Azkena Rock Festival (Sábado, 06-09-2008)

Nos fue imposible asistir a los dos primeros días del Azkena Rock, pero no quisimos perdernos la oportunidad de disfrutar de una jornada de sábado que, de antemano, traía consigo muy buenas sensaciones. Nombres claves en el rock de los últimos 20 años junto a regresos inesperados y algún que otro clásico. Es lo bueno del Azkena, que siempre trae consigo una selección de artistas que sólo en el festival vitoriano parecen casar como anillo al dedo.
Llegamos a las 16.30, justo cuando estaban a punto de empezar Sex Museum. El que los haya visto con anterioridad ya sabe lo que pasó en el escenario 2 (el supuestamente pequeño del festival): una soberbia lección de rock que en este caso, además, vino acompañado de un exceso de decibelios que acabaron con varias de nuestras frecuencias auditivas. No exagero: la organización les dejó el sonido demasiado alto y los madrileños nos desbordaron. El concierto fue magnífico, pero, cuando acabó, a todos nos pitaban los oídos y aún hoy, dos días después, los tengo taponados. Fue un exceso que Sex Museum no necesitan: ya de por sí son máquinas sobre el escenario.

Tras ellos fue el turno de John Cale. Comenzó marciano, como si hubiera sido poseído por el espíritu de los Residents, pero enseguida se atemperó y se mostró más rockero, más normal. ¿Es esto bueno? ¿Malo? Pues no lo tengo muy claro, pero entre la distancia a la que vi el concierto, la hora y otros factores, el concierto fue bastante menos apasionante y más frío de lo esperado. Supongo que a John Cale hay que verlo en recinto cerrado.

Orange Goblin convencieron a los suyos y a ratos hasta a mí, bastante poco permeable a propuestas como la de los británicos. El suyo fue un concierto rocoso y que dejó poco espacio para la réplica. O entras en su historia o no, pero no hay apenas posibilidad de ponerle pegas, porque el despliegue instrumental está bien medido. No hay espacio para exhibicionismos inútiles y sí para pisar el acelerador. Ya digo que, estando muy lejos de mis coordenadas musicales, me dejaron un buena impresión.
Todo lo contrario que Duff McKagan´s Loaded. No es que lo del ex-Guns´n´Roses fuera de derribo, pero su show osciló entre lo tópico y lo aburrido. A Duff da un poco de mal rollo ver cómo se esfuerza por cantar, sobre todo en un inicio de concierto con un sonido bastante deficiente. Poco a poco entraron en calor, pero hace ya tiempo que lo que puede ofrecer McKagan al libro del Rock es más bien poquito. Dedicó una canción a John McCain y al poco decidí marcharme a pillar buen sitio para el siguiente concierto.
No en vano, era el turno de los Gutter Twins. Mark Lanegan, hierático, y Greg Dulli, contagioso, aparecían en Vitoria a defender su Saturnalia y también el reciente Adorata. Y yo, que andaba con dudas después del resultado del disco largo, tuve que rendirme a la evidencia. Los “gemelos” en vivo son una fuerza muy superior a cualquiera: despejan la frialdad de su disco con un sonido perfecto, pero que deja espacio a la emoción. Además, ni Dulli ni Lanegan tienen miedo de mirar al pasado sin ira.
Así que, a lo tonto, y pese a que el inicio no fue el mejor (con ‘The Stations’ ralentizada y ‘God´s Children’ con problemas de sonido), en tres canciones ya estaban ofreciendo el mejor concierto de lo que yo vi de festival y uno de los mejores que he contemplado en este 2008. La versión del Down The Line (José González) colocó todos los tornillos de la maquina en su sitio y de ahí al final todo fue tremendo.
Me pasé gran parte del concierto con los pelos de punta, pero hubo dos momentos que me rompieron por completo: ‘St. James Infirmary’, la mejor muestra de como el blues y el soul de ambos cantantes puede fundirse en canciones de puro genio; y ‘Front Street’, que cerró el concierto (aunque hubo bis) con Greg Dulli transformado en el mejor cantante negro que puede haber hoy en día. De la carne de gallina pasé a la lagrima, con eso lo digo todo.
Para culminar, Mark Lanegan cerró el bis con un fragmento de ‘Shadow of The Season’: había más fans de Screaming Trees que de Afghan Whigs entre el público. En cualquier caso, ambas abndas deben ser aupadas al pedestal que se merecen. Y la dupla Saturnalia/Adorata se merece entrar en vuestras casas: aquí hay calidad.

Era difícil superar aquello y el regreso de Mark Olson a los Jayhawks no lo consiguió. Pese a todo lo del quinteto fue para el recuerdo, con momentos tan sublimes como ‘Blue’ o ‘I´d Run Away’. Por supuesto, casi todo se centró en los primeros discos y, pega menor, quizás muchos de los que hemos crecido con sus discos bien pegados al corazón nos esperábamos algo más tremendo, más emotivo. Pero no: The Jayhawks dieron un gran concierto, aunque no acabaron de traspasar la barrera del tiempo que ha pasado. O puede que fuera yo.
A Dinosaur Jr. les he visto más veces que a muchos de mis grupos favoritos, pero con la formación original J. Mascis ha recuperado algo que durante mucho tiempo no tuvo: la herencia hardcore. Ni él ni Murph ni Lou Barlow parecen tener demasiado feeling fuera de la música, pero cuando empiezan las canciones, parece como si tuvieran 20 años menos. No obstante, tanta velocidad acabó por perjudicar alguno de sus temas y, sobre todo, redujo el impacto de sus canciones a algo más físico que emocional.
En todo caso, me alucina que Lou Barlow siga tocando su bajo como si fuese una guitarra, me gusta que, ahora, J. Mascis sea un virtuoso supeditado al ruido y no un virtuoso encantado de haberse conocido y me fascina que Murph siga manteniendo su misterio y su capacidad para aporrear la batería tanto tiempo después. Fue el suyo un concierto espídico pero no perfecto: nunca lo fueron, en todo caso. Eso sí, cuando se ponen a hacer ruido y nos meten en la turbina de un avión, es fácil comprender que el indie-rock USA de hoy en día necesita un buen chute de adrenalina.
Con el cansancio acumulado y el frío que comenzaba a echarse, Los Lobos acogieron en la carpa una propuesta mucho más cálida y, en el fondo, se agradeció. Siguen siendo un grupo único en su especie, incluso auqnue ya no publiquen discos como Kiko.
Para lo que ya no hubo fuerzas fue para la Blues Explosion comandada por Jon Spencer. Había que tomar el coche (una hora de camino de vuelta) y, en cualquier caso, la magnitud de lo presentado por The Gutter Twins ya nos había dejado de sobra satisfechos.
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Me alegra saber que los Gutter Twins hayan sido los grandes triunfadores, son muy grandes. Mark Lanegan es un animal escénico ¿no te recuerda a Tom Waits?
Hasta en el físico.
En cualquier caso, lo de Lanegan es tremendo, pero Greg Dulli fue espectacular. En Saint James Infirmary parecía una diva soul: qué voz. Y qué carisma tan diferente tienen los dos: Lanegan no se mueve ni cambia de posición en todo el concierto, pero lo llena todo. Dulli es puro sex appeal, y eso que está cada día más gordo.