Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Chucho, la misión religiosa de un perro sexual

Las influencias de origen van marcando todo lo posterior, consciente o inconscientemente. Fernando Alfaro creció con Elvis, de quien reconoce haber sido fanático y afirmar: “Hay dos tipos de música: la de Elvis y el resto” (2011, Rockdelux); creció con la religión de cerca, temática que le sirve para expresar su visión del ser humano, la visión de sí mismo; creció con otros referentes rotos como la Velvet Underground a los que añadió, como tantos otros, capas de suciedad, de violencia y desgarros compartidos en Surfin’ Bichos con los Pixies, para al final, acabar con los años volviendo a aquel ‘Suspicious Minds’ de autodestrucción amorosa y personal en un Chucho que nos ha dado algunos de los mejores álbumes de la música nacional.

La orquesta del hundimiento

Fernando Alfaro entra dentro de la categoría de los artistas que prefieren transmitir la tristeza de forma animada, con un contexto en el que se crea el contraste entre los duros mensajes y la melodía cada vez más alegre, abierta y clara a medida que Chucho va quemando etapas. Una disonancia cognitiva que varía según el tipo de escucha del oyente.

En un inicio, el Chucho de Alfaro se quedaba con la versión dura de Surfin’ Bichos, junto a Juan Carlos Rodríguez al bajo y Javier Fernández a la batería. El lado más sucio, mientras que Mercromina, con Joaquín Pascual al frente acompañado de Carlos Cuevas y Jose Manuel Mora preferían irse hacia Galaxie 500. La portada de aquel EP homónimo de 1996 mostraba los dientes de un artista que ya llevaba con ese animal de compañía dentro desde que en 1989 con su anterior grupo diese vida a ‘Un perro feliz‘.

Chucho preferían un sonido de Shoegaze y Punk para su ‘Conexión de hueso‘ para años más tarde acabar esperándonos disfrazado con el Pop de orquesta en ‘Túnel de Lavado‘ donde él mismo canta: “nada cambia nunca, ni nadie, / así que ahórrate trabajo y muérete ya, Fernando”.

Y es que esta dualidad de sensaciones ya lo tenían en Surfin’ con los 80 de ‘Gente Abollada’. En Tejido de Felicidad (1999, Chewaka) va incrementándose, con Miguel Ángel Gascón ya a bordo como segundo quitarra. Chucho se pasa al Pop, Violent Femmes y Talking Heads más en mente, experimentan con ideas electrónicas accesibles lógicas por aquel entonces, puesto que en 1999 el Trip Hop y el Downtempo contagían (por desgracia) a múltiples artistas. Aunque en el caso de Alfaro Carlos Berlanga y Vainica Doble están más cerca en ‘Magic’ o ‘Revolución’. Y como excepción: ‘Aguacero al infinito’, su caída hacia algo de Metal (sin ser tal, claro).

En Los Diarios de Petróleo (2001, Virgin) repite una de sus cimas creativas, como era su anterior álbum, superándose con un trabajo donde no faltan los arreglos, con una producción propia junto a Kaki Arkarazo, de nuevo. La orquesta del hundimiento del Titanic sustituye a las dentelladas dadas por aquel perro del EP en edición limitada, Isabel León, voces infantiles y Juan Carlos Rodríguez se afanan en coros y réplicas que convierten, junto a todas las cuerdas y los teclados, el álbum en el más alegre de Chucho en cuanto al acabado.

Tres años más tarde Koniec (2004, Sinnamon), esta vez con producción a cargo de Joe Robinson y el propio grupo, marca el hundimiento final del barco. Después de los excesos bien acoplados a unas historias únicas llega un trabajo crudo, que mantiene el optimismo pop anterior en coros y sensaciones pero que a la hora de compararlo con los anteriores nos encontramos con un Chucho domesticado. Un Chucho envejecido; que no por ello negativo (aunque sea excusatio non petita).

Si seguimos con la analogía, en aquel entonces este Chucho tenía ya 56 años perrunos, con cuatro álbumes publicados y un EP inicial igual de destacado. No había necesidad por recrear un traje más recargado para unos mensajes de sobra enrevesados.

Alfaro se había convertido en 2004 en su crooner particular, en su Elvis pasado de rosca, en su Lou Reed pasando de todo con su chándal. Adiós a la orquesta. Con Chucho como proyecto al que se le apagaba la mecha, pasando de la alegría previa a una mayor dureza en las letras.

La batería de Javier Fernández es la única que ha resistido a todos estos cambios, ya que tanto las guitarras han ido variando, junto a sintetizadores, viento metal, cuerdas… Una parte esencial de Chucho en ese juego del contraste de sensaciones. Una batería contenida, aterrizando al huidizo Alfaro en esta aventura con un sonido cercano a la sobriedad de Maureen Tucker en ‘Sister Ray’ que fue tan copiada por este tipo de grupo, con el toque más punk en los primeros años.

El Ángel Alfaro

No todos los artistas despiertan el interés de los teólogos (salvo para generar algún titular amarillista), menos aún los artistas de las escenas con menudo impacto mediático masivo, como es el caso de Fernando Alfaro. ‘El salmista enfurecido: Lo religioso en Surfin’ Bichos‘ es el artículo que publicó el bachiller en teología Antonio García Ramírez en la Revista Univesitaria de Teología de Albacete (RUT) resumiendo su tesis sobre dicho tema.

Una cita de dicho artículo sobre cómo Alfaro “habla de Dios”:

Emplea con mucha frecuencia el lenguaje religioso aunque en un tono muchas veces cargado de una ironía más que ácida. En sus textos encontramos el rechazo a un Dios convencional que legitima y tranquiliza conciencias y que enorgullece seguidores portadores de una verdad y un discurso que apenas ponen en práctica, un Dios ya imposible. También queda fotografiado, a veces solo en negativos, un Dios buscado y presentido en palabras e impulsos amorosos, pero que se desvanece al quebrantarse el alma. Por último escuchamos el grito jubiloso del ¡Aleluya! que proclama la presencia divina que nos envuelve y protege del sin sentido de la muerte.

Si el Gospel sirve para enfatizar la creencia de una comunidad por algo no palpable la música que firma Fernando Alfaro serviría de antítesis. La palabra ironía usada por el teólogo se queda corta.

El por qué de esta aparición religiosa tan recurrente en sus letras tiene que ver, entre otras cosas, con la educación católica que Alfaro recibió en su día, educación que se sumó a su contexto personal, al igual que la música estadounidense que escuchaba en géneros como el Gospel o el Blues, con constantes referencias a tal tema. No obstante, vivimos en una sociedad de raíces cristianas, por lo que son recursos comunes.

El propio Alfaro hablaba sobre este asunto en Ruta 66 (2001):

Deshacerte de la religión como estamento no quiere decir que todo eso desaparezca. Las mismas preguntas y el mismo miedo siguen estando ahí, por las mismas razones que motivaron el nacimiento de la religión, por lo menos a mí me ocurre, tengo ese tipo de inquietudes.

Yo al principio me defendía mucho de esto, con la excusa de que la atracción por la religión era algo estético y que si me atraía la Biblia era como obra literaria, pero con el tiempo descubro que no es así, que ese tipo de inquietud o búsqueda espiritual, llámale como quieras, forma parte de mi vida también, además a un nivel parecido al amor carnal o a experiencias con las drogas.

Sirve para verte reflejado, que al fin y al cabo es lo que pretendes cuando haces música; lo que haces es un poco contarte a ti mismo y sacarlo fuera, en mi caso es algo que necesito para no volverme loco. Las preguntas existenciales sobre Dios y todo lo que lleva consigo, si es que existe o no, a mí desde luego me motivan.

El imaginario religioso de Fernando Alfaro es más fuerte en 78 que en próximos trabajos. ‘Un ángel turbio’, ‘El ángel inseminador’ y ‘Mi anestesia’ son ejemplos claros. En las siguientes entregas se ven pinceladas usadas por lo general con un sentido de castigo como en ‘El mundo en un segundo’ o ‘Mare Nostrum’ (“Son tus palabras la Historia Sagrada, / como pedradas que nos despellejan, bonita pareja en carne viva“) de Tejido de Felicidad.

En Los Diarios de Petróleo las vemos en ‘El secreto de la ciencia’ usadas como recurso sexual (“Nunca imaginé que el mundo se iba a abrir/ como tú ante mí,/ como el mar ante mí,/ como a Moisés…“) o con juegos cercanos como ‘El vientre del firmamento’. Y en Koniec podemos escuchar un tema como ‘La religión’ con la referencia a ‘Noche oscura’ de San Juan de la Cruz para otra letra de amor de Alfaro. Otra prueba más de Dios para purificar a los hombres. Sin olvidar ‘Esto es mi sangre’ publicada en el primer EP, entre otras tantas que quedan en el aíre.

Cierro el tema con otra cita sobre la tesis mencionada antes:

Sí es observable una presencia divina opresiva en muchas de las canciones, opresiva por ser impuesta por muchos condicionantes eclesiales, sociales, familiares… pero que no deja ser también un recuerdo propio. La Iglesia debe escoger entre ser de autoridad o de llamada , cuando es de autoridad es imposible el diálogo con el hombre que se plantea desde algún desierto íntimo el significado del vacío, la experiencia, tan personal como la fe, de la ausencia de Dios.

El feliz Sade

Dejando las críticas del Marqués de Sade a la religión aparte, la violencia y pasión del escritor francés nos valen como punto común para hacer referencia a algunas de las letras de Alfaro. El perro feliz suele estarlo con letras sexuales que van acompañadas de una violencia que no pasaría por el microfiltro de algunos. Ya sea ‘Fuerte’ en la época Surfin’ (con más referencias al Nuevo Testamento) o ‘Perruzo’ (de nuevo con santos de por medio: “Soy un chucho, un perruzo, / tengo sed y hambre, / tengo sed, tengo ganas de meter“).

Alfaro junta el aspecto que en otros quedaría de lo más cursi (como el juego de voces cantando en ‘El secreto de la ciencia': “Decid “A”, (A)/ decid “MOR”: (MOR)/ “AMOR!“) con lo que podríamos esperar de otros grupos como Extremoduro (“Ya sabes que siempre se me pone dura el alma / de tocarte, acariciarte con los dedos“, en ‘Erección del alma’).

Es más, esta unión entre temas a priori (o no) opuestos como son religión y sexo son los que dominan en ‘El ángel inseminador':

El ángel exterminador inseminó a María,

su negra espada de fuego le alumbró la cara.

El ángel exterminador con flores a María,

labró un camino de miel y fuego en su mirada.

Si las referencias religiosas son cruciales en Alfaro, las sexuales lo son más. Los temas de Chucho que le unen con su etapa anterior como ‘Pegado a tus pies’ (“En tu torbellino / al vértigo me agarraré. / Seré tu asesino, / ¿quién quiere ser rey? / Estaré pegado a tus pies,“.

Y si no las deja caer igual, como en ‘Un agujero excéntrico':

Geometría Animal,
la religión del bajovientre volverá
como en los tiempos de los romanos,
en que las manos obraban
milagros con libertad.

Un recurso habitual en todos estos años de carrera que suele combinar con los ritmos más acelerados y pegadizos. Como en ‘Te exprimiré hasta la tumba’, de nuevo con guitarras y cambios de ritmo claros:

Hoy te esperaré negro de emoción,

como una obsesión te perseguiré,

te perseguiré, te perseguiré …

Te cogeré,

te exprimiré hasta la tumba.

No todo es religión y sexo, también hay nanas

Con un autor como Fernando Alfaro los significados son múltiples, canciones generacionales para los oyentes que las hacen suyas y cada uno damos un sentido distinto. Entre todas ellas, también hay otras que destacan al margen de religión y sexo.

Chucho puso fin (temporal o no) con Koniec donde nos dejó ‘Y Minera‘, una nana perfecta que me recuerda a las estructuras de Vainica Doble. Una mezcla entre ‘La funcionaria’, ‘Coplas del iconoclasta enamorado’, ‘El Rey De La Casa’, ‘Ser Un Rolling Stone’ y ‘El Rey De La Selva’.

La droga fue otro de frente que Alfaro reflejó en Chucho, frente que vivió de forma personal. ‘Extrarradio’ o ‘Esos vinos de reserva’ son dos ejemplos de ello.

Y por destacar una última canción: ‘Mi padre’ con dos versos (y más recursos religiosos dentro):

Me acuerdo cuando volé de casa

y me recogiste y yo te odié.

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