Especial U2: Achtung Baby

Su disco más completo, sin duda.

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Terminaba mi compañero Koala su análisis de Rattle an Hum con una frase acertadísima, que me viene que ni al pelo para empezar a hablar de Achtung Baby:

Habrá quienes piensen que lo mejor ya esta hecho, para otros (entre los que me incluyo) lo bueno comienza ahora

Vaya por delante que no soy, ni mucho menos, fanático de la banda. Es más, tengo serios problemas para aguantar a Bono como cabeza visible de la banda, como personaje. Y de la etapa de los 80 hay varios discos encumbrados que a mí no me dicen nada.

Y, sin embargo, ni en mis épocas más abiertamente anti-U2 (que las he tenido; cada uno tiene sus fobias) he sido capaz de desechar Achtung Baby, un disco espléndido, donde los defectos que pueda tener la banda (no creo demasiado en la perfección, en general, y mucho menos en el mundo del rock) se ven minimizados por un derroche de sonidos, canciones y trabajo. Porque, por encima de todo, tanto Achtung Baby como el posterior Zooropa son el triunfo de la intencionalidad, de la voluntad del grupo irlandés por ir más allá de sí mismos.

Ya de por sí, reinventarse no es sencillo, pero hacerlos estando en la cumbre de una carrera musical es aún más complicado. Y, sobre todo, si hay que hacerlo con todos los focos sobre ti, la tarea tiene algo de titánico. Achtung Baby funciona en un entorno así, gracias a que ninguno de los cuatro componentes quiso enrocarse en su situación previa ni cedió, de momento, a un estrellato rock vacío.

Además, Atchung Baby se beneficia de algo que U2 siempre han tenido: amigos con talento. Brian Eno, por ejemplo, es fundamental en eso que los anglosajones llaman soundwriting: la manera en la que el grupo da forma al andamiaje sonoro de sus composiciones. También del primer giro de la música de U2 hacia una “mayor experimentación”. Entrecomillo esto porque Achtung Baby no es rock experimental ni desea serlo: es sólo stadium rock que ha afilado un poco sus aristas.

Escuchando el disco se nota que cada segundo de música es fruto de decisiones muy meditadas. ‘The Fly‘ es un buen ejemplo: el uso de las capas de sonido, las guitarras ultratratadas, la voz de Bono casi sepultada por el resto de arreglas, esa imaginativa percusión, o ‘Ultraviolet’, algo así como coger una canción del Disintegration de The Cure y despojarla de toda su oscuridad para convertirla en un himno sexual.

Más amigos: en Achtung Baby también participa Flood como ingeniero y en las tareas de mezclado y, claro, se nota. Éste es un disco que suena lujoso, aunque no ampuloso, casi una película en Cinemascope (o, adaptándonos a los tiempos, podríamos decir que una con sonido THX).

No es tampoco casual que aparezcan acreditados hasta tres productores diferentes. Además de Eno, participan en Achtung Baby Daniel Lanois y Steve Lillywhite. Generalmente, cuando algo así ocurre es porque la banda ha tenido problemas con alguno de los hombres elegidos y ha tenido que llamar in extremis a un hombre de confianza que salve los trastos de una debacle seguro. En Achtung Baby es al contrario: suena homogéneo, como un todo, pese a la variedad de sonidos del disco y las muchas personas que le metieron mano.

Brillando, pero sin abrumar ni sonar demasiado artificioso, Achtung Baby acaba por conquistar su terreno gracias a algunas de las mejores canciones de la carrera de U2. ¿Qué pega ponerle a una balada como ‘One‘, tan simple en apariencia y tan sutil en su manera de discurrir (ese sintetizador in crescendo, esas guitarras acústicas y eléctricas en permanente contraste)? ¿Cómo evadirse de los acertados sonidos de The Edge en ‘Even Better Than The Real Thing‘ o ‘Mysterious Ways‘, si hasta el guiño funky le funciona?

Si me preguntáis, seguramente os diré que Achtung Baby es el mejor disco de U2. De que es el más completo no tengo duda, aunque a mí el que realmente me gusta, con todos sus aciertos y sus fallos, es el magnífico Zooropa. Pero de ese hablaremos el próximo jueves.

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