Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Swans – The Seer: por favor Ryan Schreiber, no lo haga número uno

Estimado Ryan Schreiber.

Mi alias en internet es Cronopio y soy un simple editor novato en una web española llamada Hipersónica. Supongo que no habrá oído hablar de nosotros, supongo que nadie de su equipo sabrá de nuestra existencia, así que creo conveniente ponerle en antecedentes, para que sepa que quien le escribe es un seguidor suyo, es un fan, es una quinceañera que chilla cuando oye hablar de usted, y que en esta publicación le veneramos, le tememos como un referente, tenemos su foto como fondo de pantalla en nuestros ordenadores.

A tanto llega la admiración que le tenemos que seleccionamos nuestro números uno del año con la intención de generar un revuelo tal que permita que usted acabe conociendo de nuestra existencia, que llegue a sus oídos que hay unos españoles que son fans, y son tan alternativos como usted, que permitan que, dado el caso, usted llegue a pensar: ‘que cabrones, son más snobs que yo’.

Somos una web que pertenece a una empresa española llamada WeblogsSL y llevamos en pie más de 6 años, publicando noticias inventadas, críticas de discos que no existen, de conciertos a los que no vamos, o monográficos que nunca terminamos… En todo este tiempo han pasado bastantes editores por nuestras filas, cada uno con sus filias y con sus fobias, cada uno con sus gustos y con sus formas de compartirlos con la gente. A su vez, contamos con un importante número de seguidores en nuestro país y en Latinoamérica, hecho que nos ha permitido convertirnos en una publicación con cierta relevancia en el mercado hispanohablante a pesar de lo que maltratamos a nuestros lectores, tal y como hace usted con los suyos.

En estos más de 6 años de vida hemos tenido la ocasión de hablar de la polémica de ‘In Rainbows‘, de la caída en el fango de Muse, del bostezo ocasionado por Bon Iver o Band of Horses, de los celebrities de Bonorrl y Robert Smith, del ascenso imparable de Ty Segall, del contestatarismo con polo Lacoste de Arcade Fire, y por supuesto, hemos tenido ocasión de hablar hasta la saciedad del concepto hype, aquel que usted tanto ama y al que tanto le debe.

Aparte de lo anterior, en estos 6 años los lectores nos han acusado de todo: de ser periodistas y de no serlo, de ser objetivos y de no serlo, de inventarnos grupos o de hablar solo de grupos hiperconocidos, de generar demasiada polémica o de ser excesivamente blandos y complacientes, de criticar discos sin haberlos escuchado o de rumiar demasiado nuestras críticas… pero sobre todo, de lo que más nos han acusado, aquel calificativo que más tiempo ha ocupado el espacio de comentarios a nuestros artículos, es de que somos unos malditos snobs gafapastas.

Entre gafapastas nos entendemos bien

Pues bien estimado Ryan Schreiber, este es el motivo por el que le escribo, oh alabado gurú, señor de todos los snobs gafapastas, sol que ilumina nuestro camino, estrella de oriente que nos ayuda a no perdernos en este desierto de vacuidad, consumismo e inmediatez.

Hay algo que me tiene intranquilo desde hace unos meses, y me gustaría que, si es tan amable, me ayudase a despejar una duda que tengo, a aliviar esta desazón, este sentimiento de terror a lo desconocido que me desvela, esta desesperanza fruto de la mayor de las incertidumbres, esa curiosidad psicótica que me obliga a alejarme de objetos punzantes o cortantes, que hace que me palpite el corazón como no lo hace desde que Hasselbaink se disponía a lanzar el penalti que nos iba a salvar del infierno en el Carlos Tartiere, que hace que el arrancarme las uñas de los pies con unas tenazas sea un momento amable y gratificante. Por favor, señor Ryan Schreiber, dígame que The Seer no va a ser disco del año para Pitchfork.

Entiendo que esto que le pido puede que sea demasiado. Entiendo que muchos de sus lectores le están pidiendo, le están exhortando que haga aquello que trato de evitar con esta misiva. Entiendo que la trayectoria de su publicación, que su fama o su ascendencia sobre miles, que digo miles, cientos de miles de gafapastas como nosotros, le lleva de forma inexorable a tomar una decisión como esta que me horripila, que me atemoriza, que pone mi corazón al borde del infarto. Entiendo todos sus posibles motivos, se lo digo totalmente en serio, pero ahora, estimado líder, mi luz y estrellas, gloriosa impronta generadora de opinión que plantea batalla al establishment, le pido que me escuche, le pido que lea los míos.

Michael Gira no quiere ser famoso

Comparto con usted que Michael Gira es un auténtico genio, un incomprendido por muchos, pero venerado por otros tantos, que ha hecho más por la música, por conceptos como la innovación o experimentación, que el 99% de los músicos actuales. Su trayectoria lo avala, al igual que le avala a usted, y no estoy escribiendo todo esto para contradecir tal hecho, para cometer tamaña temeridad. Michael Gira es un genio y se merece todos los parabienes, pero no me gustaría que usted, con el fin de premiarlo con aquello que usted cree que merece, con el fin de darle un reconocimiento que sin duda es de justicia otorgarle, no me gustaría que con ese hecho, le convirtiese en algo que Michael Gira odia, en algo que es contrario a la esencia propia de la obra de Swans. No me gustaría que lo convirtiese en popular, que lo transformase, desde su púlpito de gafapastarismo, en un icono mainstream para un público altivo y snob. Swans y Michael Gira no merecen eso, merecen ser unos desconocidos, merecen ser escuchados por un público minoritario, y para ello, merecen no ser disco del año, necesitan no serlo.

Entiendo la necesidad que usted posee de que Pitchfork se diferencie de otras publicaciones. Entiendo la necesidad que tiene de marcar una frontera entre la música mainstream y aquella de la que usted habla, aquella que considera innovadora, aquella que usted califica como apta para un público tan selecto como el que tiene su publicación. Al entender todo esto, al entender que usted pretende clavar una bandera en el territorio del snobismo musical, de apropiarse de él, o de mantenerlo pues usted lo posee desde hace ya años, entiendo la necesidad de que The Seer sea disco del año.

The Seer y el avantgarde

Sin embargo tenga en cuenta una cosa. The Seer no es un disco normal. The Seer no es un disco para ser escuchado, The Seer no es un disco para el público. The Seer no es un disco para la gente. De hecho me atrevería a pensar que The Seer no es un disco ni para usted ni para mí. The Seer es un disco para el ego de Michael Gira. The Seer es un disco para decir aquí estoy yo y estos son mis atributos. Con The Seer, Gira le dice al mundo ‘no lo vais a entender, y eso es porque yo soy mucho más inteligente que vosotros’. The Seer es mearse en la cara de miles de melómanos.

The Seer es reírse de todo aquel que lo escucha, de todo aquel que permanece más de hora y media pegado a unos audífonos solo con el fin voraz de ver hasta donde es capaz de llegar Michael Gira, hasta donde ha crecido su locura en estos 30 años de carrera. The Seer es todo esto y no es nada. The Seer es una obra atemporal que lo recoge todo. The Seer es una obra que hace 60 años habría supuesto un escándalo. The Seer dentro de otros 60 años será piedra angular de la nueva música. Pero The Seer no puede ser disco del año, porque The Seer no ha sido creado con tal propósito sino con el contrario. The Seer no ha sido creado para ser amado, sino para ser odiado. The Seer no puede ser disfrutado, The Seer debe ser sufrido. Y lo siento, pero un disco así, no puede ser disco del año.

El avantgarde es innovación, es experimentación. Es la exclusividad hecha música, es la musicalización del caos, de lo retorcido, de lo más oscuro de la creatividad humana. Es crear obras inaccesibles, es crear obras molestas, es crear música que no se disfruta, que no se canta en la ducha, es crear música que se sufre. El avantgarde es romper esquemas, es deformar los existentes alterando las constantes que rigen la creación musical.

El avantgarde es construir muros de sonido colocándolos donde el oyente menos lo espera. El avantgarde puede ser ruído, de hecho lo es para muchos. El avantgarde puede ser aburrido, el avantgarde puede ser insoportable. The Seer es avantgarde. The Seer es una oda al fin del mundo, a la imposición del caos. The Seer es pasar cinco minutos imitando un taladro a base de riffs en el ecuador de un tema que dura 32 minutos y que es el eje angular del disco. The Seer es que Karen O sea el único consuelo que encontramos en semejante tortura.

Y la tortura, a menos que tengamos parafilias obscenas en lo musical, no puede ser disco del año.

The Seer no está hecho para ser amado, sino para ser odiado

Sin embargo, la razón principal no se la he dado, y se basa, en la esencia del disco, en el sonido de The Seer, en su mensaje y en su intención, en lo que representa y en su significado. The Seer es una obra en la que la visceralidad es el eje gravitacional. Es un disco como podría haber sido el cuadro de GoyaSaturno devorando un hijo‘ en caso de que el lenguaje elegido hubiera sido el visual.

The Seer puede ser una obra seminal, está claro, puede marcar el devenir de la música experimental en el caso de que logre alcanzar la difusión suficiente, pero permítame decirle, estimado Ryan Schreiber, que la elección del álbum como disco del año sería un grave error. El mensaje que pretende lanzar The Seer es incompatible con la suficiente unanimidad que requiere la calificación de un disco como lo mejor del año. Para que ello ocurra debe, no solo motivar una opinión casi unánime entre los seguidores o expertos del género en el que se encuadra el álbum, sino que además requiere un apoyo masivo o casi unánime del público en general, y eso, lo siento, pero The Seer no puede, ni debe lograrlo nunca, por características y por intenciones.

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En serio, no lo haga disco del año

De hecho, y para ir terminando, le voy a dar mi opinión al respecto del apoyo masivo que The Seer ha logrado por parte del público, siendo aupado en Rate Your Music al 1er lugar como disco mejor valorado de todo 2012. Servidor se considera un ferviente seguidor de la música experimental, del avant-garde, y de toda nueva tendencia que signifique romper moldes, atacar los anquilosados cimientos de la creación musical. Sin embargo, desde mi más sincera opinión, jamás se me ocurriría calificar a The Seer como disco del año, y no porque considere que le falte calidad, cosa que no sucede, sino porque carece de ese espíritu aglutinador y representativo que le citaba anteriormente.

La masiva calificación de The Seer como disco del año no es más que otra muestra del snobismo en el que se mueve el público musical que participa de este arte de forma activa, snobismo excluyente del que usted ha formado parte como gran alentador, snobismo que le viene dando de comer desde que creó su publicación. Que usted califique a The Seer como lo mejor de 2012 significaría tener que aguantar a las hordas de seguidores de su revista alabando un disco que la mayoría no entendería ni en varios siglos de existencia, significaría que Swans ocupasen un espacio en la red que ni pretenden ocupar ni merecen por lo exclusivo de su obra, significaría una existencia agónica para todo moderador de foro de internet al tener que enfrentarse a los gafapastas de turno alabando un disco que no está hecho para eso sino para todo lo contrario. Es decir, significaría que la calificación de The Seer como mejor disco de 2012 provocaría un efecto contrario al que usted esperaría, convirtiendo algo exclusivo en un producto de consumo, cosa que usted no se perdonaría, que el propio Michael Gira no le perdonaría jamás.

Espero haya entendido todas mis razones y que la lectura de mi misiva no se le haya hecho tan cuesta arriba como a muchos les ha sucedido con The Seer. Sé que se le hace la boca agua con el pensamiento de inflamar la red, avivar la polémica, y sobre todo, alimentar su espíritu snob con una decisión tan paradójicamente autocomplaciente, le entiendo y yo en su lugar también lo haría. Sin embargo, piense con la cabeza, calme un poco sus ganas de soltar un sopapo a la escena musical internacional y piense en las consecuencias de tal decisión, tanto para su credibilidad a largo plazo, como en el impacto que la misma podría tener en la obra futura de Swans.

Por todo esto considero que The Seer no debe ser el disco del año. Por todas estas razones odio tanto este disco. Por todas estas razones al final he llegado a amarlo. Por todas estas razones, no pienso poner nota a The Seer. Sería ponérselo demasiado fácil. Que sean mis palabras las que hablen.

Atentamente suyo. Cronopio.