Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

The Beatles – White Album: cuanto más profundo bajes, más alto escalarás

España ganó el Mundial y, como consecuencia, la promesa era publicar por fin la atrasada revisión del álbum blanco. Algunos no os lo creísteis, pero aquí está: ha llegado el momento de hablar del disco más largo ¿y ambicioso? de los de Liverpool.

¿Empezamos por el final? Mi opinión es que el White Album de los Beatles es un disco fallido. Pero uno de esos discos fallidos que son magníficos, como el segundo de la Velvet Underground, o el Surf’s Up de los Beach Boys o el Third de Big Star (bueno, éste entraría en la categoría de discos abocados al desastre por la mala suerte del que los guiaba). Porque, al menos así lo veo yo, que algo sea fallido no es igual a que sea un desastre. Y el álbum blanco no tiene nada de desastroso, sino más bien todo lo contrario.

El álbum blanco de los Beatles: una grabación conflictiva

Que el White Album pudo nacer rana es algo fácilmente contrastable: ningún disco de los Beatles, ni tan siquiera ese Let It Be con el que cerraron trayectoria y en el que permitieron meter mano a Phil Spector, vivió tantos terremotos en sus meses de grabación. Para empezar, Brian Epstein acababa de fallecer, los Beatles habían vuelto de la India (y del Maharishi) bastante poco relajados para haberse ido “de gurú” y ya no eran cuatro, sino 1+1+1+1, que es muy diferente.

En el seno del grupo las cosas no estaban para echar cohetes: lo mismo Ringo Starr desaparecía unos días del estudio para no soportar a los demás (obligando a McCartney a tocar la batería en algunas sesiones de grabación) que el propio McCartney se enzarzaba en una discusión con George Martin, su productor de siempre, y los ingenieros tenían que parar la grabación porque aquello era insoportable (unos dicen que por culpa de ‘Ob-la-di-ob-la-da‘; otros, el propio Macca incluido, que por ‘Maxwell’s Silver Hammer‘).

El caldo de cultivo no era el ideal para trabajar durante mucho tiempo, pero, a la vez, cada uno de ellos tenía muchas ideas para el nuevo disco: había que grabarlas todas, había que meterlas en el mismo disco. Que saliera algo decente de aquella mezcla de ambición+mal rollo era difícil; que saliera esta montaña rusa de cuatro caras de vinilo llamada (o, mejor dicho, no-llamada) White Album es pura serendipia.

White Album: una amplia gama de grises

Pese a que la portada fuera de una simpleza absoluta (hablar de ella daría para otro posts; si queréis lo hacemos), los Beatles no se cortan y despliegan en el White Album todo su espectro sonoro: el que ellos han estado practicando desde el principio de su carrera y también el que les influye en aquella época. Por ello, no es de extrañar que el disco se abra con ese homenaje tan claro a los Beach Boys menos melancólicos que es ‘Back In The USSR‘.

Y, por esto mismo, el álbum blanco es imprescindible para echar por tierra la teoría de que los Beatles estaban por encima del bien y del mal, de que son el alfa y el omega del pop, de que ellos lo son todo. El White Album, con su amplia gama de grises que picotean por aquí y por allá, con su ‘Yer Blues‘, su ‘Dear Prudence‘, su ‘Birthday‘ o su ‘Honey Pie‘, les muestra como fans a la vez que músicos. Homenajean a otros grupos, coetáneos y/o pasados, sin necesidad de reinventarse en cada canción.

En el White Album, los Beatles son a la vez pop, blues, rock de los 50, música experimental y los Who (‘Helter Skelter‘). No todo les sale bien, pero en este contexto de un disco excesivo, lleno de últimas gotas que colman el vaso, da igual: en los fallos también se puede ver la silueta del acierto. O, más bien, uniendo puntos con líneas acabas por ver el dibujo completo. Lo que falta para que quede perfecto lo pone tu cerebro.

Un disco hecho a bandazos

Quizás todos los puntos de giro que hacen del White Album un disco fallido ejemplar puedan ejemplificarse en esa cara cuatro del vinilo original. Se abre con ‘Revolution 1‘, mezcla de lo hippie (esas voces) con el rock primigenio y el estilo Kinks (el toque cabaretero), y con Lennon cantándole a la Revolución que, según él, iba a llegar de un modo u otro.

De allí se salta a ‘Honey Pie‘, con McCartney haciendo un ejercicio de composición retro que homenajea al music hall. Nada que ver una canción con otra y poca relación también con ‘Savoy Truffle‘, uno de los cortes que más suenan a ese 1968 en el que se grabó, y en el que los Beatles se asoman al sonido soul de Stax (como después harán otros grupos blancos).

De la potencia rock de la anterior no queda nada en ‘Cry Baby Cry‘, medio tiempo precioso en el que se ven como perduran los brotes psicodélicos que tan buenos frutos habían dado en los discos anteriores.

Y de ese momento engañoso, que mezcla una de las melodías más dulces del disco con una letra de terror infantil, se pasa a la pesadilla completa: el experimento llamado ‘Revolution 9‘, construido a base de loops, sampleados primitivos, recortes de aquí y allá, etc…

En cuatro canciones, como vemos, los Beatles se han construido una y otra vez a sí mismos para acabar por destruirse en la canción más experimental de toda su carrera. Por eso, y en el contexto de la difícil grabación del White Album, parece aún más importante que ‘Revolution 9′ no cerrara el disco. Si lo hubiera hecho, ¿habría sido posible tomar en serio la canción?¿ ¿O imaginar un nuevo álbum de los Beatles?

No. De ahí que ‘Good Night‘, como corte final, sea inapelable: pone los pelos de punta, suaviza el final de la pesadilla, casi supone un contrapunto irónico a los dos temas anteriores y acaba en lo más alto la montaña rusa emocional y sonora del disco blanco.

Nick Cohn, el crítico musical que mejor supo capturar el espíritu de la primera generación del rock’n’roll y del estallido de la cultura pop, fue durísimo con este disco en la reseña que escribió para el New York Times. Fue de los pocos que vio en él un fracaso artístico, calificándolo de “aburrido hasta decir basta”.

Relleno hay en el disco y motivos fundamentados pueden encontrar los detractores, de igual modo que a los fans irredentos les dará motivos para elogiar su genialidad. En mi opinión, a los miembros de un grupo como los Beatles les sienta muy bien eso de ser falibles. Casi que se disfruta más.

Discografía de The Beatles en Hipersónica