Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Patrullero Mancuso

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Que casi todos sus discos están ahora descatalogados, salvo los que sacaron con Elefant, que el mercado digital ha devuelto a la vida tras haber estado también a punto de olvidarse. Se hace patente así una de las más grandes injusticias que tuvieron los indies de los 90 con uno de sus mejores grupos. Ellos -los indies, pero también su prensa musical- se empeñaban más en mirar a otros lados y no siempre acertaban, pero allí seguía estando el Patrullero Mancuso, dando cada vez nuevas emociones sónicas y más y más razones a su núcleo duro de fans.

El tiempo, supongo, deberá hacerles justicia. Tendrán que pasar muchos años y alguien se inventará una absurda etiqueta que se llame, por ejemplo la new weird España (si ya existió la new weird America…). Y de entre los incunables aparecerán allí, resplandecientes, sin mota de polvo alguna, sus discos de vinilo. Porque los seguidores de Patrullero Mancuso nunca dejarán que a sus canciones se les acumule el paso del tiempo sin escucharlas.

¿Suena a piropo exagerado o a quiero y no puedo? La culpa es mía por no saber usar otra cosa que torpes palabras para definir la epopeya heroica de pop bizarro que nos regalaron los de Villaviciosa. ¿No había un libro infantil que se llamaba Las hadas de Villaviciosa? Pues aquí llegan los duendes. Los putos amos. Y punto.

1991. Patrullero Mancuso – El Trabajo de Odiar

Es éste un disco púber, que suena a adolescencia por los cuatro costados. A grupo hecho a la salida del colegio/instituto y con ganas de tocar la música que les pone (a saber, esa zona de los 80 más alejada de la superficie). Con un sonido infame que desluce temas como Canción de Amor, no es difícil ver, sin embargo, talento en el sotano del Patrullero Mancuso.

Ya aparecen aquí esas letras de esloganes mentales:

No creas en tu mente, te está diciendo la verdad

También esa sana capacidad para que el pop más divertido (‘Ebria tertulia‘), el espírituode lo más punk (‘Hazte un lifting‘) y la psicodelia (‘El trabajo de odiar‘) se tomen un pacharán a medias.

Aunque a veces suena a maqueta de primerizos (¿no es lo que era?) y nunca lo recomendaría a un neófito como puerta de entrada al Patrullero, ‘El trabajo (arte) de odiar’ es un disco al que su imponente imaginación (Lola Tomillo, qué mujer) le ayuda a superar todas sus limitaciones.

1993. Fantasía

Los primeros compases de la instrumental ‘El marcapasos‘ anuncian a un grupo que ha madurado en dirección al pop más cristalino, aquel que (casi) sólo ellos saben tocar desafinado sin que parezcan que lo hacen mal. Fantasía es justamente lo que su nombre indica: una colección de 13 canciones en las que prevalece la imaginación, las chispas y los sonidos de tonalidad viva. Es también un disco frenético.

¿Un disco pop? No desde luego en la concepción normal (la mainstream) de la palabra, pero sí entendido de la misma manera en que el primer Sr. Chinarro lo era o Television Personalities lo siguen siendo: mundos aparte en los que la melodía, por mucho que juegue al escondite, acaba siempre por aparecer. Aquí, en concreto, propulsado por el punk. Muchas chispas y mucho chicle. Diversión para no parar de saltar de manera alocada (porque seguir sus ritmos es complicado).

Uno de los disco fundamentales de la España de los 90, hoy injustamente olvidado por los indies. Y eso que ‘El Chico con Ruedas‘ es la canción perfecta que querían escribir uno de sus grupos favoritos. ¿Adivinan cuál?

1994. ¡Viva Bonito!

Recopilación de temas anteriores con un nuevo toque sonoro, yo recomiendo apostar directamente por Fantasía o por lo que vino después. ¡Viva Bonito! es simple anécdota comparado con los originales. No obstante, aquí se recopilan algunas de sus mejores canciones (no todas, ojo) y se les dio una nueva oportunidad de enganche a los incipientes indies (que apenas compraban discos entonces). Munster trataba de sacar negocio de su generación de oro, pero como con Penelope Trip, no les sirvió de nada. Luego descubrirían que la nostalgia es más rentable.

1997. El Halcón Milenario

Hacemos un pequeño alto en el camino con este single para decirles que:

* a) aquí estaba todo lo que George Lucas quiso hacer pero nunca se atrevió a imaginar (y eso que ellos aseguraron que la canción no era un homenaje a La Guerra de las Galaxias

* y b)’Optimismo‘, ese temazo raro-raro-raro y su letra (de lo mejor):

Si me cuido, vivo, y si vivo, sufro. Si vivo demasiado, puede que algún día llegue a morir

.

1997. Tortilla Estatal

Si Fantasía era fundamental, Tortilla Estatal es, simple y llanamente, una obra maestra. Ellos se intercambian los instrumentos y el sonido se vuelve más pulcro, pero también más marciano.

Y, como andan sobrados, son capaces de resumir las aventuras de toda una vida en los cuatro minutos de ‘La danza de las horas‘. O de crear el ritmo que ahora deberían remezclar los Rapture si tuvieron gusto (‘¡Viva lo imposible!‘). O de musicar el esperpento valle-inclaniano (‘Tortilla estatal‘).

O de volver a sus esencias punk para disfrazar una enorme canción de pop sixties (‘Choquetín‘). O de ponerle música a todas esas fiestas del ayer (‘Timba‘) y derretir al oyente con unos vientos de oro puro y unos simples nananás (‘Hoy muero viernes‘).

O de fantasear sobre cómo sonarían los Dinosaur Jr. si se les estallase una tubería en el local (‘Se inundó el local‘) y crear una simple pero emocionante canción de amor ruidoso (‘Qué poquita cosa‘).

O, y dejémonos de juegos malabares con las palabras, de componer dos de las más grandes canciones que haya dado nunca el pop español: la mítica ‘El Halcón Milenario‘ y la insuperablemente bella y divertida ‘El peine de la tortuga‘. ¡Qué juego de voces, por favor!

¡Y cuánto talento desparramado en un mismo disco!

1999. Bodegón Musical

Su disco más irregular se abre con una magnífica fanfarria musical sin voz, ‘En la era de piscis‘.Y contiene también su canción más inmediata, radiable y también la única que fue algo más que un éxito entre miembros del culto, ‘Mi vida va bien‘, hermoso ejercicio de ironía prefinal del milenio.

En un hipotético triplete triunfador habría que meter también a ‘Ricos y bellas‘, funky de sonido esquelético con requiebro final que embellece en su letra el carácter ladrón del habitante peninsular. Si estiramos un poco la goma, en la foto de los triunfadores entra ‘Premio gorda‘, por su letra y sus teclados enloquecidos rematando el ritmo rockero que guía la canción.

El resto de ese Bodegón Musical es bastante menos apetecible y algunas cosas incluso saben a recalentado. ‘Torremolinos‘ mantiene el tipo y a mí me gusta especialmente por su aroma de escondida psicodelia. Por esa línea va también ‘Analgésico analógico‘, que se inicia con sonidos retrosetentero y después uno no sabe si es garage, parte de la Movida más oscura o simplemente un sindios musical algo cansino.

Bienmesabe‘ les acerca al primer disco de El Niño Gusano, grupo que recibió muchas comparaciones con el Patrullero en sus comienzos, aunque lo de estos últimos parecía siempre más espontáneo. No es buena señal, como tampoco la tibia ‘Como una pasa‘. Que a un grupo tan impredecible como Patrullero Mancuso se le pille en déjà vu…
Y aunque en ‘La resaca del viajante‘ haya también algo de eso, su presencia y la de ‘Caraba‘ (filoreggae para sesión matinée en las fiestas de los pueblos españoles) acaban dando lustre a un disco más apreciable de lo que pareció en su día. Ya les digo que irregular, sí, pero más necesario que el de muchos de sus coetáneos, también.

(Pd: El Sr. Tremolina ya habló antes, más documentadamente y mejor de ellos. Seguramente deban hacerle más caso a él.)