Nick Cave & The Bad Seeds – Dig, Lazarus, Dig!!!

Cave se ha mostrado capaz de engañarnos y hacernos creer que un álbum suyo iba a seguir un método, para luego ir por el otro.

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A grandes rasgos, podríamos decir que un disco puede llegar a gustarte de dos formas: atrapándote desde el primer momento, o haciéndose contigo lentamente, escucha tras escucha. Nick Cave ha demostrado ser un maestro en ambos métodos; pero también se ha mostrado capaz de engañarnos y hacernos creer que un álbum suyo iba a seguir un método, para luego ir por el otro. Y eso es lo que ha hecho con su último disco, el viejo bribón.

Cuando dio a conocer el tema que da nombre al disco, todos nos veíamos venir un nuevo subidón de fiebre punk, como secuela de su éxito con Grinderman. Y en buena medida es así, con el piano (eje central de sus últimos discos) perdiendo protagonismo frente a los riffs de guitarra y las tonadillas más desenfadadas; pero sin pasarse, ojo. En líneas generales, Dig, Lazarus, Dig!!! está más cerca de cualquiera de los últimos álbumes de Cave con los Bad Seeds, que de Grinderman.

Acceder con agrado al disco que se despliega tras el umbral de entrada que conforma el single no es una tarea fácil, y el álbum no llega a cuajar del todo en las primeras escuchas. Pero mientras nos vamos adentrando en esta maraña donde se contraponen baladas taciturnas y piezas de desbordante humor, empezamos a descubrir un trabajo de brillante factura, a la altura de los mayores hitos de un genio que ya ha alcanzado el medio siglo de vida.

El título del LP es una buena muestra de por dónde van, una vez más, las siempre intrincadas y profundas letras del australiano. Inspirándose en la resurrección de Lázaro de Betania, Cave vuelve a sumergirse en una vorágine lírica donde religión, drogas, sexo y los Estados Unidos se mezclan dando lugar a lo que él mismo define como “una hemorragia de palabras e ideas”.

Los sonidos que se esconden tras cada canción resultan tan variados como la diversidad de instrumentos que los ocho músicos que hay detrás de este disco llegan a tocar, pero sin llegar a perder nunca el norte ni caer en el onanismo sonoro. Con 50 años, Nick Cave vuelve a regalarnos otro imprescindible para agregar a su ya extensa lista, y demuestra que, lejos de perderse como otros tantos hicieron al llegar a esta edad, él es capaz de seguir haciendo lo que mejor saber y teniendo las ideas bien claras al respecto.