Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Neil Young & Crazy Horse (featuring Old Black) – Psychedelic Pill: es su Hard Rock y Neil se lo folla como quiere

Neil Young es una persona que no lo ha tenido fácil. Desde su extrema Ontario, en la que aprendió a amar la música de raíces norteamericanas gracias a gente como Johny Cash o Bob Dylan, se erigió como uno de los artistas más influyentes de la historia de la música rock venciendo a la diabetes o a las enfermedades muy graves de sus dos vástagos. Aparte de las dificultades motivadas por la providencia, el bueno de Neil corrió el peligro de convertirse en su mayor obstáculo en el camino hacia la eternidad, camino que él nunca ha querido emprender.

Así, tras su temprano éxito, asqueado por lo que todo ello conllevaba, plantó cara a la industria musical del momento convirtiéndose en un artista conceptual y transgresor que apunto estuvo de convertirse en músico maldito de no ser por la impresionante trascendencia de sus discos, los cuales han influenciado a 3 generaciones de músicos.

Las épocas de efervescente productividad se han visto cortadas por largos periodos de parón productivo en los Neil Young se lame las heridas y se prepara para una nueva batalla. Precisamente Psychedelic Pill significa eso, el retorno de Neil a su medio favorito tras varios años sin sacar material nuevo, acompañado de sus dos inseparables amigos, Caballo Loco y Old Black (su guitarra), la verdadera protagonista de toda esta historia.

Psychedelic Pill, un viaje lisérgico en el que conduce Neil Young

Psychedelic Pill es un viaje a las raíces, un retorno a lo que todos añoramos de Neil Young pero sin caer en la autocomplacencia. ‘El abuelo’ retoma viejos esquemas, viejos sonidos y viejas ideas y mensajes para mezclarlo todo y aderezarlo con ese talento innato que solo él tiene para convertir lo sencillo en brillante, para convertir la rutina en excitación, para convertir su viejo folk rock en grunge (como hizo en los 90) o en drone, como llega a hacer en determinadas partes de este álbum.

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‘Driftin’ Back’ es toda una declaración de intenciones más allá del título. No solo conduce de regreso a casa, a Ontario, sino que lo hace por el camino que siempre ha tomado para no perderse, aquel que ya emprendió en Zuma (’Drive Back‘) pero de una forma más reposada, más reflexiva en esta ocasión. Sin embargo, el hecho de que esta vez conduzca de forma más lenta, admirando el paisaje, no quiere decir que el viaje sea menos emocionante, sino todo lo contrario, ya que bien sabe Neil que lo importante se encuentra en los detalles y que, si Old Black nos lleva de paseo, el paseo siempre quedará grabado en nuestra memoria. Los solos, riffs y efectos distorsionados se suceden durante los 27 minutos que dura este monumental tema con el cual Neil abre el disco, demostrando que su carácter anti-comercial sigue tan vivo como en los años 70.

‘Psychedelic Pill’ es quizás el tema más prototípico de todos, pero no por ello es menos excitante. De hecho diría que es la sección del álbum que más me gusta pues condensa todo lo que Neil Young sabe hacer con Old Black, la cual aparece distorsionada y con efectos espaciales que ahondan en eso que el nombre del álbum pone de manifiesto, un retorno al hogar pero parando varias veces en el camino para comprar alguna que otra dosis de ácido. Petarlo con la guitarra es esto. Ay Warren Haynes, de no ser por el abuelo Neil no serías quien eres ahora.

En Ramada Inn Old Black vuelve a erigirse en la protagonista de nuevo, aunque aparece aparentemente más domesticada. Neil Young entona una oda al rock sureño que tanto ha ejercido durante sus 45 años de carrera musical. Si alabáis a Jeff Tweedy y no habéis mamado a Neil Young no sabéis de lo que habláis, y este tema viene a dejaros sin argumentos.

En Twisted Road el country rock es protagonista junto a muchos de los ídolos de la juventud de Neil. Ojo a la referencia a Bob Dylan en la letra:

“First time I heard ‘Like a rolling stone’ I felt that magic and I took it home, gave it a twist an I made it mine but nothing was as good as the very first time”

En los años 60 Neil era el jefe de la tribu, en estos tiempos en los que la fortaleza física no es su principal virtud se ha erigido en el sabio, aquel que habla con la voz de la experiencia compartiendo sus innumerables conocimientos con generaciones más jóvenes.

Probablemente el momento que menos me gusta del disco es She’s always dancing, no porque el tema sea malo, sino porque lo veo menos inspirado, menos brillante que el resto de canciones, ante las que palidece en una revisión comparativa. Sin embargo, el álbum remonta y de qué manera en el final con ‘Walk Like a Giant’, donde Old Black y Neil intercambian silbidos y voces estridentes antes de que la guitarra se decida a dar el todo por el todo. Estamos ante un tema de 16 minutos de jam guitarrera en los que Neil Young nos deleita con su faceta de rockstar y da rienda suelta a todo su talento con solos, riffs gruesos mucha distorsión e incluso retazos drone en los momentos finales.

7.7/10

Tras la indiferencia que generó ‘Americana’ muchos pensamos que Neil ya no nos iba a regalar otro gran álbum a la usanza de ‘Raged Glory’ o ‘Mirror Ball’. Lo que un servidor no sabía es que el álbum de versiones folk no era otra cosa que un aperitivo para una obra magna compuesta por dos discos y hora y media de música en la que Neil Young se reivindica como lo que es, uno de los artistas más influyentes en el mundo del rock, y probablemente el más honesto y de carrera más homogénea de todos a pesar de la multitud de palos que ha tocado.

Bravo Neil, es tu Hard Rock y te lo follas como quieres.