Sordera.
África se da la mano con el flamenco. Dicho así, puede quedar un eslogan demasiado publicitario, pero es sorprendente cómo casan los ritmos y las cuerdas de Mali (espléndido Toumani Diabate) con los distintos palos y el contrabajo juguetón de Danny Thompson. El NME lo nombró el año de su salida mejor disco no aglosajón y aún hoy sigue siendo uno de los discos que más hace por darle a la etiqueta World music un sentido más allá del puro marketing discográfico.
Si en Veneno era el rock y lo anglosajón lo que venía a visitar al flamenco, aquí es África, el Islam, los gitanos y lo inglés lo que se une en la mezcla perfecta. Groovie es la palabra, como demuestra Jarabi...
Ray Heredia: Quien no corre, vuela (1991)
Otro de los reeditados recientemente (en concreto, el año pasado) y quizás el disco con la leyenda trágica que parece ser inevitable en cualquier estilo. El nuevo flamenco tuvo en Ray Heredia a su joven mártir talentoso, pero lo duro de su final (murió a los pocos días de concluir el que iba a ser su debut en solitario) no ha de ser el morbo que impulse la calidad de este disco. De hecho, Quien no corre, vuela no necesita de nada extra a su propia música para ser el disco canónico del Nuevo Flamenco, ambigua etiqueta en la que se ha dado cabida desde lo mejor (este disco) hasta algunas excursiones de flamenquillo pop barato de dudosa valía.
Lo más impresionante es cómo Heredia pone voz a la melancolía. No hay quejío, sino otra manera de afrontar el dolor. Si me lo permitís, mucho mejor que Jeff Buckley. Que su tema más conocido se llame Alegría de vivir sólo demuestra la absurdo de un mundo que no le dio el reconocimiento popular que este disco se merecía. La crítica lo entendió y lo alabó nada más salir, pero muy pocos más. Aún así, un monumental tratado de tristeza, que casa con el humanismo de las letras de Kiko Veneno y que, en lo musical, ahonda en la fusión del flamenco con el pop más universal.
El último de la fila: Enemigos de lo ajeno
El camino contrario al de Veneno (o al de Kiko Veneno en solitario). Culpables de que el pop español pudiese aflamencarse y, en este disco, de algunas de las mejores canciones de la historia de la música española, El último de la fila consiguieron que lo mediterráneo, la Barcelona urbana pre-1992, el flamenco light (aquí no en sentido peyorativo) y el pop inglés (yo sigo viendo mucho de los Smiths en este disco y si me apuran, hasta de los Go-Between) se uniesen sin que aquello pareciese un pastiche. Si Veneno fue un disco para colgados y mentes alucinadas, Enemigos de lo ajeno trat de adaptar parte de su lenguaje para la gente de los extrarradios. Claro, triunfaron. Además, “el nuestro no es un amor perfecto pero tampoco los ángeles tienen hélices” es una frase muy de Kiko.
Albert Pla: No sólo de rumba vive el hombre
Lo dice Kiko, no yo: Albert Pla puede ser de alguna forma continuador de mi trabajo. Empezamos a hilar fino, sí, pero no es difícil unir a Pla y a Kiko con una línea imaginaria que atraviese a todos los librepensadores, a los heterodoxos, a esos músicos libres de modas y sólo plegados a su propio universo interior. De hecho, si alguien decide hacer un día una buena recopilación de cantautores españoles dejando de un lado a todos los que copiaron el modelo anglosajón, Kiko y Albert deberían estar en primer líena de fuego. Si la obra de Kiko iba de flamenco, la de Pla, al menos en sus primeros tiempos, se escribía con r de rumba. Pero ambos recuperaban la tradición con una visión descarnada y extremadamente íntima de las viejas canciones y de los ritmos antiguos. No sólo de rumba vive el hombre es un disco de los que te vuelan la mente y te ayudan a matar prejuicios. Justamente como Veneno.
Sr. Chinarro: El fuego amigo
Podéis ponerle todas las pegas que queráis a esta elección pero Antonio Luque, como Veneno, ha sabido sacar geniales canciones de cantarle a las cafeteras (Sabina dixit). Y en El fuego amigo, además, acentúa su giro costumbrista, hace su música menos críptica y sus letras se acercan a la concepción del mundo que tiene Kiko Veneno. No es que esto sea flamenco, desde luego: aquí el influjo sólo está en la mente del oyente. Pero ¿en serio cuesta tanto imaginar canciones como Morado, Humor Amarillo, El cabo de Trafalgar o El Rito en el cancionero de Kiko? A mí no. Y, además, éste es un disco que hay que citar siempre que se pueda.
Morente y Lagartija Nick: Omega
La destrucción de todo lo establecido, el paso más allá de a donde Veneno llegaron; el adiós al Nuevo Flamenco, frase acertadísima con la que recibieron este disco algunos críticos. Enrique Morente, el flamenco al que muchos puristas no consideran tal, el inquieto hombre que siempre está buscando nuevas experiencias, recluta a Lagartija Nick, una de las mejores bandas rock de nuestro país, para cantar a Lorca. Y si en La Leyenda del Tiempo, Camarón puso al poeta granadino en clave rock, aquí Morente y Lagartija Nick lo llenan de ruido y trash. El poeta en Nueva York recibe los tremendos cánticos de Morente que, pese a que brilla en las piezas más tradicionales, donde se desata es en aquellas en las que le acompaña el grupo granadino encabezado por Antonio Arias.
La furia y la tristeza, la rabia y lo jondo, conviven en un disco sin parangón desde entonces. Omega, la canción, es posiblemente, una de las mejores piezas que hayan dejado tanto el rock y el flamenco, con esos sampleados de antiguos discos y ese crescendo hacia lo irreal. Otro de los que te barren por completo, de los que te dejan tumbado, de los que te hacen sentir muy vivo y muy orgulloso de haber podido participar de una experiencia sonora de tal calibre. Un disco para el futuro, justamente como lo fue Veneno.
Como ejemplo de lo que se hizo allí, Ciudad sin Sueño:
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Como me ha gustado ver en esta selección esa pequeña maravilla de El último
en general de acuerdo, no sobran y, así a bote pronto, casi no se me ocurre ninguno (decente) que falte (¿vale decir camela?).
en particular sí creo que en el caso de pata negra, aunque el blues de la frontera es su mejor disco, hay mucho más "veneno" en sus primeros discos, pata negra y rock gitano.
y también de acuerdo en la comparación de las líricas de sr. chinarro y kiko. a mí siempre me ha dado la impresión de que antonio luque logra con sus letras algo análogo a lo que picasso hizo con sus meninas, llevar a su terreno el realismo del original. pero claro, entonces veo mucho más costumbrismo de las calles de sevilla en el porqué o noséqué-nosécuántos. aunqeu en estos no aparezca morente, pero hay hasta marchas procesionales, y la línea nocturna pasando por la ronda de capuchinos.
Manolo, se me había pasado comentar lo tuyo.
De Pata Negra ya lo decía en el post, que yo creo que Guitarras Callejeras es el más envenenado, pero este fue un post muy conservador: no me atreví a lanzarme a la piscina. Es que hablar de Pata Negra por primera vez en HS y no nombrar el Blues de la Frontera…
Y de Chinarro, pues qué te voy a contar. Yo soy refan del porqué, aunque el costumbrismo en las letras explota del todo en el noséque-nosécuántos. El Porqué lo veo más veraniego, adolescente y sexual.
Lo que pasa es que en el noséqué las músicas son mucho menos cercanas. Ya era, o así me lo pareció, hilar demasiado fino. Pero me encanta que alguien piense tan parecido respecto al Chinarro.
Ahora que lo pienso, incluso en el compito hay una canción muy de semana santa, ésa en la que se oye algo parecido al croar de la rana.