Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Supermartxé en Fabrik: la crónica

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Es que me liaron, me dejé llevar, y al final… ¿Cuántas veces habéis dicho esta frase? Yo reconozco que muchísimas: para salir soy especialmente influenciable. Supermatxé no es ni mucho menos mi fiesta ni mi ambiente, pero qué más da. Para salir un rato, tomarse unas cocacolas (que conduzco) y escuchar algo de house, sirve, y además, os traigo un pequeño reportaje.

Así, el miércoles 18 de marzo, víspera de San José, el día del padre, la gente de Supermatxé estaba de enhorabuena. Ya son dos años de existencia, y muchas fiestas después, y con el récord Guiness de público en Ibiza, regresaban a Madrid, a la sala Fabrik, dispuestos a regalarnos ocho horas de espectáculo.

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Aunque regalado, es decir, lo que se entiende por un regalo, no era. La entrada costaba 25 euros adquirida de forma anticipada y 30 en puerta. No es un precio acorde a lo que ofrece la fiesta, sino la ley de la oferta y la demanda: la sala era un hervidero, yo sinceramente jamás había visto Fabrik tan lleno.


Bootleg del Toca’s Miracle

La fiesta comenzaba a las 10 de la noche. Yo llegué al polígono sobre las 12, y los coches no sólo llenaban el parking, sino todas las calles, explanadas de tierra, espacio entre naves industriales… la verdad es que nunca había visto algo parecido.

Lo bueno es que la cola avanzaba muy deprisa, así que cuando decidimos entrar, sólo tuvimos que esperar unos 15 minutos.

Una vez dentro, dimos un paseo por las carpas de la terraza. Mientras que en las fiestas dominicales Goa presenta un aspecto muy animado, hoy estaba bastante desangelada. Y las carpas, donde había música algo diferente de la mano de Djs madrileños de postín como Xpansul, Sabino González o D.Low, estaban vacías.

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Todo el mundo estaba dentro, en el escenario principal. Cogimos un pequeño sitio en la pista central. Entre codazos y empujones, nos acomodamos a nuestro espacio vital y nada, a la batalla.

Supermartxé, como concepto de fiesta, tiende más al espectáculo audiovisual y a la diversión pura y dura que al purismo y exclusividad musical. Los Djs que están en nómina son Juanjo Martín, Vitti o Pablo Kopanos, entre otros.


Tema desconocido. ¡Todo el mundo se lo sabía menos yo!

Su música, house. Pero no es un house elegantón, ni deepero, ni progresivo. El tema prototipo supermatxero consta de un bombo machacón, un bajo repetitivo y una melodía cantarina, que normalmente no es original sino que viene ya de algún tema pasado del bakalao que todos hemos bailado alguna vez en Madrid en nuestros años mozos.


Juanjo Martín pinchando el Losing my religion

Sonaron miles y miles de remezclas: Maniac, Toca’s Miracle, Losing my religion, Millenium Strings e incluso una curiosa versión del Finally de Ce Ce Peniston. Entre tema y tema, megatrón. ¿No será mejor poner aire acondicionado? Porque cada dos minutos se producía una descarga del helador invento, ese chorro blanco que todos detestamos pero que en el fondo nos hace saltar como enanos.

Sobre las tres y media de la madrugada, la vocalista Rebeka Brown salió a escena. Supo a poco, ya que sólo cantó tres canciones. Y entre el deficiente sonido de Fabrik, los gritos del público y las descargas de megatrón, las letras de sus canciones eran totalmente imposibles de distinguir. Sólo una frase: “Qué bonito se ve todo desde aquí arriba”.

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Una cosa que me llamó la atención fue que la gente no bailaba. Sólo saltaba en los subidones. Aunque es normal: Supermartxé es una fiesta de ligoteo por encima de cualquier otra cosa. Y también quiero comentar otro detalle: los baños de chicos estaban tan saturados, que había personas haciendo sus necesidades en las paredes o en las esquinas. ¿Nos hemos vuelto cromañones?

En fin, una gran fiesta con láser, megatrón, malabaristas, miles de gogós y mucha, mucha gente. No me arrepiento de haber bajado allí, aunque sólo sea por el buen rato que pasé… y porque ahora puedo contaroslo.

Fotos | Vladimir