Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Julio De la Rosa – El espectador

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Llegan como gotas, o cuando aparecen lo hacen una tras otra. Así es la carrera de Julio de la Rosa, uno de los mejores compositores que existen en la actualidad en España. Ya lo hacía con su anterior banda El Hombre Burbuja, otra de las joyas españolas a reivindicar e injustamente olvidada. Lo mismo en 1999 publicaban su homónimo, en el 2000 un largo y un EP y luego dos años más hasta La Paz Está en las Matemáticas (2002, Recordings From the Other Side), con el que se separaron.

Desde el 20002 hasta el 2004 nadie sabía nada de él. M.O.S. (2004, RFTOS) supuso la vuelta por todo lo alto y la continuación de una carrera perfecta, que sólo dejaría bajar mínimamente en Las Leyes del Equilibrio (2006, RFTOS), tras el cual, otra vez silencio para su carrera en solitario.

2006 fue el año en el que tres músicos españoles se decidieron a hacer uno de los “supergrupos” dentro de la escena (a ver si en el extranjero pueden denominarse así y aquí no), Fantasma #3, ya que incluía a Pau Roca (La Habitación Roja y Electra), Sergio Vinadé (Tachenko, El Niño Gusano) y a Julio de la Rosa. Los Amores Ridículos (2006, Limbo Starr) fue un gran disco pero que no tenía al mejor De la Rosa, quien parece necesitar estar en solitario para soltarse.

Sin embargo, si hago mención a esta carrera punto por punto, es porque cada paso en él se ve en El Espectador (2008, RFTOS), trabajo que podríamos denominar de ruptura si no fuese porque el jerezano siempre ha estado rompiendo los moldes existentes.

El tercer álbum en solitario trae el ambiente que Fantasma #3 plasmó en su debut. Ambiente de bar, ambiente de bareto del mediterráneo y toda la tradición que con ello conlleva; aunque siempre sin olvidar las referencias tan importantes en la carrera de De La Rosa a nivel extranjero (ahora son Tom Waits, Cohen, Reed… a quienes está más cercano).

El Espectador es un álbum perfecto de principio a fin. Al lado del mejor Andrés Calamaro o el mejor Enrique Bunbury, pero con un acordeón que no suelta en ningún instante, que para algo tiene que sonar a esta zona.

Letras duras, que vuelven a sacar al mejor compositor de canciones donde cada verso podría verse multiplicado por mil si se busca algún significado, ya que, como pasaba en M.O.R. o La Paz Está en las Matemáticas, nada es lo que aparenta, y si no tiremos de archivo y escuchemos ‘Malas Notas’. Bien se puede hablar de amor (‘El Jugador’) o de la propia vida (‘Cosas que Pasan’) que al final estaremos viendo cierto pesimismo o amores con dolor.

En las melodías también se nota esta carga. Ya desde un primer momento, la elección de un sonido de bareto que trae a la mente el vals europeo así como el cabaret del este, donde el acordeón acompañaba los espectáculos más tristes y por los que los hombres daban dinero. ‘Las Musas’ es el culmen del álbum, donde el vals se mantiene de inicio a fin.

Las dos vías que tiene el disco son las rápidas, donde ‘El Milagro’ domina sola (de mis favoritas del año), y le acompañan ‘Caradura’ o ‘Los Recursos de la Astucia’; y las lentas, como el medio tempo perfecto de ‘Amigos de Mirar’, la mencionada ‘Las Musas’ o ‘No Era Uno de Esos Locos’.

Pero El Espectador esconde mucho más, temas detrás de las letras y ambientes que sólo son capaces de explicar el propio Julio de la Rosa, y que a nosotros nos dejan canciones geniales de un pop difícil de conseguir tan unido y sin fisuras en un trabajo de más de media hora, que vuelva a traer al mejor ex Hombre Burbuja. Directo al número uno.

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