Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Groundhogs – Split: y Tony Mcphee se fumó no sé que polen…

Mucho hemos hablado estos últimos tiempos del renacimiento del auténtico blues psicodélico, el de los guitar heroes, el de las jams interminables y el de las toneladas de LSD. Gente como Graveyard o Troubled Horse y sus suecadas, los anteriores y desaparecidos (no sé si para bien) Wolfmother, o los ahora bailables The Black Keys, nos han vuelto a estampar en la cara un género que nunca se había ido, sino que estaba viviendo un periodo de letargo para tomar impulso y reconquistarlo todo.

Antes de comenzar, convendría dejar claro que esta reconquista no habría sido posible si los jovenzuelos no hubiesen recurrido a los antepasados, a los dinosaurios del género para aprovecharse de su legado y reinventarlo. Lo normal es hacer referencia a los diferentes proyectos en que se embarcó Eric Clapton, el imprescindible Jimi Hendrix o los volubles Ten Years After, entre otros, para hablar de herencias, enseñanzas y mentorías. Sin embargo nadie, o casi nadie habla de Groundhogs, y eso no es que sea triste, es que es un atentado. Venid, vamos a escuchar Split y entenderéis por qué.

La escena británica, una sabana llena de leones hambrientos

Tony McPhee se inició en esto de la música recién comenzada la década de los 60. Mientras que 3 de los guitarristas más relevantes de la época comenzaron bajo el abrigo de los imprescindibles The Yardbirds (Eric Clapton, Jeff Beck y Jimi Page), el futuro líder de Groundhogs lo hizo a su manera, primero en solitario y luego con The Dollar Bills, banda que ser convertiría en Groundhogs tras un cambio de nombre y varios cambios de formación (el menú del día en la banda inglesa), todos bajo el dictado de McPhee.

Los comienzos del proyecto no fueron nada sencillos por la tiranía que el supergrupo de Eric Clapton y Jimi Page o el ya establecido John Mayall y sus Bluesbreakers venían ejerciendo de cara al público y ventas. Esto unido a los años de esplendor del pop psicodélico o el nacimiento de un nuevo género de masas como el rock progresivo, significó que Groundhogs tuviesen que hacer frente a varias deserciones por no alcanzar la repercusión esperada para poder lanzar su primer álbum, y, obviamente, algunos cambios en su sonido, el cual iría tomando entidad propia conforme transcurría la década.

Esta búsqueda de una personalidad que diferenciase a la banda de McPhee del resto de las existentes en la escena británica llevó al guitarrista a actuar como una esponja, mostrando un apetito voraz ante todo elemento o influencia que pudiera servir para enriquecer su repertorio personal. Así fue como comenzó a picotear de aquí y de allá con el fin de evolucionar como guitarrista, llegando a ser el guitarrista más versátil de su generación a finales de la década. Obviamente esa versatilidad acabaría puesta en manos de su banda, eso sí, sin olvidar nunca sus raíces, que no eran otras que el blues primitivo del maestro John Lee Hooker (a quien se debe el nombre de la banda).

Le gustamos mucho (a John Lee Hooker), así que nos pidió que le acompañásemos hasta el fin de la gira de 1967. Él viajó casi todo el tiempo de la gira en nuestra caravana, pasando tiempo con nosotros. Ya entonces había decidido dejar de usar púa y comenzar a tocar con los dedos como él. Yo llevaba la guitarra colgada en el hombro derecho, tal y como hacía él. Era mi forma personal de intentar tocar como él, uno de los hombres más impresionantes que hamás he conocido, por su humor y su personalidad

De heredar el trono de Cream a ser casi olvidados

Así fue como se dio inicio a la carrera discográfica de Groundhogs, con un lento pero continuado ascenso mientras McPhee se ‘entretenía’ participando en proyectos junto a los omnipresentes Eric Clapton o John Mayall (llegó a aparecer como músico invitado en el segundo álbum de Groundhogs junto al ídolo John Lee Hooker), con el fin de depurar su técnica como guitarrista, la cual empezaba a recibir grandes halagos por la prensa especializada debido al personal y virtuoso estilo que había logrado desarrollar con tanto esfuerzo.

La fama de Grounhogs comenzó a crecer y crecer hasta que, con el disco Thank Christ For The Bomb editado en el año 1970, lograron auparse al Top Ten del Uk Chart (puesto número 9), situación que generó la más que obvia comparación con la otra banda blues que había venido dominando la escena hasta ese momento, Cream, y una artificial rivalidad entre McPhee y Clapton, quien acababa de estrenarse en solitario.

En el año 1972, con el lanzamiento de Who Will Save the World? The Mighty Groundhogs el grupo se consolidó como la banda blues más importante de inicios de los 70 tras volver a colocar un nuevo álbum entre los 10 más vendidos de ese año, eclipsando totalmente a Rock & Roll Music to the World de sus coetáneos Ten Years After, cuya decadencia llegó con el cambio de década.

Entre los dos anteriores lanzamientos, en 1971, Groundhogs dieron a luz a Split, su mejor disco en cuanto a reconocimiento de público y crítica, el cual llegó a ocupar el puesto número 5 en las listas de ventas del Reino Unido (¿os imagináis ahora a Graveyard haciendo lo propio? Ni siquiera Wolfmother con su fulgurante debut lo lograron).

Con el paso de los años la figura de McPhee y Groundhogs se fue desinflando hasta acabar casi olvidados por el gran público y valorados solamente en determinados círculos muy minoritarios y especializados. Sin embargo, para eso hemos venido hoy aquí, para que desde esta página y de parte de éste quien os escribe, la figura de Groundhogs y Tony McPhee obtengan parte del reconocimiento que se merecen, como una banda fundamental para conocer el blues rock la primera, y como uno de los guitarristas más influyentes, imaginativos y versátiles que nos ha dado el Reino Unido el segundo. Y todo esto, gracias a Split, su obra definitiva.

Una historia de unas semillas y una guitarra

Entonces a Ken Pustelnik le dieron una bolsa de hierba tras una actuación. Él, con intención de hacernos la pelota a mí y a mi mujer, nos invitó a cenar a su casa. Uno de sus inquilinos se hizo unos canutos solamente con el polen que tenía la hierba. Fumé esperando que no pasase nada, pero tuve la experiencia más horripilante, mi corazón latía demasiado rápido y comencé a sudar muchísimo. Me sentía crecer como Alicia en el País de las Maravillas. Salí al jardín a tomar aire y, de pronto, todo lo que veía era un paisaje extraterrestre, como de otro planeta.

Aunque me prometí no volver a tocarla de nuevo, la experiencia me sirvió para escribir Split. El álbum no fue escrito bajo la influencia de las drogas, sino que cuenta lo que me sucedió tras consumir hierba. Realmente es un álbum antidrogas, no dejen que sus hijos se acerquen a ellas.

Efectivamente, Split es un paseo por otro planeta, en el que la realidad aparece distorsionada, la gravedad es mucho más alta y uno escucha voces como si fuera un esquizofrénico. Split no es un disco convencional, y lo que Tony McPhee nos cuenta tampoco.

Tony McPhee, un adelantado a su tiempo

La primera parte del álbum está compuesta por un solo corte dividido en 4 partes, el cual se centra en el viaje cósmico que McPhee acaba de describirnos. Obviamente, como el objetivo era recrear todas esas sensaciones horrorosas que esa marihuana le hicieron pasar, McPhee se erige como el cicerón en un viaje lisérgico en el que su voz (probablemente el punto débil del álbum) y su guitarra se encargan de recrearnos esos paisajes que le dejaron con la sangre helada.

Así, estos primeros cuatro temas conforman una sola entidad cuyas características no se habían escuchado hasta el momento. Ese tratado sobre la incomprensión y la esquizofrenia, aderezado por esos paisajes áridos y ácidos, ese hedor a hierba quemándose generando un ambiente irrespirable, abre ante nosotros un compendio de solos, de efectos de guitarra (al que tanto deben gente como Tom Morello), que desembocan en jams interminables como si el blues de Groundhogs se hubiera topado de bruces con el Rock Psicodélico, hubieran procreado, y Split fuese el fruto de esa unión.

Split – Part 4 by The Groundhogs on Grooveshark

El repertorio de efectos (fuzz, wah-wah o delay) a los que acude McPhee para reflejarnos ese mundo imaginario al que le transportó ese porro es el signo distintivo del sonido de este tema mastodóntico dividido en 4 actos separados pero que tienen una entidad común, en la que se refleja no solo las grandes dotes de McPhee como compositor, sino su gran técnica a la guitarra, la cual está puesta al servicio de un desbordante ejercicio de blues primitivo aderezado con influencias como la Psicodelia o el Rock Progresivo.

Cherry Red, el auténtico hit

Sin embargo lo mejor del álbum, por extraño que parezca, está fuera de esta tetralogía. A pesar de que, obviamente, haya intentado que todos los focos apunten a Split I-IV, no puedo olvidarme de ‘Cherry Red‘ probablemente la canción más importante del disco y la más famosa de la banda. En ella se repiten los esquemas que ya hemos visto en la primera mitad del álbum pero aparece todo condensado en 5 minutos de pura genialidad, en la que los efectos distorsionados en la guitarra conviven con numerosos cambios de ritmo y un toque funky en la parte vocal que convierte el tema en algo totalmente delicioso.

Como es de esperar, en el resto del álbum se mantienen las constantes ya descritas pero con un sonido un tanto más convencional, ya sea en la puramente proto-blues ‘Groundhog‘, en la que homenajean de nuevo a John Lee Hooker, o en ‘Junkman‘, donde vuelven a comenzar de forma aparentemente anárquica como en las piezas que abren el disco solamente como excusa para acabar con una nueva jam instrumental marca de la casa.

Split es una obra que a pesar de lo ambicioso y, aparentemente, transgresor de su carácter, tuvo una magnífica acogida en su momento, lo cual permitió a Groundhogs establecerse en la élite de la escena Blues Rock del Reino unido, la más competida del mundo a inicios de los años 70. Tal fue la repercusión del álbum que fueron llamados por los mismísimos Rolling Stones para que les acompañasen en la gira de Sticky Fingers, lo cual no es cualquier cosa.

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p class=”nota”>9/10

Desafortunadamente, como he dicho en el transcurso de este post, la fama de Groundhogs fue decreciendo con el paso del tiempo a pesar de que no detuvieron su actividad en ningún momento. Mientras que proyectos como Cream permanecen en la mente de todos por su corta duración, probablemente el empeño de mantener en pie al grupo es el factor que les ha restado las más que merecidas alabanzas, pues sabemos que no es lo mismo alabar a un muerto que a uno que deambula tambaleándose desde hace más de 3 décadas. Esa puede ser la razón, pero en esto de la música, casi nunca se sabe. De todos modos, contamos con el mejor vehículo para poder recordar a bandas imprescindibles como ésta, a la que muchos guitarristas actuales deben tantísimo. Split es la mejor forma de traerlos de nuevo a la actualidad.