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Nos hemos vuelto comerciales

Shackleton – Music For The Quiet Hour / The Drawbar Organ EPs: una obra de arte electrónica perfecta

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Frío. En un arte tan sensorial como es la música, Shackleton me deja helado y no en el sentido negativo de la expresión, sino que con su último trabajo, Music For The Quiet Hour / The Drawbar Organ EPs (2012, Woe to the Septic Heart), me transmite escalofríos al escuchar cómo crea sus atmósferas y envuelve, con una atemporalidad al margen de géneros, fórmulas, escenas, públicos o cualquier hecho actual que esté pasando. Ciencia ficción sin el componente visual, ciencia ficción fría, helada.

Debut largo en solitario


Shackleton feat. Andreas Gerth – Music For The Quiet Hour Part One

El formato preferido de Shackleton es el EP o el 12”, pero durante estos años ha ido esquivando el largo, como una buena cantidad de artistas electrónicos. Con Three EPs ya se presentaba a otro tipo de público y mercado que se encuentra ajeno a las pequeñas referencias (por formato, que no en calidad), pero para ello usó la técnica de reunir tres EP en uno. Dos años más tarde se unió con Pinch en un grandioso álbum homónimo en el que también lograba evitar el formato en solitario. En 2012 por fin podemos hablar del primer álbum de debut como tal del productor británico.

Y ya puestos a debutar en solitario, hacerlo por partida doble, yéndose a las dos horas con veinte minutos en dos discos separados de forma física pero cuya escucha conjunta cuadra sin problema alguno.

El sonido inmaculado


Shackleton – Music For The Quiet Hour Part Two

En el terreno sonoro, Shackleton logra una producción espectacular. Un sonido limpio, buscando crear una realidad para la capa invisible que no escuchamos por lo general en nuestra vida diaria. Si tuviese que contextualizarlo de alguna manera solo puedo imaginarme una ciudad vacía dominada por las máquinas encendidas, realizando sus funciones para las que han sido programadas y actuando para el coresponsable de Skull Disco (junto a Appleblism) como si fuesen la mejor orquesta sinfónica jamás inventada. Hablamos de máquina, por tanto de perfección en sus movimientos.

Shackleton elimina la capa de bajos en el comienzo, en el cual colabora con Andreas Gerth, de una manera en la que la onda evita los graves más duros, y aún así suena como tal, la construcción es a base de un drone propio de la contaminación de una gran ciudad. Es esa boina que no ves pero que al final percibes. Shackleton logra meternos en su obra con esa primera parte en la que nos lanza una gran pelota sobre la que luego ya entra una percusión en bucle y los agudos van despuntando como si de un arpa se tratase entre samples de voces, logrando ese mantra ambiental reservado para unos pocos grandes productores.

Music is the weapon of the future“ es una de las frases asociadas a Fela Kuti y que sirven a Shackleton para comenzar un discurso modificando entre delay y más efectos para convertirlo a dos voces que suena en esa ciudad desierta y nos insta a apagar el ordenador desde un inicio.


Shackleton – Music For The Quiet Hour Part Four

Con la percusión tribal que decide recrear en buena parte del trabajo me vienen ecos del sonido oriental y asiático. Ese timbre más agudo tan mantenido, después los bucles vocales, enfatizados en ‘Music For The Quiet Hour Part Three‘. Pero estábamos en una ciudad desierta. Espera, que llegamos a la cuarta parada y entonces te vuelves a quedar solo, mirando alrededor una sombra que ha corrido a tu lado y no encuentras más que su rastro. Ese loop de palmas jugando entre los altavoces, intercambiando derecha e izquierda, izquierda y derecha mientras al fondo vuelve a incorporarse la pesadumbre con discurso incluido. Es un Industrial diluido, una película que no necesita imágenes. La quinta y última entrega vuelve a ser una maldita ciencia ficción abstracta asfixiante.


Shackleton – Seven Present Tenses

Entre medias de toda esta gran bola recuerdos a los primeros movimientos en Electroacústica del Columbia-Princeton Electronic Music Center, de la visión electrónica de Kraftwerk y de la masterización siempre perfecta en Dubplates & Mastering, elemento indispensable, en esta ocasión realizada por Rashad Becker.

Hipersónica vota un 10Después comienza la orgía de The Drawbar Organ EPs, en las cual enfatiza por momentos la versión Industrial (‘Seven Present Tenses’) al mismo tiempo que sigue por su viaje asiático (‘Katyusha’, una canción soviética de tiempos de guerra, según Wikipedia) pero yo ya estoy exhausto, Shackleton vuelve a dejarme maravillado. Después de un álbum así se me antoja imposible hablar en otros trabajos de álbum concepto, de grabaciones de campo, de óperas modernas o de música clásica actual.

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