Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Beach House – Bloom: ayúdame a ponerle nombre al mito otra vez

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Llevo creyendo que Beach House son el grupo más consciente de sí mismo desde que en Devotion se pasaran primero todo un invierno y luego todo un año a mi lado. Un grupo que se crecía entre el frío y cuyas canciones eran a la vez cálidas y témpanos de hielo, según qué reflejo mirases. Un grupo con un planteamiento que en manos de otros daría miedo, pero en ellos, por contra, llenaba de orgullo. Y ahora, con Bloom estrenado oficialmente pero que casi parece del siglo pasado por el tiempo que lleva filtrado, dejadme: ya sé que es de mala educación, pero voy a señalaros un rato.

Beach House: elefantes drogados para su majestad

Me hace gracia que Bloom sea el momento en que algunos han decidido decir en alto que Beach House han hecho un disco monocromo, lineal, cuando precisamente ésa parece ser la esencia. Nuestro Gallego ya nos lo decía mientras esperaba que empezase su concierto de hace un par de Primaveras: a él le aburrían hasta el paroxismo, hasta cambiar su pacífico estado de ser y hacerse merecedores del odio más absoluto. “Estos cabrones te harán odiar”, que diría en su jerga.

Lo cierto es que con Beach House no tiene mucho sentido quedarse fuera. Quizás con casi ningún grupo lo tenga: o buscas la conexión emocional/cerebral/cultural o escuchar un disco se parece bastante a pagarse un viaje para ver fieras semi-drogadas esperando a que las remates y termines tu puñetero safari. De hecho, quedarse fuera se parece bastante a aquellos que dicen que les gusta todo tipo de música.

Con Beach House, si quieres hacer algo así, la caza va a ser muy menor: en lo negativo vas a sacar tics de los 80, tanto de los de 4AD como de los de la New Age. Y, vamos, que quede claro que lo único que realmente moló de la New Age fue Ramón Trecet.

Beach House, además, manejan otras referencias peliagudas que les funcionan: a mí me da igual que nos vendan soft-rock setentero como referencia, pero luego no vengáis con que “vaya mierda los Fleetwood Mac” o a “Kate Bush se le ha ido la pinza siempre”. O sea, si te vas de safari, vete en plan Rambo y saca lo que tengas que sacar: odio o amor puro, incluso a un disco que no es ni mucho menos perfecto.

Bloom y el traje nuevo del emperador

Si, por un lado, me sorprende que sea éste el disco recibido con una tibieza que nadie quiso advertir en ninguno de sus tres discos anteriores (y en especial en el alabado Teen Dream, que podría tener la misma acusación que este Bloom), por otro me sorprende aún más los que lo ven perfecto, el mejor de Beach House. A mí, al menos, se me caen dos canciones a los pies y a otras dos las miro y las escucho con cierta sensación de perdonavidas.

Bloom es un gran disco, pero no es el gran disco de Beach House, afortunadamente. Porque en el camino de superar sus mejores canciones siguen a buen ritmo y, si ahora te haces un recopilatorio de sus cuatro discos, te salen tantas cosas buenas que habría que hacerse un disco y medio. ¿Uno doble? No, aún no.

Y, además, se le nota mucho a Bloom cuando funciona y quita el aliento y cuando no: ‘Other People‘ es una pesadez en busca de gancho, algo que ‘New Year‘ tiene sin forzar (salvo cuando se echa demasiado caramelo en la recta final). En general, después de verlos en directo, creo que les ha vuelto a salir un disco que a veces se ensimisma demasiado en lo soft y que, por eso mismo, brilla más cuando quiere morder de verdad. Los mordiscos los lanza con ‘Wishes‘, con ‘Wild‘, con ‘Lazuli‘, con ‘Irene‘…

Y con ‘Myth‘… ‘Myth’ es una apertura alucinante, que concentra en su propia letra gran parte de la explicación de qué son Beach House para quienes los escuchamos semi-arrodillados:

if you build yourself a myth
know just what to give
materialize?
oh let the ashes fly

Hipersónica vota un 7'99Pues sí, en toda nueva relación uno tiene que acostumbrarse a ceder parte de lo que es real para construir un mito que esté a la altura de lo que se siente. Bloom es otro relato del mismo mito, seguir tratando de poner nombre a algo para lo que ya encontramos mil palabras antes. El día en que se nos acaben los sinónimos, hablamos de lo que se repiten o no. De momento, con Bloom nos volvemos a colocar en un ambiente similar al de escuchar una y otra vez el inicio del Disintegration.