Crocodiles – Endless Flowers: dar ese paso, volver, contarlo y encontrarse con el auténtico pop

¿Es éste realmente el tercer disco de Crocodiles?

Crocodiles 2

Escuchando Endless Flowers las dudas son legítimas. ¿Es realmente el tercer disco de Crocodiles? ¿No se trata acaso de una trampa, de una treta inteligentemente urdida para que creamos que es lo que no es? ¿Han sucumbido Crocodiles al auténtico pop, al más puro? ¿Es Endless Flowers en verdad su segundo disco? Sí. Lo es. Sólo que en realidad no lo es. Es el tercero. Pero ante todo es mucho más pop de lo que han sido nunca. Y de cómo pienso salir airoso de semejante laberinto argumental tratan las siguientes líneas de este post. De eso y del nuevo disco de Charles Rowell y Brandon Welchez, los maravillosos muchachos de San Diego.

Qué debería haber pasado

  1. Crocodiles deciden darse a conocer con un disco titulado Verano de odio. En él no sólo encontramos las referencias a The Jesus And Mary Chain y a los Ramones que podemos encontrar en otras muchas bandas, sino más cosas ocultas, como la psicodelia o el twee. Nadie les presta excesiva atención. Pitchfork les recibe con un 4’1. Ellos ni se inmutan. Nacieron con gafas de sol y en California.

  2. Crocodiles publican Endless Flowers. La portada es un horror, pero el disco mola. Han mejorado. Han-dado-ese-paso. Las guitarras se les alborotan de tanto en cuanto pero les perdonamos porque su psicodelia casi imperceptible y sus melodías de pop pluscuamperfecto nos enamoran, nos empujan al romanticismo adolescente tan maravilloso y que nunca debió perder el indie pop. Tienen lagunas pero mejorarán. Pitchfork les da un 4’5.

  3. Crocodiles se marcan uno de los discos del año con Sleep Forever. El pop evoluciona al rock. Se atreven con desarrollos más largos, con canciones más complejas. Hay más épica, pero está genial, porque ‘Sleep Forever’ es el himno del año. Obvian la nostalgia de la juventud (la nuestra, no la suya) y se vuelven más macarras. Controlan mejor su sonido y, en términos genéricos, han-dado-otro-paso. Pitchfork les da un 3.

Qué ha pasado

  1. Crocodiles deciden darse a conocer con un disco titulado Verano de odio. En él no sólo encontramos las referencias a The Jesus And Mary Chain y a los Ramones que podemos encontrar en otras muchas bandas, sino más cosas ocultas, como la psicodelia o el twee. Nadie les presta excesiva atención. Pitchfork les recibe con un 4’1. Ellos ni se inmutan. Nacieron con gafas de sol y en California.

  2. Crocodiles publican Sleep Forever. El disco impresiona desde ‘Mirrors’, que es por méritos propios un arrebato de psicodelia ruidosa tremendamente violento. Las referencias se expanden, podemos pensar en Jason Pierce o en cualquier otro de esos grupos que distorsionan hasta lo lisérgico. Suenan muy redondos. Sus canciones son para echarse a rodar. Y para presumir de estilo. Las gafas de sol, California, miradme, molo. Pitchfork les da un 6’8.

  3. Crocodiles juegan con nosotros en Endless Flowers. Han ido más allá del rock y han vuelto para hacer pop. Adiós progresiones. Hola estribillos pegadizos. Después de dar el paso, han retrocedido para saltar aún más lejos. Se han vuelto locos, pero en su demencia hemos encontrado un cúmulo de canciones para ser amadas sin condiciones y para disfrutar hasta que se termine nuestra juventud (o la suya). Pitchfork les da un 6’5.

Las canciones

Ah, las canciones. Pitchfork da igual. Son simplemente canciones. Crocodiles han hecho lo más difícil: canciones necesarias. Para quedarse en ellas durante toda una vida y luego, en un par de años, recuperarlas en otra vida, sabiendo que nos pertenecerán siempre pero que sólo las poseímos en aquella vida. Sé que todo esto es muy confuso, pero es que ellos quieren confundirnos. No juegan al sonido de la confusión. Juegan al pop. Y en el pop no hay sitio para formalismos. Si no te diviertes deberías marcharte.

Todo reside en ‘Endless Flowers’. En sus riffs lacrimógenos, en su lacónicas estrofas. Es la misma saltarina melancolía mediante la que Morrisey predicó su palabra. Solo que con feedback. Lo fantástico de este disco es que a pesar de que debería haber sido el segundo es mucho mejor habiendo sido el tercero. Ha ganado en todo. En inteligencia, en emoción, en ruido. Es un error estupendo ya que en él aún se encuentran ecos de Sleep Forever, como ‘Sunday – Psychic Conversation #9’, con sus guitarras destartaladas, que parecen constantemente a punto de despedazarse.

Y si aún hay pose se borra, o al menos muta, en ‘No Black Clouds for Dee Dee’. ¿Oís el martilleo del sintetizador? Se llama pop para enamorar. Para el verano. Crocodiles, sin quererlo, se han convertido en una banda estival. Con todos sus admirables defectos. El romanticismo siempre se evapora, en ‘Electric Dead Song’ y su energía ultrasaturada o en ‘Hung Up on a Flower’, al límite del shoegaze (y de la locura preocupante, como el arrebato Suicide del final).

En el camino de rosas y chicles que Crocodiles inventan para rozar el verdadero pop brilla ‘My Surfing Lucifer’. También parece a punto de saltar por los aires en cualquier momento. Y sin embargo consiguen bordear el desastre y desafiar al precipicio. En Sleep Forever se dominaban al completo. Decidieron ir más allá, experimentar con nuevas drogas y, pese a que existía la posibilidad de que no lo contaran, volvieron con coros femeninos y estribillos para volarnos la cabeza.

7.7/10

Y con títulos tan geniales como ‘Bubblegum Trash’. Es que suena a chicle. A puro noise twee. Las mismas virtudes, mejores defectos, peores intenciones. La perfección no se inventó para bandas como Crocodiles. La perfección se inventó para el rock progresivo, no para el pop. El pop simplemente es necesario. Tanto como otro cierre reposado, casi místico (el campanario), bautizado esta vez como ‘You Are Forgiven’. Y otra vez. Al play. Lo cual nos lleva a la conclusión de que si Endless Flowers fuera el segundo disco de Crocodiles (ya que sería otro disco) seguramente sería un:

8.4/10

Pero como es su tercer disco (de verdad y pese a la portada) es un rotundo:

Hardcore will never die, but you will.