Bon Iver: segundo disco con más de lo mismo pero con más instrumentos

Duro debe ser el palo que se lleva un artista cuando ve que su disco, su querido trabajo de varios meses o incluso años, se filtra a la red antes de lo previsto. Las descargas

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Duro debe ser el palo que se lleva un artista cuando ve que su disco, su querido trabajo de varios meses o incluso años, se filtra a la red antes de lo previsto. Las descargas sin pagar supongo que deben estar ya más que asumidas por todos, pero el hecho de ver esa colección de temas, de hijos, colgados en la red antes de tiempo, sin duda debe ser un duro golpe.

Está pasando continuamente, y una vez más ha vuelto a pasar. Ahora a Bon Iver, que veía hace unos días (un mes antes, vaya) como su último y esperadísimo trabajo se filtraba, según las malas lenguas (o teclas) por culpa de iTunes, integro a la red de redes.

Lo bueno de ello es que, Bon Iver hayan decidido ponerlo a nuestra disposición en streaming, íntegramente… Si no puedes vencerles, únete a ellos, que diría más de uno, lo cual nos deja la posibilidad (y es muy difícil resistirse) de husmear antes de lo previsto en los 10 temas que contiene Bon Iver, que, como sabréis ya a estas alturas, también es el título del presente álbum.

Sin duda, lo que más ha marcado este lanzamiento ha sido el hype. Un excelente debut de alguien que demuestra una especial sensibilidad y cuidado por lo que “arroja” al mundo suele conllevar expectación cuando el ruido va apagándose, y en eso Bon Iver han trabajado a la perfección, sin proponérselo siquiera.

Pero es que el hype y las historias alrededor de la elaboración de este álbum no han hecho más que acrecentar el deseo de todos los que disfrutaron con aquel For Emma, For Ever Ago. La crisis creativa que el mismo Justin Vernon se encargó de airear, no ha debido ser muy real, o al menos no lo parece, y el resultado… bueno, mejor desmenucemos el resultado con tranquilidad.

De entrada decir que el hecho de estar ante únicamente 10 canciones ya me parece un acto de lo más sincero posible hoy día. Lo habitual es encontrarnos con álbumes de 12 o 15 temas, y listados repletos de relleno, pero cuando veo un disco con 9 o 10 temas, pienso que el artista ofrece lo que realmente quiere ofrecer, aunque a veces sepa a poco, y además, suele coincidir con ser lo mejor que tiene que ofrecer en ese momento, y aquí se cumple: no hay rellenos que valgan.

Bon Iver: sinceridad folk concentrada

Tenemos una vez más un disco sincero, lleno de melancolía en forma de folk cargado de sentimientos. Un álbum en el que la mayor parte de los títulos de los temas son nombres de lugares ya dice mucho de lo que se puede esperar de él: vivencias y recuerdos, música y letras personales de un artista que se desnuda para nosotros, y que en cada tema y “lugar” se deja influenciar por instrumentos diferentes.

En lo plenamente musical, el disco supone una especie de ruptura con Forever Emma, Forever Ago. La simplicidad sonora de aquel, basada principalmente en el falsete de Vernon y su guitarra acústica prácticamente sin otra añadidura, aquí se convierte en sonido recargado, acompañado de múltiples instrumentos. No en vano, Vernon se ha rodeado de muchos instrumentistas para la grabación de Bon Iver, estando la mayor parte de los temas influenciados por el sonido de uno u otro principalmente.

De hecho, Bon iver nos hacen ver ya desde un primer momento esas diferencias, para que no haya lugar a dudas, con ‘Perth’, dónde encontramos uno de los cortes más recargados del disco, en el que destacan sobre todo una cuidada sección de viento bajo el omnipresente falsete, y la percusión militar, para terminar deshaciendose con calma en el bajo introductorios de ‘Minnesota, WI’, mucho más cargada de folk americano, incluso con su ración de banjo y todo, como ya indicaba el título del tema.

Mucho más simples son ‘Holocene’ y ‘Towers’, aunque no menos interesantes. Desnudas de la abundante instrumentación de las anteriores son interpretación mucho más etéreas, y cercanas a lo conocido en el debut de Bon Iver. Lo mismo que ocurre con ‘Michicant’, que al seguir siendo escueta en arreglos consigue también ese sentimentalismo conmovedor marca de la casa.

Sentimientalismo arropado entre instrumentos

En la misma estilo onírico y ambiental continua ‘Hinnom, TX’ que continúa con el piano conductor de ‘Wash’, algo menos llamativo, sobre todo por seguir en la línea iniciada por los anteriores, aunque el buen gusto y el acierto de Vernon al usar una voz mucho menos forzada si que la diferencia bastante de las otras.

Y tras ellos llega ‘Calgary’, el ya conocido adelanto del álbum y que, al menos para mi es la elección perfecta para dárnoslo a conocer, por ser el culmen del mismo. Otro de los temas más recargados instrumentalmente hablando y probablemente el de ritmos más animados, aunque lo suyo es una progresión de principio a fin in crescendo hasta el momento en que acaba.

Como puente hacia el final Bon Iver tienden ‘Lisbon, OH’, un atmosférico interludio instrumental hacia el mejor cierre posible, representado por ‘Beth / Rest’, dónde las influencias ochenteras, con los Phil Collins, Genesis o Peter Gabriel de aquella época acudiendo a la mente de más de uno.

En resumen, una nueva propuesta, nueva por lo que supone el giro en cuanto a instrumentación en este álbum, pero a la vez consecuente con lo iniciado en Forever Emma, Forever Ago. Expectativas más que cumplidas, colmadas en uno de los que sin duda será discos del año y que más de uno recibimos con los brazos abiertos.

9/10

Justin Vernon nos ha mantenido en vilo estos casi cuatro años (un poco menos si tenemos en cuenta Blood Bank), con sus problemas de creatividad, y aunque no esté claro si la solución ha venido de él o de sus compañeros en la banda y el resto de artistas que han intervenido en la grabación de este disco, les damos las gracias por un trabajo tan redondo.

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