Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Vanessa Carlton – Rabbits On The Run: perfeccionando el arte de la melancolía

Vanessa Carlton - Rabbits on the Run

Vanessa Carlton nunca ha tenido mis simpatías. Su debut saturó tanto y de manera tan monótona casi cualquier medio musical que terminó resultándome facilón y prescindible. Era otra de la tanda de Michelle Branch y compañía que parecían tan prontas a extinguirse una vez pasada la primera impresión efímera.

En este caso concreto, casi sucede así, después de dos álbumes que no tuvieron el éxito esperado después de Be Not Nobody y que llevaron a Vanessa Carlton a tomar la determinación de esperar para sacar nuevo material hasta que el entorno y las condiciones fueran las más favorables. Esta decisión ha terminado siendo vital en su evolución como artista y en el salto definitivo desde el pabellón de las aspirantes a número uno de la radiofórmula de turno hasta el suelo firme del artista de estilo propio y comprometido con sus ideas. Rabbits on the Run refleja, por fin, su asentamiento como cantautora, despojándose de cuantos añadidos se hubiera echado encima para triunfar en el lado más comercial del negocio.

La madurez que da la sinceridad

No todos los artistas de corte comercial llegan a ese punto de su carrera en el que deciden dejar de lado lo que les llevó a la fama para adentrarse en la madurez de su trabajo. Muchos ni siquiera se plantean dejar de ordeñar a la vaca de las ubres de oro, y mientras les dure la suerte están dispuestos a seguir explotándola.

Carlton parece haber sentido la necesidad de crecer y de hacerlo con sinceridad y con la madurez que requiere dar este paso. Y eso se percibe en una buena parte del tracklist, aunque su primer single, que además abre el disco, no representa en absoluto este nuevo compromiso, sino que recuerda, por desgracia, a sus anteriores pasos. ‘Carousel‘ puede desanimar al más pintado, con ese comienzo que a mí me trae poderosamente ‘True Colors’ a la cabeza.

Por fortuna poco más queda que criticarle en este sentido a Rabbits on the Run. Lejos quedan las canciones engoladas, pulidas hasta el extremo y pretendidas, dejando un tracklist donde se aprecian más los silencios, la sencillez de medios y la simpleza de los arreglos. La sinceridad de la historia, la economía sustituyendo al abuso y la búsqueda de la atmósfera etérea, donde es perceptible el vacío y los ecos por encima de la plenitud forzada.

Steve Osborne se ha encargado de la producción – ya hizo lo propio con Starsailor, uno de mis guilty pleasures favoritos – y le ha dado un aire cálido y con un punto folk de pandereta, guitarra acústica y olor a flores en verano en temas como ‘Dear California’, aunque la verdadera belleza en este álbum reside en la lírica de Carlton, que ha perfeccionado su habilidad hacia la sencillez en lugar de recurrir a la metáfora absurda por pretender ser compleja. Algunos de sus mejores cortes en este sentido se encuentran aquí, ‘Fairweather Friend‘, sin ir más lejos.

El arte de crear atmósferas

Sin embargo, es la segunda mitad del disco donde realmente Rabbits on the Run se convierte en algo a disfrutar. Nos encontramos con historias en movimiento donde, por fin, el piano no recarga, sino que apoya, protagoniza sin restar importancia, se baja del pedestal de prima donna que realmente debería ocupar la cantante. Sensacionales ‘The Marching Line‘ y especialmente ‘Tall Tales From Spring‘.

La progresión del álbum es notable y eléctrica, y llega al clímax en un final apoteósico en el que, para mí, es el mejor corte de todo el disco. ‘In The End‘ resume hasta dónde ha llegado Vanessa Carlton y, más aún, indica hacia dónde podría continuar. Con una atmósfera oscura, profunda, atormentada y barroca, es imposible quedar con mejor sabor de boca. Pocas veces una canción hace que merezca la pena todo un disco, y ésta es una de esas escasísimas veces.

Hipersonica vota un 8,50 El mejor disco de Vanessa Carlton es Rabbits On The Run. Para mí no hay discusión posible. No se trata de un debut acertado quizá por avatares, se trata de la confirmación que realmente necesitaba esta cantautora, del desarrollo de una habilidad antes dominada por la necesidad de aparecer en las listas de éxitos y que finalmente se desenvuelve en un ambiente melancólico, en una atmósfera por momentos etérea. Nada que ver, por suerte, con lo que nos había enseñado hasta ahora.