Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

El geografismo de El Niño Gusano: un recorrido por el universo de la mano de sus canciones

“El Niño Gusano” src=”http://img.hipersonica.com/2013/01/El Niño Gusano.jpg” class=”centro” />De vez en cuando, menos de lo que debería, vuelvo a escuchar los discos de El Niño Gusano. Los conozco de memoria. Cada vez escucho menos discos completos y cada vez más opto por recurrir a las canciones que más adoro. Lo hago porque nunca es como la última vez, porque siempre descubro nuevos dobles sentidos y universos temáticos. El último en el que he caído es su geografismo. La discografía de El Niño Gusano recorre muchos lugares, dentro y fuera de España. Sus canciones son, literalmente, ciudades, países y sitios físicos. Y eso me fascina.

Me he inventado la palabra pero no sé si me importa mucho. Geografismo: dícese de la voluntad de Sergio Algora de aparecerse allá donde él desee. El Niño Gusano tituló su primera grabación Palencia EP. Aún hoy resulta de un sentido del humor fantástico iniciar una carrera musical homenajeando a una ciudad en medio de la eterna y vacía estepa castellana. ¿Vosotros conocéis a alguien de Palencia?

En tu nariz se pudre el corazón.

Dentro de Palencia EP se encontraba ‘Yukón’, que es un gigantesco estado canadiense fronterizo con el no menos enorme estado norteamericano de Alaska. En ‘Yukón’ había vasos que brillaban como el sol, conductores de camiones que bebían demasiado alcohol, una honda y desgarradora tristeza, amores que olían mal y honores deshonrados. De ‘Yukón’ hay dos versiones. Ambas forman parte de Fantástico Entre los Pinos, el disco recopilatorio de rarezas que, en manos de El Niño Gusano, eran realmente raras.

Con su bigote de gato.

Algora repetía “Yukón, Yukón, Yukón” como un lugar al que huir tras tanto dolor. Y era dolor auténtico, capaz de filtrarse en todos los rincones del cuerpo, capaz de punzar angustiosamente todos los huesos del esqueleto. El siguiente paso geográfico de El Niño Gusano no nos llevaría tan lejos. Circo Luso fue su disco debut, y ‘La mujer portuguesa’ un crisol de melodías sonrientes, píldoras psicodélicas y bandurrias aragonesas. Todo en ‘La mujer portuguesa’ es una gigantesca broma, que utiliza uno de los tópicos más celebrados de la cultura española para reírse de todo el mundo.

Sonaba muy dulce la lluvia en la pared.

No se acabarían ahí las referencias geográficas en Circo Luso. En ‘Navarra’ El Niño Gusano volvería a acudir a la música popular y a los instrumentos acústicos para hablar de esquizofrenias y atracciones fatales. A veces me pregunto qué habría sido de El Niño Gusano si hubieran hecho de la enajenación un tema central de sus canciones.

Un caliente biberón quema toda la lengua / que forra el sillón, que vuela a otro planeta / donde mujeres sin cabeza no la pueden chupar / no pueden chupar la lengua que tú sueles hablar.

Antes de continuar, hay que volver a los inicios del grupo. En 1995 los zaragozanos publicarían un segundo EP, titulado Bernadutz. Allí Algora volvería a recurrir a una ciudad castellana para el título de una canción, la quinta y última de su segunda grabación: ‘Valladolid Buenos Días’. “¡Eh! ¡Átame a las patas de tu caballo!”, gritaba Algora. Muchas veces no entiendo nada de lo que dice. Según Google, en Valladolid hay un bar que se llama Buenos Días. No sé si se refiere a eso. Me da igual.

¿Os acordáis de cuando en 40TV emitían videoclips de El Niño Gusano?

Por mi nombre ningún hombre ya responde.

Yo conozco a más gente que ha estado en Lourdes que en Palencia. En Lourdes hay un montón de rotondas, y todas te dirigen a “toutes directions”, en un demencial juego al que sólo los franceses deben encontrarle gracia. El Escarabajo Más Grande de Europa fue el último disco de El Niño Gusano, y ‘Lourdes’ una de sus canciones más redondas. La guitarra de Vinadé, los arreglos de viento, la voz de Algora. En ‘Lourdes’ todos los sueños se vuelven pesadillas, las voces del planeta se apagan y las fotografías se afeitan. En Lourdes hay un gran santuario, que en realidad es una gran farsa, y todo es una fingida representación de la decadencia humana.

A nuestra estancia enmoquetada se pasa sin llamar.

“Donde estamos nosotros no puedes estar. ¿Dónde estamos nosotros? Donde estamos nosotros. ¡Dónde estamos nosotros! Nadie puede estar, nadie puede estar”. Creo que ‘Yugoslavia me gusta más’ es mi canción favorita de El Niño Gusano, lo que implica ser una de mis canciones favoritas de siempre jamás. Sólo dura un minuto y medio. Siempre se me hace corta. Es maravillosa. Yugoslavia es un nombre fascinante. Algora repite absurdamente lo mismo una y otra vez, pero yo juraría que nunca le he entendido tanto como aquí. Es verdad que Yugoslavia me gusta más.

¿Por qué estás cansado?

Vinadé dijo: “Estoy tan cansado de ser como soy”. Y El Niño Gusano murió. ¿Para siempre? Para nunca. ‘Soy ruso señor’ es la última canción del grupo. La que cierra el también geográfico El Escarabajo Más Grande de Europa. También es una canción triste. Rusia debe ser un lugar triste. Según El Niño Gusano, en Rusia la gente se marca goles en propia meta, nada queda por decir, nadie puede ayudar a nadie a cumplir los sueños, ni siquiera a ejecutarse a uno mismo. La redención es un viaje repleto de melancolía, atado a un timón, de la mano de un Gran Capitán, con Rusia a la vista.

Nunca la escucharé lo suficiente para escuchar todo lo que tiene que decir.

Pronto estaremos con ella, nadie tiene sueño, nadie volverá.

Si hay un lugar remoto al que El Niño Gusano viajaron en sus canciones ese fue el espacio. No sólo pusieron su mente al sol, sino que también, en el mismo El Efecto Lupa, montaron en un cohete a propulsión para llegar a la luna. El Niño Gusano cerraba de este modo su disco más reconocible y seguramente el más genial. ‘Un viaje a la luna’ es un dulce viaje a ninguna parte, porque allí a donde vas no existe modo alguno de volver. Ni falta que hace.

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