Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

El quejío de James Brown

“James Brown” src=”http://img.hipersonica.com/2012/03/James-Brown-live.jpeg” class=”centro” />

Un niño que es abandonado por su madre en busca de un marido más pudiente que su pobre esposo. Un niño que sufre de forma intensa el racismo del sur de Estados Unidos de los años 30. Un niño criado entre prostitutas, hogares rotos, reformatorios y soldados amantes de una buena juerga. Y pese a todo, años más tarde se transforma “en el hombre más feliz del mundo cuando sube al escenario. Soy consciente de que nadie quiere pagar un dinero que ha ganado con su esfuerzo para ver reflejada su propia desgracia”. James Brown es el quejío.

El quejío flamenco

“Ese ¡ay! melismático, desgarrado y rebelde, la quintaesencia atávica del flamenco, de donde surge toda su trágica inmensidad”. Mi compañero Víctor Rodríguez es quien define un sentimiento único asociado al Flamenco y que aparece de igual manera en parte de la música negra, en especial en el Blues más desgarrador.

He llevado dentro de mí el fuego y la rabia que acumulé con toda la pobreza, las rupturas familiares y la indiferencia familiar que experimenté de niño, porque crecía con todo eso y está grabado a juego en mi mente. Como tantos otros niños negros, pobres y sureños, nunca he sido capaz de desprenderme del todo de la carga del miedo. A nadie le importaba mi bienestar y la vida no me ofrecía nada. Con tan sólo cinco años, ya tenía miedo de no encontrar nunca una salida a la pobreza infinita en la que estábamos sumidos.

Así definía James Brown en 2005, un año antes de morir, en sus memorias tituladas ‘I Feel Good’, la peor época de su vida de la que salió por su propio pie mediante esfuerzo y con la confianza en uno mismo a base de trabajo que llevaría a descubrirle su talento para la música. El joven Junior se cambió el nombre a los 10 años por James Brown, un niño bajo y enclenque “que bailaba por un centavo y limpiaba los zapatos por cinco”, según él mismo reconoce. Es irónico que gracias a su hastío de la sociedad que le oprimía acabase abrazando el Gospel, a Bobby Byrd y el inicio de una carrera que en 1956 le llevaría a publicar su primer single bajo el sello King Records, ‘Please Please Please‘. Primera entrega, primer súplica. El quejío era lo que movía al hijo de James Joe Brown Jr. y Susie Brown.


James Brown – Please Please Please

Los robos acabaron en Bobby Byrd

Los hurtos que comenzó a practicar en aquella época Little Junior, como le apodaron en una banda de barrio, le llevaron a los 16 años a pasar una temporada en el centro de menores Alto Reform School de Toccoa, en Georgia. Al poco tiempo de empezar a cantar el Gospel que había mamado de pequeño cada semana en la iglesia (único motivo por el que acababa yendo), lo que le llevaría a ser denominado como Music Box, comenzó una amistad fructífera con el gran Bobby Byrd, quien le daría la oportunidad de tener su primer grupo: The Flames, antes conocidos como Ever Ready Gospel Singers.


James Brown – Papa’s Got A Brand New Bag

La primera época de James Brown abarca hasta 1965, momento en cual crea el Funk con ‘Papa’s Got a Brand New Bag’, la mejora del “Uno” como cambio en su música (“consistía en empezar a tocar en el compás acentuado”), ya ha logrado un éxito comercial con el riesgo de la publicación del álbum Live at the Apollo (1963, King) y la sociedad comenzaba a abrirse (la lucha por los derechos civiles). Era el momento para el Funk, la dinamita que diese fuerza a la gente y la reivindicación intensa y emotiva de los sentimientos reflejados en el Soul a la que se sumaba más “orgullo negro”, según el propio cantante.


James Brown – Try Me

El quejío de James Brown cambiará, por tanto. De las baladas y medios tempos que había ido construyendo en su particular mezcla del Rhythm and Blues y del Soul llegaría el momento de acelerar una velocidad que antes no llevaban a cabo porque podía ser percibida con demasiada violencia. Así ‘Please Please Please’ es ese sonido agradable del Doo-wop. The Flames aderezando a base de Blues, Jazz y Swing los quejíos de una voz ya rota cantando supuestamente a un amor perdido cuando lo que allí había era una declaración de intenciones de que diesen una oportunidad a alguien a quien estaban maltratando fuera. Después ‘Try Me (I Need You)’. “Era una canción típica de James Brown: en una primera lectura parecía un tema de amor; pero entre líneas se trataba de una petición, formal y respetuosa para que el público probara mi mercancía a través de la música. ¡Dame una oportunidad! ¡Pruébame! Ese era el verdadero sentido de la canción”, en sus propias palabras. Corría 1958.


James Brown – Why Do You Do Me

Antes ya había dejado como cara B en su single de debut otro dardo emocionante: ‘Why Do You Do Me’. James Brown comenzaba de rodillas buscando ganarse un respeto que le había sido arrebatado en una infancia durísima. Más tarde dicho tema sería la coestrella del segundo álbum, Try Me! (1959, King), en el que casualmente le sigue un tema aún más emotivo: ‘Got To Cry’, donde James Brown sigue modulando la voz en base a su lamento.


Vicki Anderson & James Brown – You’ve Got The Power

El Soul que llora

La época que nos lleva hasta 1965 se resume en un Soul doloroso y reivindicativo, en el que el amor solo es una constante metáfora para reflejar esa furia interior. Un Soul de un niño que había crecido escuchando Louis Jordan, Nat ‘King’ Cole, Frankie Lymon, Frank Sinatra o Count Basie, entre otros. La desgarradora voz de James Brown lanzaba caras B como ‘I Walked Alone’. El album Think (1960, King) abría una nueva década en la que incrementaba el mensaje. Desde el tema homónimo (versión de The “5” Royales) hasta ese zarandeo en una barca en calma chicha que es ‘You’ve Got the Power’, regrabada de un single de 1968 que compartió con Vicki Anderson, una de mis baladas favoritas del Padrino del Soul. Mientras, el tempo se iba alternando con arremetidas como ‘I’ll Go Crazy’ a base de riffs y más versos (“You’ve got to live for yourself / Yourself and nobody else”) y con reiterados cierres emotivos como ‘So Long’. Fundamental el timón de la batería en cada tema.


James Brown – The Bells

En 1961 ya había cosechado unos cuantos éxitos en las listas y seguiría haciéndolo con otra declaración como es ‘I Don’t Mind’, asentado en una estructura entre el Doo-wop y el Rhythm & Blues más emotivo, con una línea de guitarra y piano suficiente como para emocionar, además de la propia letra, la voz de Brown y el acompañamiento en los coros. Dicho single estaría incluido en un trabajo, The Amazing James Brown (1961, King), en el que mantiene su mejoría la cual contrasta con lo anodino de un álbum instrumental para olvidar como es Night Train (1961, King). En The Amazing también destaca otra sensacional interpretación en ‘Lost Someone’ o en ‘The Bells’, en la cual aparece un James Brown más suelto, más particular y con detalles de actuación propios de lo que más tarde le caracterizaría (el juego con la historia, el fraseo libre o una libertad en la actuación añadiendo un mayor sentimiento al tema). Y de nuevo crucial la batería jazzy en estos tempos lentos con una sensualidad a flor de piel.

No es casual que el álbum que le catapulta a un mayor público, Live at the Apollo (1963), esté compuesto de la mayoría de los temas mencionados hasta el momento. Es el álbum en directo publicado hasta la fecha con mayor éxito en ventas, pese a que Syd Nathan, el jefe de King Records, no depositase ninguna esperanza en él (como en la mayoría de los cambios que implantó James Brown) y le hiciese sufragar los costes al propio cantante, un nuevo paso en adelante por parte del de Barnwell, en un momento atípico e invirtiendo todo su patrimonio disponible hasta entonces (“5.700 dólares, unos 57 millones de dólares actuales”). Es un álbum conceptual en torno al dolor, la súplica o la reivindicación. Para mayor ironía, este dolor lo consiguió vender de forma viva, alegre y con puro espectáculo, muy alejado de cualquier estado triste más propios de los mensajes cantados.


James Brown & The Famous Flames – Concierto en 1964

Hasta que en 1965 llegase uno de su puntos de inflexión más importantes, con la publicación de ‘Papa’s Got a Brand New Bag’, su discografía fue una montaña rusa de nuevos directos sin tanto gancho (había que rentabilizar el momento), como Pure Dynamite! (1964, King) o Showtime (1964, Smash), y el contraste entre otra obra dispuesta para los más pastelosos con Prisoner of Love (1963, King), sin el acierto de las anteriores, y la que avanzaría el Funk posterior anticipado en Out of Sight (1964, Smash), álbum repleto de ese vacile en los riffs, en el ritmo y en el propio Brown que seguiría ampliando la producción de baladas tristes. Pero entre tantas de estas estaría un tema cualquiera: ‘I Got You’, en una de sus primeras versiones que grabaría. El germen estaba puesto. El quejío cambiaría hacia el Funk pocos meses más tarde de forma clara, la intensidad de los mensajes ampliaría según el contexto y aquel niño que bailaba por cinco céntimos luchando por una oportunidad para cambiar su vida estaba transmitiendo su emoción en temas cortos que rondaban los dos o tres minutos. Emoción de un grande que ponía banda sonora a unos recién amados al mismo tiempo que a una raza negra oprimida y que buscaba liberarse.

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