Especial Rage Against the Machine: Evil Empire

Rage Against The Machine tenían una difícil papeleta que resolver: superar su primer disco, pero sin contar con el factor sorpresa.

Evil-Empire

Puestos a buscar, no se me ocurre mejor ejemplo que Rage Against The Machine para ejemplificar el divorcio entre gran parte de la crítica y el público rock. Mientras los de Zack de La Rocha han sido amados incondicionalmente por sus seguidores e incluso apreciados por los que no eran fans, pero sí cercanos a su concepción musical del mundo, gran parte de la prensa musical ha aprovechado cada ocasión que podía para mofarse del grupo.

Después de la sorpresa del disco debut, que pilló a muchos con el pie cambiado y las defensas bajas, los críticos esperaron la llegada del segundo álbum de la banda con los cuchillos afilados. Y tiraron por lo básico: a los grupos rock siempre se les acusa de monolitismo de falta de evolución (tonto paradigma ése el que dice que los grupos han de evolucionar a lo largo de su carrera para ser buenos). Y a los grupos políticos, siempre se les echa en cara sus incoherencias.

Partiendo de la base de que me resulta curioso que un redactor de unos medios tan insertados en el sistema como son los musicales trate de convencernos de que se puede hacer algo al margen del sistema, no soporto las acusaciones de incoherencia utilizadas como arma arrojadiza. Creo que nadie tiene una trayectoria social intachable (salvo que sea, desde su nacimiento, un anacoreta), por lo que me parece que las armas esgrimidas contra el rock político siempre cojean del mismo pie que los grupos a los que acusan.

En cualquier caso, hablamos de música y ya antes de que editarán su segundo disco, Rage Against The Machine tenían una difícil papeleta que resolver: superar su primer disco, pero sin contar con el factor sorpresa. Ante eso, o te lanzas a la piscina de la experimentación o te mantienes en tus trece, pero en plan defensa numantina. RATM optaron por la segunda opción: construyeron, con los mismos mimbres que en su debut, un disco que buscaba aún más el sonido rocoso, la solidez, el muro de sonido.

Vaya por delante que pienso que ningún disco de la banda está a la altura del primero. En Evil Empire, en varias ocasiones y a pesar del apabullante sonido, uno echar a faltar lemas, slogans, algo a lo que agarrarse. Ganchos de ésos que antes sobraban. Sin embargo, esa sensación no puede significar que el segundo asalto de RATM sea despreciable. Brilla, por ecima de todos sus compañeros, un Tom Morello en estado de gracia: lo que hace en Down Rodeo o en Wind Below es exhibicionista, sí, pero también imaginativo. Sus guitarras pintan las canciones de la banda de una paleta de sonidos que pocos han podido imitar en el ámbito del rock duro.

Cito esas dos canciones como ejemplo, aunque donde realmente brilla todo el grupo es en otras como Year of Tha Boomerang o el imponente single Bulls on Parade. En la primera, las guitarras histéricas de Morello apuntalan el discurso de Zack sobre ese boomerang escolar que te devolverá cuando eres adulto lo que recibiste cuando eras niño.

En Bulls On Parade, De La Rocha vuelve a conseguir otro grito-slogan efectista, sí, pero también tremendamente efectivo: “They rally round the family / With a pocket full of shells. Además, Morello vuelve a lucirse, no sólo con su wah-wah, sino en un puente en el que hace scratch sobre las cuerdas de la guitarra.

Cierto: a Evil Empire le faltan más canciones de relumbrón. Y puede que la escritura de De La Rocha sea propagandista y esquemática. Incluso doy por válido que este disco apabulla más que convence, al contrario que lo que ocurría con el debut de la banda.

Desde luego, Evil Empire era el disco perfecto para que comenzase la noche de los cuchillos largos. Pero, teniendo en cuenta que las propias relaciones internas de la banda siempre han sido complicadas y que llevaban casi tres años sin tocar juntos, aún me sorprende que fueran capaces de sacar algo tan notable. Además, aquí está People Of The Sun, una de mis debilidades personales.

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