Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Christopher Owens – Lysandre: la melindre redicha

Superferolítico, qué adjetivo tan adecuado. Te has pasado de frenada, Christopher Owens, y esta vez no había nadie para ponerte las pilas, para decirte que probases a hacer mal las cosas a ver si así te salían bien, como ocurrió dos veces, en Father, Son, Holy Ghost y en Girls. Te has creído que no podías fallar (y es normal, cualquiera con tu pasado reciente lo habría hecho), pero has dado con un disco tan finísimo, tan delicado, tan primoroso… que no hay quien te aguante. Superferolítico, sí.

Christopher Owens: soy un primor porque el mundo me ha hecho así

You could act precocious, you could be ferocious
You can run away from me and hide
But I’m not gonna worry, I’m not in a hurry
You will come around to me in time

La culpa la tiene él y la tiene también el mundo que le rodea. Se pasaron tanto tiempo hablando de lo genio que era, de lo maravilloso que era la historia de la Secta y demás que nadie pensó en Chet White y en lo MUY responsable que se había convertido de Girls. Tampoco pensó nadie en John Anderson y, ojo, que ahí había también algo especial.

Sí, las canciones las firmaba Chris, pero el sonido era cosa de Chet, y es posible que muchas de las que hoy recordamos como grandes momentos estelares del grupo jamás hubiesen llegado hasta allí si no fuese por los enfoques, por la perspectiva diferente a la hora de afrontarlas. Lysandre, quizás, fuese bastante más soportable sin que Chris estuviese guiando las canciones por el mismo sendero de dulzura, intimismo y tono pastel todo el rato.

Venga, Chet, sal a bailar, que tu cuerpo se mueve fenomenal.

Lysandre: se va a enamorar de ti tu santa madre, guapa

I’ll always make time for love

Owens estira tanto el juego con Lysandre que, al final, consigue que esto no parezca tanto un disco de amor como uno de obsesión tontuela. Son canciones de amor hechas por gente que, más que enamorada, es en realidad muy pesada. Los conocéis, es posible que hayáis sido de ellos, no pasa nada porque muchos hemos sido de estos. Pero pocos teníamos una guitarra a mano, algunos de hecho nunca hemos querido tenerla y somos conscientes de nuestras limitaciones. Chris Owens se ha venido arriba.

Lysandre intenta, una vez más, que como ocurría en Girls lo chungo sea guay. Por ello es aún más dura la comparación: porque el saxo de ‘New York City‘ te saca de tus casillas en vez de encajar. Porque el jazz de sala de espera de ‘Riviera Rock‘ no hay por dónde justificarlo. Porque es así una y otra vez, y las melodías transversales que recorren el disco no te hacen engancharte, te echan fuera.

Porque cuando Chris canta lleno de autosuficiencia y se pregunta qué pasaría si, en realidad en vez de bueno fuese un capullo farsante, un phony, uno puede imaginarse Lysandre como su Ernie’s particular, el sitio donde te aplauden pero no sabes si lo estás haciendo bien o mal.

El trágala de la melindre

What if I’m just a bad songwriter
And everything I say has been said before?
Well, everything to say has been said before
And that’s not what makes or breaks us up
(…)
What if everybody just thinks I’m a phony
What if nobody ever gets it
Well, some people never get anything
And I shouldn’t care what people think

4.8/10

No es (sólo) un disco de cantautor, es un disco engolado de alguien con dificultad para medir donde acaba lo dulce y empieza lo insoportablemente afectado, la melindre. Y nuestro problema no es que no aceptemos lo sensible o que incluso neguemos la posibilidad de que de algo cursi pueda salir un disco hermoso. Si así fuese, jamás habríamos podido entrar en ese disco-con-una-de-las-mejores-portadas-EVER que fue Father, Son, Holy Ghost. Nuestro problema es que Owens nos ha hecho un trágala de la melindre. Y, sobre todo, la peor sensación (y perdonadme el lenguaje no inclusivo) es la de que he ido a una cita con una chica y me he pasado todo el rato pensando en otras. De que hemos dormido juntos, pero hemos soñado con otros. Ay, Chet.