Hipersónica

Nos hemos vuelto comerciales

Pearl Jam – Ten: Mookie Blaylook suscribiendo a Friederich Nietzche

Como si de habitantes de Fuenteovejuna se tratase, Mike McCready, Jeff Ament, Stone Gossard, Eddie Vedder y Dave Krusen juntaron las manos en alto en una portada para la historia. Ten era el número de Mookie Blaylook, personaje que encarnaba a la perfección el sentir de los miembros de Pearl Jam, y homenajear a ese desafortunado jugador de los New Jersey Nets (ahora Brooklin) fue su forma de expresar como se sentían, lo que veían echando un vistazo al pasado. Algunos de vosotros puede que no lo entienda, pero todos aquellos que frecuentamos o hemos frecuentado el Paseo de los Melancólicos somos unos expertos en ese sentimiento, en esa sensación de que todo nos va mal y que siempre nos puede ir aún peor. En Madrid lo llaman ser “El Pupas”, en Estados Unidos lo llamaron, el “Nihilismo grunge”.

Sobreponiéndose a un duro golpe

La sola muerte de Andrew Wood supuso un golpe tan duro para Jeff Ament y Stone Gossard que se vieron irremisiblemente metidos dentro de una espiral de negatividad y fatalismo existencial autoimpuesta que cerca estuvo de acabar con su carrera musical. Obviamente, no ayudó a evitarla el sentir mayoritario de la generación a la que pertenecían, en la que primaba el sentimiento de que la sociedad occidental estaba en contra de ellos solamente por pertenecer a su generación, sentir que marcó profundamente a toda la comunidad musical de Seattle y especialmente a los descorazonados miembros de Mother Love Bone. Sin embargo, gran parte del existencialismo negativo en el que se sumieron fue por causas propias, por ese magnetismo que victimismo y melancolía siempre han tenido individualizadamente para algunos jóvenes.

Fruto de ese sentimiento fue la elección del que sería el primer nombre de su futura banda, Mookie Blaylook, elección con la que querían dejar claro que se sentían desafortunados pero estaban ‘extrañamente’ orgullosos de ello. En otras circunstancias estar orgulloso por cuestiones similares ha acabado significando una losa en la que esa mala fortuna ha acabado siendo aceptada como excusa totalmente válida ante cualquier tipo de fracaso (que nos lo digan a los seguidores de cierto equipo de fútbol), pero para lo que posteriormente sería Pearl Jam, esa forma de afrontar la supuesta mala fortuna acabó trayendo un resultado exitosamente inesperado, hasta para ellos.

Una maqueta y un surfero de San Diego

Mookie Blaylook ya eran toda una realidad, aunque una realidad incompleta. Tras reclutar al probablemente más talentoso guitarrista de todo Seattle junto a Jerry Cantrell, Mike McCready, y vincular al proyecto al batería Dave Krusen, había llegado la prueba más dura, sustituir a Andrew Wood, sustituir a un amigo. Con ese motivo empezaron un periodo de audiciones, el cual no les ofreció el resultado que esperaban. Siguiendo el consejo de Chris Cornell, editaron una maqueta instrumental la cual enviaron por todo el país buscando un posible vocalista interesado. Gracias a la participación de un amigo, de un amigo, de un amigo de Cornell, es decir, Jack Irons de Red Hot Chili Peppers, un aficionado al surf de San Diego escuchó la maqueta y en menos de 24 horas la envió de regreso a Seattle con su voz acompañando la música compuesta por Gossard y Ament.

La cinta que Mookie Blaylook recibieron en Seatte les dejó en estado de shock. ‘Canta como si fuera una persona real, no un intérprete’ o ‘Puedo sentir lo que él dice que siente’ fueron las primeras sensaciones al escuchar lo que hoy conocemos como Momma Son. De inmediato, contactaron con el surfero, Eddie Vedder si aún no lo habéis situado, y en menos de una semana ya estaba en Seattle trabajando en lo que sería el debut discográfico de Mookie Blaylook.

La llegada de Vedder tuvo un impacto en Seattle que nadie en la banda se esperaba. Fruto de ese impacto, y de la grata impresión que generó en compañeros y amigos, fue que Cornell contase con él para el homenaje a la persona a la que había venido a sustituir, Andrew Wood, en el inolvidable tema ‘Hunger Strike‘, canción que muchos consideran como la primera que grabó la formación original de Pearl Jam (con el añadido de Cornell y Matt Cameron, que eran y son como de la familia).

Eddie Vedder, una personalidad arrolladora

El mayor reto al que Eddie Vedder se ha enfrentado en su vida artística llegó justo al comienzo. La tarea de hacer olvidar a una personalidad tan fuerte y magnética como Andrew Wood suponía una prueba que muy pocos cantantes de su generación se habrían atrevido a acometer. Sin embargo, Vedder puso de inmediato las cartas sobre la mesa: él no era Wood, de hecho él era probablemente la antítesis de lo que Wood siempre había representado. Esto, que al principio podría suponer un problema para la armonía creativa de una banda que se encontraba en pañales, sorprendentemente vino como anillo al dedo a unas composiciones realizadas por Ament y Gossard, las cuales también marcaban cierta distancia con lo que habían hecho hasta el momento.

Así, la voz potente pero emotiva de Vedder, cargada de un sentimiento y de garra suficientes para defender el repertorio que ya habían preparado con anterioridad los dos ex miembros de Mother Love Bone, se convirtió de inmediato no ya sólo en la seña de identidad de Pearl Jam, sino en la seña de identidad de todo un género, y todo ello, sin tener en cuenta el importante número de imitadores que surgirían conforme avanzaba la década de los 90.

Sin embargo, la aportación de Eddie Vedder no se centró solamente en poner voz a los temas ya compuestos por sus compañeros, destacando que su voz se adaptó a la perfección a las composiciones ya realizadas, sino que el propio cantante se encargó de escribir las letras de todos los temas del disco. Fue ese trabajo letrístico el factor definitivo para que las buenas canciones con las que contaba, ahora sí, Pearl Jam para su estreno discográfico, se acabasen convirtiendo en esos himnos que toda persona de bien debe haber cantado hasta la afonía en algún momento de su vida. Desde esa oda (malentendida) a aprovechar el momento que es ‘Alive‘, pasando por la crítica a la cruel sociedad contemporánea de ‘Why Go‘, ‘Even Flow‘ o ‘Jeremy‘, hasta esos himnos en los que Vedder nos desnuda su alma y su pasado, ‘Release‘ o ‘Black‘, Ten parece un disco diseñado para ser cantado hasta que nuestra voz se rasgue, hasta que nuestros pelos se ericen y nuestros ojos se humedezcan.

Jóvenes aunque sobradamente maduros

En el aspecto puramente instrumental, Ten fue un disco impresionantemente maduro en comparación con los debuts de dos de las bandas con las que eternamente se les ha comparado, Bleach o Ultramega OK. Mientras que en la andadura previa a Pearl Jam, sus miembros se habían caracterizado por un estilo musical mucho más sucio e incluso frívolo, Ten fue un ejercicio increíblemente reposado y ambicioso a pesar de no ser grandilocuente en ningún momento. Mientras que todo lo realizado por sus coetáneos fueron ejercicios cercanos al Punk, en el caso de Nirvana, o al Metal, en el caso de Soundgarden o Alice in Chains, lo que Pearl Jam presentaron en Ten era simplemente Rock con mayúsculas, era una demostración de que el grunge era una etiqueta que no se correspondía con su música a pesar de que ellos fueron fundamentales a la hora de popularizarla.

No debemos confundir madurez con complejidad estructural, eso sí. El hecho de que los márgenes estilísticos entre los que deambularon Gossard y Ament fueran bastante más amplios que los que marcaban frontera en la creación del resto de bandas de su entorno, no convirtió a Pearl Jam en una banda de rock virtuoso o de esquemas progresivos (lo habrían dejado inmediatamente de haberles salido algo así), simplemente sirvió para que las sensaciones que pretendían compartir con el oyente, tan dispares, calaran de una forma increíblemente efectiva y honesta, cosa que debemos adjudicar sin duda al talento de Vedder a la hora de perfeccionar las ya de por sí buenas composiciones realizadas por sus compañeros

A pesar de que la música de Pearl Jam no pedía en ningún momento grandes ejercicios masturbamástiles (su música se encuentra en las antípodas de este concepto), el trabajo de Mike McCready ha sido destacado posteriormente en numerosas ocasiones como uno de los más brillantes realizado jamás por un guitarrista de su generación. A diferencia de lo que se podía apreciar en grandes éxitos de 1991 como Nevermind o Badmotorfinger, los temas de Pearl Jam contenían solos, gracias a que sus temas habían surgido de jams (cosa que les valió la crítica de Kurt Cobain), de entre los que destacó el realizado en el éxito Alive, probablemente el más reconocido en toda la andadura de la banda.

22 años después y aún sigue sonando actual

Sintetizando, Ten es el primer paso en un largo camino que ya dura más de 20 años. A pesar de todo el tiempo que ha pasado desde su presentación, éste es el álbum de todos los lanzados en 1991 que mejor ha resistido el paso del tiempo, por factores como su sonido más maduro comparativamente hablando, la gran actualidad de los temas tratados en sus canciones y, sobre todo, por la coherencia que Pearl Jam ha mostrado en toda su carrera, en la cual no han dado el más mínimo traspiés, lo cual es mucho decir para todo el tiempo que llevan en activo.

Nietzche dijo que ‘lo que no te mata te hace más fuerte’. Puede ser un tanto frívolo utilizar esta cita cuando hablamos de un disco editado posteriormente a la muerte de un artista como Andrew Wood, pero todo lo que la cita viene a decirnos se cumple en los primeros tiempos de andadura de Pearl Jam. Es cierto que en un primer momento el duelo por el fallecimiento de Wood casi apunto estuvo de privarnos de un disco como Ten y todos los posteriores, afortunadamente, Jeff Ament y Stone Gossard (las cabezas pensantes a las que se debe el debut de Pearl Jam) supieron reconducir ese vacío por la muerte de su gran amigo y regalarnos un disco que hizo historia gracias a la unión que todos sus miembros ejemplifican en su mítica portada.

9.8/10

No es un disco perfecto, pero esa emotividad que irradia desde el principio hasta el final hace que lo parezca. Hubo un tiempo en que no existía en mi vida mayor sensación de perfección que lo encontrado en Ten. A veces, ese momento vuelve a repetirse, hoy por ejemplo.

Especial Pearl Jam en Hipersónica