Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Steven Wilson – The Raven that Refused to Sing (…and other Stories): si lo llaman el gurú del prog es por algo

Dando las gracias a esos piratones que habitan en el este de Europa, un servidor ha podido escuchar y analizar, con mes y medio de adelanto, uno de los discos más esperados para este 2013. El ‘nuevo-viejo’ gurú del prog ya está aquí de nuevo y viene, a golpe de martillo sobre ipod, dispuesto a reafirmarse como la mayor figura del rock progresivo actual. Si esta review crea hype en vosotros, ya sabéis que tenéis que ir a la Madre Rusia a quejaros.

Porcupine Tree: crónica de una muerte anunciada

Steven Wilson ha estado este pasado 2012 a punto de generar un cataclismo en la fuerza prog tras el anuncio, al menos por mí esperado, de que Porcupine Tree iba a entrar en un periodo de stand-by del cual Wilson no nos garantiza que vaya a salir al menos en un corto plazo. Lo que para muchos supuso la peor noticia que el mundo del prog podía darnos el pasado año, para mí fue probablemente la mejor, ya que a mi entender la fórmula de Porcupine Tree llevaba agotada un par de lanzamientos y se hacía más que necesario un ligero parón.

Obviamente mi alegría por esa noticia no radica en la falta o ausencia de Porcupine Tree (Roger Waters me libre), sino en que la carrera en solitario de Steven Wilson (a decir verdad Porcupine Tree era casi un proyecto en solitario pero con otro nombre) iba a tomar un mayor impulso, considerando obviamente que, al menos desde mi punto de vista, Porcupine Tree ya tenía poco que ofrecer en comparación con la carrera como solista de Steven Wilson.

Todo esto que os comento viene a ser corroborado por lo que ‘The Raven that Refused to Sing (…and other Stories)‘ nos ofrece, disco que desde ya cuenta como candidato claro a disco prog del año 2013.

Mismas armas, misma fórmula

Es bastante obvio que la carrera musical de Steven Wilson va a verse afectada por el deceso de Porcupine Tree, banda que le dio a conocer y en la que ha ocupado más de 20 años de andadura artística. Sin embargo, tras el magnífico album con el que nos obsequió en 2011, Wilson nos dejó claro a todos que se había quitado un peso de encima, que se había librado de los corsés que Porcupine Tree y la coherencia en el sonido del grupo significaban para la libertad y experimentación creativa del músico. Así fue como en ‘Grace for Drowing‘ Wilson logró combinar la tranquilidad y las oscuras atmósferas de ‘Insurgentes‘ con la inmensidad conceptual de ‘The Incident‘, dando a luz probablemente a su mejor obra, o la más completa, desde tiempos de ‘In Absentia‘, y sin contar la actual.

Esa combinación de elementos también sigue presente en ‘The Raven that Refused to Sing‘, pero con unos ligeros cambios. Mientras que ‘Grace for Drowing’ fue un álbum mastodóntico, a imagen y semejanza de ‘The Incident’, donde era muy complicado no desconectar en algún momento ante la avalancha de detalles con la que Wilson nos seducía, en este nuevo disco todo está mucho más cohesionado y articulado de una forma mucho más coherente y armoniosa, logrando que la áspera experiencia que supuso el primer contacto con ‘Grace for Drowing’ se torne en una placentera escucha en este último disco ya desde el primer momento, constituyendo un viaje que se pasa en un auténtico suspiro, lo cual, habla y muy bien del trabajo realizado por Steven Wilson.

No es un viaje a los 70, es pertenecer a esa década

Como se puede entresacar de lo que os he comentado antes, ‘The Raven that Refused to Sing‘ no supone ninguna brecha en lo estilístico en comparación con anteriores lanzamientos de Steven Wilson. Sin embargo, sí que hay algunos matices que es conveniente destacar pues pueden marcar el camino futuro a transitar por el músico inglés. El comienzo con ‘Luminol‘ deja muy a las claras que los años 70 no se marcharon jamás y que con gente como Wilson en activo jamás lo harán. Mientras que en la obra de Porcupine Tree o sus dos primeros álbumes en solitario los años 70 no eran más que un recurso a utilizar pero manteniendo una personalidad bastante más moderna, en este último disco los 70 son el punto de partida, son la única y verdadera razón de ser.

Así, la estructuración de los temas o el sonido más clásico que Wilson ha imprimido a sus nuevas canciones, desterrando los ramalazos drone que tan frecuentes han sido en los últimos tiempos, dejan claro que la intención de virar hacia un sonido más clásico es más que notoria. Ya no se trata de homenajear a King Crimson como en discos anteriores, sino de convertirse en un igual, en sonar tal y como sonaba la banda de Robert Fripp o Genesis con todo lo que ello conlleva. En ‘The Holy Drinker‘ queda bastante patente esto que afirmo, ya que el espíritu de la experimentación aparentemente anárquica de King Crimson convive de forma clara con composiciones que perfectamente podrían haber salido de la mente de Peter Gabriel y la guitarra de Steve Hackett en la época más art-rock de Genesis. La inclusión de instrumentos como la flauta o el saxofón, los cuales ya estaban presentes en ‘Grace for Drowing’ pero con menos protagonismo, no hace sino reforzar la anterior reflexión.

Referencias que no se pueden dejar pasar por alto

Aparte de todo lo anterior, es imposible hablar de este álbum y no hacer referencia a la participación de don Alan Parsons, quien ha sido responsable de las mezclas del álbum y ha actuado como un factor más a añadir a las razones de peso para que este disco no sea un homenaje a los 70 sino un disco de los 70 propiamente dicho. Sin embargo, sí que hay cierto homenaje en la obra, ya que es más que patente que este ‘The Raven that Refused to Sing‘ tiene como referente claro a la obra maestra que Alan Parsons ofreció en 1976, ‘Tales of Mystery and Imagination‘, el cual también tuvo como referencia literaria a la obra de Edgard Alan Poe.

Huelga decir que el tener como referente letrístico a escritores románticos como Poe u Oscar Wilde es obvio que la oscuridad y la recreación de lóbregas atmósferas jueguen un papel fundamental en el disco, tanto en el aspecto sonoro como en el temático. Es en este punto donde se encuentra otro de los principales aciertos del álbum, ya que Wilson es capaz de conjugar con maestría el sonido rock clásico con la inclusión de elementos y arreglos sonoros destinados a dotar a la obra de una oscuridad que el rock progresivo de los años 70 no tenía en esencia. Así, las transiciones entre desarrollos progresivos, solos efectivos aunque nunca virtuosos y la recreación de todos esos elementos orientados a trasladarnos a la imaginación de Wilde o Poe son conjuntados de una forma tan armónica y coherente que dota al album de una homogeneidad en la que reside parte de su grandeza.

Steven Wilson, el ejecutor

En manos de otro artista la suma de elementos que significan temas como ‘Luminol‘, ‘The Watchmaker‘ o la homónima ‘The Raven that Refused to Sing‘ habría supuesto un compendio de muy buenas intenciones pero pobre ejecución. Sin embargo, con Steven Wilson al frente, estos elementos, a priori dificilmente combinables, son ajustados con una increíble maestría que dota de la naturalidad y cohesión que he destacado en varias ocasiones en esta crítica.

9.2/10

The Raven that Refused to Sing se erige como la obra definitiva de Steven Wilson, la más completa y coherente, donde ha logrado dar con la fórmula correcta para alcanzar la inmortalidad y subir al olimpo del prog junto a sus ídolos Robert Fripp, Steve Howe o Peter Gabriel. Quizás no cuenta con singles tan claros o temas tan destacados como en sus dos anteriores lanzamientos, pero el conjunto brilla bastante más al ser este disco mucho más comedido en algunos aspectos y equilibrado en otros. No sé si alcanzará para ser el mejor disco prog del año, pero de momento sí que es el mejor disco de Wilson en casi 10 años (mejorando a su anterior obra), que no es moco de pavo.