Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

The Beatles – Rubber Soul: la vida es corta, seguimos huyendo

Digan lo que digan algunos de nuestros comentaristas (ey, Cronopio), no hay nada de malo en el pop entendido como vivencia juvenil, como fenómeno de masas, como algo para compartir cuando eres joven y tienes aún mucho que quemar o mucho por lo que desmayarte. No sólo es que no haya nada de malo en esa idea, sino que toda la música popular (el rock y el pop) nace justo de eso: de la posibilidad de que los jóvenes compartieran, a través de grupos y canciones favoritas, una cultura común, diferenciada de la de sus padres.

Las pruebas de que lo que está mal no es esa idea, sino lo que a veces se hace con ella en terrenos industriales, se puede encontrar, por ejemplo, en 1965. También en otros año, pero 1965 me vale como ejemplo porque es el año en que se editaron Today!, de los Beach Boys, Mr. Tambourine Man, de los Byrds, o My Generation, de los Who. Todos ellos grupos masivos, de fans adolescentes que rozaban primero la histeria y que luego aprendieron a ver el mundo con otros ojos gracias a las canciones de sus ídolos. 1965 es también el año de Rubber Soul, sexto disco de los Beatles y primer paso hacia una perfección madura que estaba ya a la vuelta de la esquina.

Rubber Soul es algo así como el disco infravalorado de los Beatles. La culpa, posiblemente, sea del enamoramiento de los críticos por Revolver o Sgt. Pepper’s. Parece como si a la luz de ambos discos, este primer paso de los Beatles hacia su alma psicodélica fuese una obra menor. Yo, que como sabéis tengo amor por las cosas pequeñas bien dispuestas, no puedo resistirme a Revolver (para mí, EL DISCO de los de Liverpool), pero prefiero mucho antes Rubber Soul a Sgt. Pepper’s o incluso al White Album (donde las imperfecciones hace que los Beatles sean aún mucho más estimables, pero de eso ya hablaremos otro día).

Nos estábamos volviendo mejores, técnica y musicalmente, eso es todo. Por fin fuimos capaces de dominar el estudio. Al principio, hacíamos lo que se nos decía: ni siquiera sabíamos cómo subir el bajo. Aprendimos las técnicas en Rubber Soul. Fuimos más precisos sobre cómo grabar un disco. Y lo controlamos todo, hasta la portada. – John Lennon, 1971

Estas palabras de Lennon dicen mucho: “hasta la portada”, donde no aparece el nombre del grupo, en una de esas piruetas que tanto molestaban a la industria (y aún hoy molestan: acordaos cuando Pearl Jam decidieron quitar el código de barras de sus discos). Los Beatles se vieron a sí mismos en Rubber Soul como un grupo capaz de jugar con sus canciones más allá de los instrumentos con los que habían sido compuestas.

Porque Rubber Soul, a diferencia de las obras que le seguirán, es aún un disco muy directo. Empieza con un trallazo como ‘Drive My Car‘, que casi parece replicarse al final, en ‘Run For Your Life‘. Ambos temas podrían haber formado parte del debut del grupo, sólo que su esencia hubiera sido algo diferente: se habrían grabado del tirón y listo, nadie se hubiera ocupado de pulirlas (bueno, sí, George Martin, pero tampoco las habría tocado demasiado).

Sin esa idea de que ya era hora de tomar las riendas por completo, no hubiera existido el piano distintivo de ‘Drive My Car’ ni tampoco los bajos distorsionados que se pasan una y otra por Rubber Soul y que le dan al disco un sonido muy distintivo (el ambiente de ‘Think For Yourself‘ se extendería pronto a otros discos cercanos en el tiempo). Por no hablar del sitar y de otras opciones estéticas a las que el pop aún no se había abierto del todo, pero que después de Rubber Soul ya fueron moneda de cambio común.

Hay, en todo caso, un aspecto por el que jamás se puede mirar a Rubber Soul como una obra menor. Y es que, gracias a su influencia, Brian Wilson se lió la manta a la cabeza y compuso y grabó Pet Sounds justo un años después, mezclando lo mejor de su Today! con lo más emocionante de Rubber Soul.

¿Y qué es eso tan emocionante? La rutilante belleza de canciones como ‘Girl‘, una oda de aparente sencillez al amor que aún no existe (Lennon dijo año después que era para Yoko incluso aunque no la conociera). Y digo aparente sencillez porque la estructura de ‘Girl’ parece sustentarse sólo en una guitarra acústica, pero en realidad está llena de capas, como esos juegos vocales fascinantes, esa respiración profunda del estribillo o esas cuerdas saltarinas y mediterráneas del final.

Eso es justo lo mejor de las canciones de Rubber Soul: cómo superan su sencillez de hits para adentrarse en terrenos mucho más frondosos, mientras el oyente no se entera y necesita una cuantas escuchas para caer en los detalles. Ocurre en ‘Nowhere Man‘ (de nuevo con unos coros fantásticos), en ‘In My Life‘ (donde las percusiones se merecen un diez, más incluso que el clavicordio en el que todo el mundo se ha fijado siempre) y, en general, en el resto de canciones intimistas del disco.

En ‘Work It Out‘, una de las canciones nacidas de estas sesiones de grabación, pero editada como single, los Beatles cantan:

Life is very short and there’s no time/ for fussing and fighting, my friend

Y ahí, justamente en esa frase, radica la belleza del pop juvenil y de cómo intenta madurar. No lo hace pensando en la posteridad, sino simplemente en que no hay tiempo que perder. De esa huida hacia adelante de un pasado y un futuro que siempre acaban alcanzándonos es de dónde sale un disco como Rubber Soul. Y también de ahí mismo es de dónde nace su influencia, de que todos los demás también querían mirar al frente en vez de embarrancarse en fórmulas que dominaban.

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