Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Built To Spill: 20 años de afiladas guitarras y perfectas melodías

No todos los días una banda del calibre de Built To Spill cumple veinte años. La suya es una historia de supervivencia, de pequeñas y grandes conquistas, de saber mantener el tipo y haber ofrecido un nivel bastante alto a lo largo de su trayectoria discográfica. A pesar de haber pasado por sellos independientes y discográficas multinacionales, con mayor o menor éxito, Built To Spill siempre han estado ahí, a la sombra cuando les tocaba estarlo, y en primera línea cuando lo merecieron de forma abrumadora. En resumen, veinte años de vida que han escrito páginas gloriosas de discos imprescindibles.

Built To Spill: el nacimiento

Bajo la canónica influencia de J Mascis en la forma de tocar la guitarra, cual guitar hero de los 70, Doug Martsch creó el grupo en el año 1992 en Boise (Idaho), contando con Brett Netson y Ralf Youtz como escuderos, compañeros de sello (C/Z) de Caustic Resin. Por aquél entonces, Martsch tampoco era nuevo en el mundillo, pues venía de Treepeople, que era un proyecto algo más veterano que los dos sobre los que se cimentaron los primeros Built To Spill.

En plena ebullición del rock independiente, con muchos de sus héroes pululando por el ambiente americano, ocupados conquistando el mundo con sus camisas de leñadores, Built To Spill cogió ese tren como tantos otros jóvenes de la época. Entre las principales vías que condujeron el devenir del grupo y del propio Doug podemos resaltar la épica y los punteos de Dinosaur Jr, los cambios de ritmo prototípicos de los Pixies o las melodías eléctricas de Pavement.

Es en el año 1993 cuando llega su debut, Ultimate Alternative Wavers, una ópera prima dispersa que no acababa de aglutinar todas las cualidades que los talentosos miembros de Built To Spill atesoraban. Aún así, el disco por supuesto apuntaba maneras y retrataba a la perfección el momento de auge de un movimiento, el del rock independiente, que había acabado de explotar hacía unos años, empequeñeciendo a las islas británicas que después contestarían con el britpop, y que aún se encontraba en su fase de imperialismo.

Ultimate Alternative Wavers contenía elementos que hacían intuir al grupo de Idaho como un diamante en bruto que a pesar de tener defectos que pulir, como el de la producción, podía convertirse en un grupo con mucha personalidad de explotar sus puntos fuertes. Este era un álbum decente, pero no aportaba más que difusas fórmulas a las que ahora todo el mundo recurría.

No obstante, ahí estaban esos arrebatos bruscos de los Pixies del Doolittle en Revolution, esa inmersión en las distorsiones erráticas de Sonic Youth en Shameful Dread o ese toque de despreocupación e irreverencia de Pavement en Nowhere Nothin’ Fuckup. Pero sobre todo, estaba muy presente el ínclito Mascis en Get A Life, en Built To Spill o en The First Song. Él fue la influencia decisiva para Doug Martsch. Atendiendo a su virtuosismo, él siguió un camino similar a la hora de tocar la guitarra, rompiendo moldes y utilizando el instrumento de una forma poco ortodoxa dentro del indie rock, abriendo futuras puertas para otros.

Built To Spill eran la consecuencia de todos aquellos grupos y el detonante del talento de Doug Martsch. Pero tenían que demostrarlo. Y el primer paso lo dieron al año siguiente, en 1994, con el lanzamiento de There’s Nothing Wrong With Love. Este es el punto de inflexión del grupo, a partir del cual no harían más que crecer durante la década y empezar a atraer cada vez más devotos, logrando atravesar la barrera de los círculos sibaritas que siempre han existido en el mundillo de lo independiente y convirtiéndose en uno de los mejores grupos estadounidenses del momento.

1994-1999, la época dorada

Firmaron con el sello Up Records y Doug dio con la tecla. A raíz de este segundo trabajo, Built To Spill empezarían a construir una de las mejores colecciones musicales de la década de los 90. Dejarían de ser un grupo más para pasar a convertirse en un proyecto de peso, encontrando su sitio y desarrollando cada una de las piedras maestras que en su debut hacían pensar que el grupo podía desmarcarse del resto de clónicos conjuntos de rock independiente que salían de debajo de las piedras.

Martsch cambió a sus acompañantes para este segundo disco, reclutando a Brett Nelson y Andy Capps, viejos compañeros de Farm Days (la primera banda en la que estuvo) y por entonces en Butterfly Train, también en el sello Up Records con el que ahora había firmado Built To Spill. Este nuevo ensamblaje musical sería el idóneo para que el líder del proyecto pudiera ejecutar de forma diáfana las ideas que tenía en la cabeza.

Doug reformuló sus intenciones, centrando musicalmente la dispersión que poseía el primer LP, en el que había demasiada experimentación e ideas inconexas. Los punteos de Doug ahora tenían ahora una razón de ser, tenían un sentido, no parecían ir por otro camino distinto al de la melodía de base, como ocurría en UAW. Formaban parte de un todo.

Los momentos de explosión y punteo de Cleo y The Source formaban un conjunto. Los elementos se fundían para crear una homogeneización melódica, una estructura mucho más engrasada y más perfeccionada. Y aunque ahora habían domesticado su sonido, en el sentido en el que le habían dado unos patrones coherentes, por nada del mundo renunciaban a los dejes más vigorosos que habían precedido a este disco.

En canciones como Stab se percibía la furia que tangencialmente había sobrevolado los discos de Treepeople y un vendaval guitarrístico propio de Ultimate Alternative Wavers. Built To Spill seguía creando esas pastillas energéticas juveniles a lo Pavement en cortes como In The Morning. Doug Martsch siempre le había dado más importancia al apartado musical que al lírico. A pesar de ser un grandísimo letrista, para él las letras eran algo secundario, un pretexto con el que adornar la música.

De apenas un disco a otro, Built To Spill se habían transformado, prueba fehaciente de lo dinámico que sería el grupo. Y aún no estaba todo dicho. Lo mejor estaba por llegar. Hasta el tercer disco, Perfect From Now On, Martsch había estado con sus proyectos paralelos, concretamente con los fabulosos Halo Benders, grupo en el que estaban Calvin Johnson de Beat Happening y el batería Ralph Youtz, que participó en el debut de Built To Spill.

En este período, el culo inquieto de Doug Marscht no había dejado de asomarse por otros lugares. En el año 1994, sacó tres discos, el There’s Nothing Wrong With Love de Built To Spill, el último de Treepeople, Actual Re-Enactment y el primero de los Halo Benders, God Don’t Make No Junk. Dos años después, con estos últimos editaría el segundo disco de la banda, Don’t Tell Me Now que por aquél entonces tenía un sello distintivo que claramente apuntaba a Doug Martsch. Sonaba como un disco a mitad de camino entre los primerizos Built To Spill y los renovados de su segundo trabajo.

Perfect From Now On: el golpe de efecto necesario

Perfect From Now On llega en 1997, ya con su primer contrato multinacional en Warner Bros. A pesar de lo que puede representar para un grupo independiente firmar por un coloso como la Warner, el líder de Built To Spill logra un aceptable grado de autonomía que se notará en todos los discos que hasta la fecha ha firmado con la discográfica. Para este tercer álbum, Doug llamó a filas a Scott Plouf y volvió a contar con Brett Nelson.

El resultado, uno de los mejores discos del grupo (probablemente el mejor), que ayudó a poner de acuerdo a la crítica para coincidir en que Built To Spill eran uno de los grupos del indie rock estadounidense que estaban en mejor forma. La razón del éxito, un disco corto pero muy intenso, aguerrido y atmosférico a la vez, con un Martsch que se encontraba en estado de gracia, tanto en el musical como en el lírico.

Todo confluye en una formidable disco de distorsiones superpuestas con melódicos punteos y líneas de bajo, artífices en conjunto de una auténtica pieza de indie rock de tomo y lomo con el que adiestrar a las generaciones venideras. En Perfect From Now On, Built To Spill ponen los pelos de punta en las arremetidas sonoras de Randy Described Eternity (Con Marscht hablando de metafísica), imparten clases de elegante indie rock en la tempestad final de I Would Hurt A Fly, te elevan en el épico vals de Velvet Waltz y te rematan con las balsámicas capas de guitarra de Untrustable/Part 2.

Ocho piezas para enmarcar en las que Doug habla del existencialismo y del vacío personal. Temática que se compaginó además en lo musical. Es su trabajo más etéreo, cosa que consiguieron también a base de instrumentos no muy habituales como chelos y mellotrones.

Se habían creído lo buenos que eran y se habían venido arriba elaborando cada vez mejores discos, fruto por supuesto del talento inabarcable de Doug Martsch y de la línea instrumental, personificada en sus compañeros de banda, Nelson y Plouf. Se habían dado cuenta de la importancia del gran reconocimiento de su último trabajo y en 1999 llega Keep It Like A Secret, otro disco corto (diez canciones), que acababa de culminar su Santísima Trinidad: There’s Nothing Wrong With Love – Perfect From Now On – Keep It Like A Secret.

A nadie se le podía escapar la realidad, Built To Spill eran un grupo grande dentro de la escena independiente internacional, a pesar de que en el círculo del rock fueran otros quienes se llevaran el gato al agua. En Keep It Like A Secret sonaban grandes, majestuosos, épicos, con mucha confianza en sí mismos. Ese reflejo se impregnaba de realidad en el disco, mediante punteos elocuentes y alegres que se deslizaban sobre la línea instrumental que bajo y batería construían con imprevisibles y repentinos cambios de ritmo. El disco era una muestra más de cómo conjugar los rasgos de sus seminales grupos referencia en el género, sonando únicos; sonando a Built To Spill en plena madurez.

Center Of The Universe es una ácida pastilla contra el borreguismo y también un ejemplo de cómo sonar pop rescatando lo más detallista del indie rock estadounidense. Else trasciende lo sensorial y el punteo orgánico se evapora al final para emocionarte como pocos guitarristas lo pueden hacer. Es una de las mejores habilidades de Martsch. Algo similar ocurre en Time Trap. Marscht consigue gracias a su pericia con la guitarra, atravesar barreras emocionales y meterse en tu cabeza para que te dejes llevar por la melodía que consigue ejecutar.

Bases pop aparte, también nos encontramos con montañas rusas fantásticas como la de Temporarily Blind, un tema inestable del que no puedes esperar nada. Suena enérgica, repleta de vitalidad y cuanto te confías ataca aumentando su intensidad, superponiendo una vez más punteos mordidos con la estructura melódica pregonando buen tiempo. Todo sin sonar cargante.

La década de los 2000, manteniendo la compostura

Dos años después, en 2001, saludan la nueva década con excelente salud a través de Ancient Melodies Of The Future, demostrando que diez años más tarde, el grupo ha ‘envejecido’ como muchos envidiarían. Después de los grandes éxitos y reconocimiento de la crítica con Perfect From Now On y Keep It Like A Secret, es cierto que Built To Spill no lograrían una colección de discos tan brillante como la de los 90, pero seguían manteniendo sus rasgos distintivos, con un Doug más maduro, marcando su territorio a base de confeccionar buenas letras que complementaban el ensamblaje guitarrístico del grupo.

Ancient Melodies Of The Future cuenta con la electricidad de Strange, la distorsión de In Your Mind y Alarmed y grandes canciones que suenan al grupo en pleno apogeo como Trimmed And Burning. En este periodo, Doug no se comporta tanto como un guitar hero y dosifica sus peripecias, utilizándolas más moderadamente pero siempre con elocuentes trucos como los que nos presenta en You Are. Es cierto que es un disco menos épico y grandilocuente, sin tantos momentos de espectacularidad como habían acostumbrado a enseñar, pero tiene canciones que siguen siendo irresistibles píldoras de indie rock bañado en melodías pop.

Después de sacar este disco, Doug Martsch decide dar un respiro al grupo y dar el salto como solista, debutando en 2002 con Now You Know, un interesante y sorpresivo disco en el que lejos de ser continuista respecto a sus diferentes proyectos, es un álbum de fuertes raíces folk y rock acústico. Después se retiraría a pasar más tiempo con su familia. Parecía que Built To Spill estaba en punto muerto, pero volvió al ruedo en 2006 con You In Reverse, un disco dedicado a Pat Brown, su compañero fundador de Treepeople, que se había suicidado.

La premisa del disco era aumentar los decibelios. Para ello reclutó a Jim Routh, de The Delusions, que actualmente continúa en la banda. Esta incorporación se notaría por el nuevo músculo de su música, dejando en un segundo plano la melodía, la arquitectura sonora que siempre acompañaba de forma excelsa las embestidas guitarreras del grupo. No obstante, los esas embestidas por sí solas seguían teniendo su gracia. Ahí estaba el gancho de Goin’ Against Your Mind y el típico solo épico del líder en Wherever You Go. Además, habían vuelto a las canciones de extenso minutaje que abandonaron en su anterior largo.

Tres años después, en 2009, Built To Spill editan su último álbum de estudio hasta la fecha, There Is No Enemy. 17 años después de su debut, el grupo hace un disco en el que se nota que el tiempo no pasa en balde. Es un trabajo con menos mordiente en general, con canciones más relajadas y más centradas en la melodía como eje vertebrador, más que en las virguerías que sus guitarras pueden emitir. Un disco que pasa desapercibido en aquél año, teniendo en cuenta que surgen discos como el Merriweather Post Pavillion de Animal Collective, el debut de The XX y sobre todo el gran regreso de sus particulares héroes, Farm de Dinosaur Jr.

No obstante, la banda siempre se deja algún cartucho en la recámara, mostrando el bien hacer que otorga la veteranía. Saben que su tiempo de gloria pasó, pero seguían dejando huella con canciones que exaltan las mejores virtudes del conjunto: las buenas vibraciones que transmiten sus medios tiempos como el de Aisle 13, el in crescendo de corte épico con un heroico punteo como el de Oh Yeah y esas canciones que simple y llanamente, suenan tremendamente bien, como Tomorrow.

El injusto presente y el impredecible futuro

A pesar de que Built To Spill nació siendo una banda humilde, sin pretensiones, su destino se cruzó con una multinacional. Pero antes de que esta llegara, gracias a la dinámica del grupo y al talento de Martsch, estaban predestinados a ser grandes, cosa que acabaría llegando tarde o temprano. No obstante, cuando aún no eran muy conocidos, Dave Ghrol y Thurstoon Moore se los habían llevado de gira, conocedores de su potencial, ayudando a darlos a conocer fuera de los círculos sibaritas. Algo que por cierto ha hecho muy bien Thurstoon, apadrinando a numerosos grupos de su alrededor, sabedor de sus posibilidades. Built To Spill por lo tanto pasaba por su mejor momento.

El juego con el tempo de la canciones, el virtuosismo de Doug y sus letras sobre la vida, la angustia o el surrealismo (infravaloradas por él mismo y por parte del público), las jams que montan el resto de integrantes para compenetrarse con él, los detalles y arreglos posteriores… Built To Spill tiene todas las virtudes para ser un grupo muy grande. Y lo es. Pero su propia humildad y conformidad con hacer música hace que a pesar de que su música sea muchas veces excepcional, con discos cumbre en la década de los noventa, parezca que no les importe.

Se conforman con simplemente existir, y esta es la tónica que ha marcado sus últimos discos. Doug ha seguido escribiendo sin preocuparse de si repetiría sus obras cumbre. Aunque es cierto que su reconocimiento es internacional, en ocasiones siempre queda ese regustillo amargo de pensar por qué no se escucha más a menudo hablar de ellos como se hace de otros grupos. Como si estuvieran olvidados. Hubo un tiempo en que conocidos o no, musicalmente fueron gigantescos. Casi tanto como su honestidad.

Actualmente, en teoría están preparando un nuevo disco que escucharemos en este 2013. Sinceramente no sé qué esperar, la dinámica del grupo siempre ha hecho que puedan sorprender con cualquier trabajo, aunque eso sobre todo pasó en sus primeros discos. Lo importante será ver si se dejan caer por el país en alguna gira. No son pocas las ganas de disfrutar de uno de esos grupos que escribieron con letras de oro los capítulos del indie rock americano de los años noventa.

Built To Spill: discografía

  • Ultimate Alternative Wavers (1993)

 

  • There’s Nothing Wrong With Love (1994)

 

 

  • Built To Spill & Caustic Resin EP (1995)

 

 

  • The Normal Years (Recopilación, 1996)

 

 

  • Perfect From Now On (1997)

 

 

  • Keep It Like A Secret (1999)

 

 

  • Carry The Zero EP (1999)

 

 

  • Live Sampler EP (2000)

 

 

  • Live (Directo, 2000)

 

 

  • Sabonis Tracks EP (2001)

 

 

  • Ancient Melodies Of The Future (2001)

 

 

  • You In Reverse (2006)

 

 

  • Time Trap: 1994-2006 (Recopilación, 2006)

 

 

  • There Is No Enemy (2009)