Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

The Strokes – Angles: ¿y si la culpa es de nuestras expectativas?

The Stroke Angles

Dejémoslo claro ya desde el principio: por mucho que a partir del single nos imaginásemos que este álbum es una vuelta a los orígenes, cuanto antes desterréis esta idea de la cabeza, menos doloroso será para todos. No se puede estirar eternamente el chicle de que hace 10 años cambiaron el mundo, aunque la estética, y la música de principios de la década pasada parecían dar la razón a este eslogan, y ciertamente volvieron a poner bajo los focos cierto tipo de rock de guitarras retro, despreocupado e insultantemente fresco. Las repercusiones en su contexto fueron más importantes que un disco de matrícula de honor, pero de los que salen unos pocos cada año. Eso sí, simbolizó en aquellas 11 canciones muchas circunstancias que expandieron su importancia, posiblemente de manera exagerada.

Teniendo esto claro, Angles es un disco incómodo. por una gestación accidentada, y por la sensación de que hay grupos que funcionan mejor bajo la “dictadura” de un líder. Al igual que otro caso paradigmático, ya lo decía Noel Gallagher sobre Oasis: “Si el grupo son las Naciones Unidas, yo soy EEUU”. Esto dura hasta que el resto de grupo se harta y se instaura un régimen democrático cuyo mayor peligro, más allá del posible talento o acierto de las nuevas aportaciones, es que la pérdida de cohesión que experimenta el álbum afecte a las impresiones del oyente.

En este caso, este plato tiene toda la pinta de que ha sido manoseado por demasiados chefs, y que en su paso por la cocina de vanguardia, su deconstrucción nos ha aportado muchos matices, pero las salsas y especias no pueden disimular que, más allá de las materias primas, no se puede cocinar abusando del refrigerio, y los múltiples paso por fogones: un disco se debe preparar para ser consumido del tirón, al ritmo que necesite, pero sin que se enfríe porque falta un ingrediente. Que Julian Casablancas haya grabado muchas de las voces de este disco por separado recuerda que el clima en la banda no es el mejor, pero me preocupa más su posible condescendencia a la hora de buscar el consenso en el grupo.

De las 10 canciones, 5 son incontestables y nos demuestran que estos 5 años de espera pueden haber merecido la pena: ‘Machu Picchu’, ‘Under Cover of Darkness’, ‘Two kind of Happiness’, ‘Taken for a fool’ y ‘Life is simple in the moonlight‘. Su sonido se ha envuelto de capas de sofisticadas e impensables influencias y que es un cambio inteligente para no quedarse anclados en su garage-indie-rock de los dos primeros álbumes. En esa dirección partía First Impressions of Earth, y en el mismo camino siguen; de hecho, ‘Two kind of happiness‘ recuerda a ‘Vision of Division‘, y ‘Metabolism‘ lo hace ‘Electricityscape‘. Y tanto ‘Under Cover of Darkness‘ como ‘Taken for a fool‘ son una aproximación a su primera etapa, con sus fraseos de guitarras, sus melodías y su olfato: adictivas, luminosas, pizpiretas, juveniles, y definitivamente cool.

Machu Picchu‘, más allá del exotismo de la referencia, incorpora elementos reggae y funk que van construyendo un tema que explota con los guitarrazos tras su estribillo, que, sin forzar demasiado la comparación, nos trasladan a sus vecinos que mejor han aprovechado su hiatus: Vampire Weekend. ‘Two kind of happiness‘, con su batería ochentera, y su riff trotón, alcanza su clímax en el torbellino de guitarras que Hammond y Nick Valensi construyen con el virtuosismo de dos guitarristas de metal, y condensando en unos fraseos la contundencia y rotundidad instrumental que ya nos dejaban oír en ‘Heart in a cage‘ o ‘Vision of Division‘ de su anterior álbum. Y, para concluir con los temas más destacados, el cierre con ‘Life is simple in the moonlight‘ (¿la recreación autobiográfica de la situación de Julián en los Strokes?), un medio tiempo intenso, dramático y aséptico, con un solo absolutamente delicioso.

Por desgracia, esta claridad de ideas no se traslada al resto de canciones, que pecan de cierta inconsistencia a la hora de desarrollarse, en las que la sensación, por momentos, es de que algunos de los caminos y rodeos que se permiten estos temas son meras recreaciones: excéntricas, inesperadas y, lo peor, algunas veces innecesarias. Por ejemplo, ¿aportan algo las voces paranoicas de Julian en ‘You’re so right‘, un tema que como interludio podría ser aprovechable, pero que por su posición en el tracklist corta un fabuloso comienzo de disco? ¿O el tosco mellotron o la rémora tras el estribillo en ‘Call me later‘, la “balada de turno” del grupo (como habían sido ‘Is this it‘, ‘Under control‘ o ‘Ask me anything‘?). Y, obviamente, no todos los temas están igual de inspirados. ‘Gratisfaction‘ se queda en pasable y ‘Metabolism‘, arquetípica o con una estructura muy museesca, huele a convencional, y lastran una segunda mitad menos efectiva que la primera, pero que describe ligeramente todos los horizontes de sus influencias, situadas en unos 80s que permiten el groove y el arranque petshopboyesco de ‘Games’.

Hipersonica vota un 7,85

No es un disco fácil. Es más, se trata de un claro ejemplo de grower. Esperábamos la espontaneidad y frescura de su single, pero es el gran problema de que te salga una canción tan redonda que recuerda a tu mejor época. En muchos sentidos, este disco requiere la paciencia que los fans le dedican(mos) a cada lanzamiento de Radiohead, o Animal Collective. La nostalgia por lo que significaron (y por cómo éramos) hace 10 años no debe cegarnos al valorar un disco con muchos matices interesantes, varias canciones incontestables y muchas influencias nuevas, pero todavía fresco, juvenil y locuaz, en el que se echa en falta cohesión interna en el álbum, concisión a la hora de desarrollar sus ideas, y la confianza, el talento y la aportación a pleno rendimiento de un apático Julian Casablancas. No es lo mejor que pueden hacer, pero como disco de transición para desengrasar una maquinaria que llevaba 5 años parada, se agradece la ambición a la hora de ampliar horizontes.

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