Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Audrey Horne – Youngblood: en el Inner Circle también saben de Hard Rock

En Escandinavia parecen empeñados en demostrarnos que cualquier tiempo pasado fue mejor. Mientras nos miran con ese paternalismo propio del que inventó la regla de oro y llevan cumpliendo a rajatabla eso de no gastar más de lo que se ingresa desde hace más de medio siglo, su engreimiento se va tornando mucho más acusado cuando nos centramos en cuestiones más mundanas, más banales. Vamos, cuando hablamos de música.

Suecos y noruegos sobre todo llevan unos cuantos años bombardeándonos con propuestas que aparentemente son más propias de las décadas en las que nuestros padres se moceaban, se fumaban el primer peta y acudían a guateques. Sin embargo, esa pasión por el revisionismo de estos vikingos nos ha ido llevando paulatinamente hacia terrenos más cercanos, más conocidos por todos aquellos que nos criamos viendo los Fraggle Rock. En este punto es en el que aparecen Audrey Horne, unos noruegos que en su cuarto lanzamiento vienen a contarnos qué buena fue la década de los 80 y qué bien puede combinar con lo que lo petó en los 90.

Surgidos de las cenizas del Inner Circle

Probablemente el hecho más distintivo y curioso al que nos enfrentamos cuando acudimos a la biografía de Audrey Horne es la procedencia de sus miembros, geográfica y musical. Mientras que lo normal hubiese sido que esta gente proviniese de un instituto de la soleada California, con antecedentes musicales centrados en el Metal clásico y coreable del Reino Unido o la costa oeste norteamericana, la realidad nos ofrece el dato curioso de que estos músicos son antiguos componentes de esas bestias diabólicas salidas del Inner Circle, Enslaved y Gorgoroth.

Así, a inicios de la década pasada, no sabemos si cansados del Pagan Black Metal o simplemente porque tenían ganas de pasárselo bien y tener un bus lleno de grupies esperándoles al final de cada concierto, los locos que se embarcaron en el proyecto de Audrey Horne decidieron borrar todo lo que habían hecho hasta el momento y comenzar una carrera en un género diametralmente opuesto con lo que se habían venido haciendo hasta entonces.

En 2002 fue cuando, tras los inicios en el virage de Enslaved hacia terrenos progresivos o la reciente entrada de ese gentleman del black, Gaal, a Gorgoroth, el vocalista Toschie se unió a los guitarristas Ice Dale y Thomas para iniciar la andadura de Audre Horne, primero en terrenos más cercanos al Rock Alternativo para ir transitando paulatinamente en la senda del Hard Rock y el Metal más clásico, pero manteniendo una esencia bastante noventera.

Youngblood, el nexo de unión entre tres décadas

Como se puede entrever en aquello que os he ido contando hasta el momento, los pilares en que se apoya el sonido de la banda noruega es el Metal y el Hard Rock más clásicos, eso sí, aderezados con un tratamiento de la melodía, ya sea instrumental o vocal, totalmente propias de los grupos que reventaron las listas de ventas en la última década del pasado siglo.

Todo esto se hace patente con una efectividad es casi insultante en el tema que abre Youngblood, ‘Rendemption Blues‘, donde la combinación existente entre ideas clásicas y un tratamiento melódico propio del rock más moderno, nos lleva a pensar que de haber aparecido unos lustros antes, estos noruegos lo habrían petado a base de bien, no ya solo entre sujetos con hombreras y chupas de cuero, sino entre aquella tribu urbana que proliferó esos años, llena de sujetos con pantalones anchos y mochilas Eastpack.

Esos punteos que se doblan como si fueran tocados por Dave Murray y Adrian Smith, esos riffs que parecen sacados de la mente de Glenn Tipton o esos tempos que tan pronto nos recuerdan a los Metallica del Black Album como a los superventas Van Halen, son aderezados con una filosofía mucho más moderna, la cual queda patente sobre todo en la forma de afrontar los estribillos por parte del vocalista Toschie.

Un disco que es carne de directo

Uno de los grandes aciertos de este álbum es, como ya os he contado, la efectividad con la dos décadas de música Rock son combinadas, como si los estilos que emanan de cada uno de los momentos estuvieran diseñados para acabar estrechamente relacionados uno y otro. Sin embargo, a estas cuestiones más técnicas debemos unir la brillantez de algunas de las composiciones, las cuales, a pesar de contar con una vocación claramente comercial, funcionan muy pero que muy bien.

Esto queda de manifiesto sobre todo en la forma de estructurar los temas y en como los afronta el vocalista, con una actuación no virtuosa pero sí muy convincente, generando unas canciones las cuales van a ser coreadas sin duda con vigor y potencia por el público asistente a sus conciertos. Un ejemplo de esto que os cuento son canciones como la acelerada ‘Straight into your Grave‘ y ese final a doble bombo diseñado para ser acompañado por la voz de una sala abarrotada, la ironmaidenesca en esencia ‘This ends here‘ o ‘Pretty little Sunshine‘ y esa letra tan propia del rock más ochentero.

Hard Rock con alma alternativa

Por ponerle algún pero al disco, se echa de menos algún que otro tema más pausado que signifique un descanso ante tanto riff, tanta batería a toda pastilla y tanto tema coreable. Esta afirmación se reafirma al ser patente que en el momento en el que levantan el pie del acelerador son capaces de regalarnos piezas tan disfrutables como la que da nombre al álbum o ‘Cards with the Devil‘, tema en el que suenan mucho más modernos, como si fuera un nexo de unión con sus discos anteriores.

Aparte de esto tengo serias dudas al respecto de cómo acogerá el público mayoritario un disco como éste, el cual está diseñado para haberlo cautivado unos 15 años antes pero que en este momento puede que lo reciba con bastante frialdad. Obviamente siendo noruegos no creo que contasen con lograr una gran repercusión (todos sabemos cómo funciona esto de la música), pero el proceder de donde proceden y que sea un disco de difícil ubicación temporal puede que sean factores que operen en contra de Youngblood, tanto de cara al público como de cara a la crítica musical.

7.5/10

Personalmente un servidor ha disfrutado como un enano con la escucha de este disco, el cual ha supuesto una más que grata sorpresa. Obviamente no se encuadra en uno de mis géneros favoritos, pero negar la calidad de este lanzamiento sería una injusticia y una necedad por mi parte. En Escandinavia siguen empeñados en recordarnos que en lo musical vamos a peor. Por mí, mientras sigan haciéndolo con la brillantez que lo vienen haciendo las bandas que ya sabéis, que sigan el tiempo que quieran.