Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

The Smashing Pumpkins – Oceania: sí, ya, este muerto está muy vivo

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Billy Corgan quizás empieza a asumir que hace tanto tiempo que perdió el camino que, por mucho que mire al suelo, las únicas migas que encuentra son las que se imagina. Él no va a recuperar nunca ese impulso creativo que dio vida a los dos discos y medio que realmente merecen la pena de la carrera de Smashing Pumpkins. Y discos como Oceania son el final de la negación, aunque parezca lo contrario. Son el resultado de los truquitos de trilero para que esta vez cuele, con la maquinaria promo a tope. Algo bueno tiene: ese objetivo lo está logrando.

Oceania: De aquí a la nada (y tu voz de por medio)

Quasar‘ comienza segura, sabedora de que si eso ha funcionado tanto en dos discos y medio, por narices tiene que hacerlo en uno más, aunque hayan pasado 20 años. El posible encanto dura o escuchas muy ligeras y con cero ganas de sacar las pegas (el embrujo del hype que Billy ha creado para este año es maravilloso) o una canción más.

Ya no es sólo que Oceania se dedique a replicar algunos de los rasgos buenos de Smashing Pumpkins con poca fortuna: si solo fiera eso no habría demasiado más problema que de un talento que se apaga. El problema es que hacer eso mientras además te dedicas a hacer AOR ramplón y sin gracia, con decisiones discutibles sobre ti mismo, indica que eres un pollito mareado.

Por ejemplo, Billy jamás ha cantado peor que en este disco: matices cero. Un tipo acostumbrado a teatralizar sus mensajes con todo un repertorio de cambios en la manera de cantar (falsetes, gritos, cambios de ritmo) decide en Oceania grabarse todo el rato igual. Oírle aquí y pensar que es un back to basics es un ejercicio de necrofilia en vida: os pone el zombie de Billy, y le sujetáis como si esto fuera ‘Este muerto está muy vivo’.

Smashing Pumpkins somos un grupo de guitarras

Con la música pasa algo parecido: Oceania es la banalidad, el pistacho que no lleva nada dentro. Las canciones son cáscaras en las que todo está muy bien tratado e hiper-producido, pero en la que no queda ni rastro de ganchos y solo hay un sonido suntuoso que ni siquiera es agresivo. Ahí está muy bien poner la horrible ‘The Chimera‘ junto a otras canciones de Corgan: las comparaciones sólo son odiosas cuando sales perdiendo.

Eso sí: Billy quería un disco de guitarras y eso es lo que le ha salido: uno donde están en todas partes y en diferentes formas. Sólo que de la mezcla entre candidez, hard-rock y psicodélica no queda nada salvo un engrudo donde todas las partes aparecen, pero jamás mezclan. A las malas digestiones también se les acaban viendo los trozos.

Hagamos la prueba: traedme las pistas de este disco sin la voz y le pongo encima la de Jon Bon Jovi. Daría la medida justo ahí, y ése es precisamente el terreno que pisa. AOR horripilante por lo soso que sólo podría convencer a los seguidores de Billy, pero como Smashing Pumpkins siguen conservándonos y parece haber consenso en que esto SÍ merece la pena (y si esto sí, por qué lo otro reciente no, me pregunto), la bula se ha transformado de nuevo en ventas (aunque ahora aparecer en lo alto de la lista sea mucho más sencillo).

Hipersónica vota un 4Lo nuevo de Garbage, lo nuevo de Smashing Pumpkins, el Load y el Reload, el un-dos-tres-catorce, lo último de The Cure, el doble del Sr Chinarro, el Sounds of The Universe, la segunda excursión flamenca de Los Planetas. Podéis ser indugentes, a lo Visnuh con Not Your Kind of People. Pero ese camino no tiene retorno, ¿eh?