Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Ibiza 2009, día 5. Descanso y turismo por un día

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Después de la maratón de fiestas de las primeras noches en la isla, nuestro cuerpo no daba más de sí. Nos habíamos quedado en la salida de Cocoon (aquella fiesta especial We Party Like 1989 con Sven Vath, Underworld y compañía). Son las siete de la mañana, y llegamos a San Antonio con el sol ya asomando por encima de la sierra ibicenca.

Una noche que empezó bien pero que al final se nos hizo muy larga, no puede quedar así. Decidimos buscar una cafetería para desayunar. Por el camino, vemos a todos los ingleses dormitando en la playa o apurando las últimas cervezas: Eden y Es Paradis ya han cerrado hace bastante tiempo, y los hijos de la Gran Bretaña se resisten a irse a dormir.

¡Anda, como nosotros! Si al final va a ser cierto que a los hombres y mujeres de todo el mundo nos unen más cosas de las que nos separan…

Encontramos una cafetería. Zumos, napolitanas, magdalenas, nos comemos todo lo que se nos pone por delante. Y de paso, decidimos hacer como los hippis y bohemios, e irnos a dormir a una playa. Pensamos que si elegimos alguna cala recóndita, nadie nos molestará, sobre todo tan temprano… al menos hasta que lleguen las familias y el bullicio.

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Cala Salada es una de las ensenadas más bonitas de la isla. Está a unos 6 o 7 kilómetros de San Antonio en dirección norte. Está compuesta de dos pequeños arenales. La principal, donde está el chiringuito, tiene el firme pedregoso, así que la mayoría de la gente camina unos 15 minutos por una zona rocosa hasta llegar a Cala Saladeta, su hermana gemela, de arena fina, frondoso bosque y aguas cristalinas, mucho más bonita.

A las nueve de la mañana, estamos solos. Nos untamos de crema, nos bañamos en unas aguas tibias y cristalinas que nos desentumecen el cuerpo (y nos quitan el olor a tacabazo), montamos la sombrilla, amoldamos nuestro cuerpo a la arena, y ale, a dormir.

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No duramos ni media hora hasta que comienzan a llegar los domingueros, o en este caso, sabaderos. Una familia de italianos gritones. Una pandilla de adolescentes. La abuela, la hija, el cuñado, la sobrina y la nevera con los refrescos. Y un buen puñado de hooligans, que no pueden faltar en ninguna reunión de este pelo.

Nunca hubiéramos sospechado que una playa pudiera llenarse de gente tan temprano. Se acabó la siesta, echamos el resto de la mañana en la playa, comemos en casa, siesta de 3 horas y buscamos el descanso en Punta Galera, donde sí que tenemos garantizada la paz y la tranquilidad que nuestros cuerpos necesitan.

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A última hora de la tarde, decidimos poner rumbo a la capital de la isla, Ibiza, para dar un paseo por su ciutadella y cenar en el puerto. La verdad es que Eivissa ciudad tiene un encanto indiscutible. Sobre todo la zona alta, amurallada, que se convierte en un laberinto de casas blancas, edificios históricos, árboles, flores y plantas que trepan por las paredes. Y el mar, siempre presente, asoma al fondo de cualquier callejón.

Rodeamos la fortaleza por sus murallas, y bajamos hacia la zona del puerto. Elegimos un estupendo restaurante italiano, y después damos un paseo. Ibiza está llena de vida. Las tiendas cierran tarde, los relaciones públicas nos atosigan, la música electrónica suena en todos los comercios.

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Realmente, es muy curioso el ambiente del casco antiguo y del puerto. Hay mucho pijo. Mucho hortera. Mucha mezcla rara de gentes, la verdad. Es un ambiente muy auténtico: parejas de ricos que pasean sus millones por la calle, grupos de ruidosos y jóvenes españoles o italianos, gente más mayor y tranquila, hippies que pasean y venden collares, y poca gente de la isla en general. Es una mezcla curiosa, que forma un conglomerado cuanto menos interesante de ver.

En Ibiza tenéis muchísimos bares, alguna discoteca (Pachá y El Divino están en la zona de influencia del puerto) y también los afters que quedan. Lo interesante es poder dar una vuelta, por unas callejuelas preciosas, comprar algún souvenir y tomaros una copa algo más barata. Hay mil restaurantes, chill outs, cafés… para ver pasar el tiempo lentamente, ¡o muy deprisa! todo a vuestra elección.

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Nosotros nos retiramos pronto. Aunque nos tientan las ofertas de entrada libre a los clubes (éste año, dicen, hay más que nunca… será la crisis), decidimos volver a nuestra base de operaciones, el apartamento y la piscina en San Antonio. Montamos un improvisado chill out merendándonos una sandía al borde del agua, y pronto nos vence el sueño. Mañana nos espera otro duro día de playa.

Votos y vídeos | Vladimir
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