The Men y los discos que citan para explicar New Moon: Hendrix, Young, Dylan…

Ellos hablan de que querían un disco que tuviese "una vibración particular" y citan a algunos que consideran que tenían eso mismo.

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No me cabe duda de que New Moon, de The Men, ha entrado con fuerza en los corazones de varios editores de Hipersónica. Mohorte, en su crítica, lo calificaba de noise-country en medio de hipérboles lanzadas con el corazón, mientras veía pasar por su recorrido a gente como los Meat Puppets (que, por cierto, tienen disco nuevo en nada), a The Gun Club, a Crazy Horse, a MC5… Todo a la vez y todo de eso que siempre hay que tener en cuenta.

Frente a ese “disco creado para cambiar la vida de nadie” que fue Open Your Heart, gracias al cual Black Gallego los calificó como The MEH, New Moon los presenta ahora como un grupo con aún más sangre, con más borrachera encima y con más ganas de montarla gorda. Ellos hablan de que querían un disco que tuviese “una vibración particular” y citan en las entrevistas promocionales (en la de Spin, por ejemplo), sin pudor alguno, a algunos que consideran que tenían eso mismo.

El Bob Dylan de New Morning

El Dylan de 1970 es uno, aunque parezca mentira, fracasado. Cuando el 8 de junio de 1970 lanza Self-Portait, lo hace casi como un reto para todos los que le siguen, con 24 canciones desconcertantes que, a ratos, parecen más una parodia de sí mismo y de otros que un disco de verdad. No deja, sin embargo, de ser un Dylan absolutamente necesario, uno al que por más vueltas que se le da no hay manera de descubrir del todo.

Sólo cuatro meses después, y con Self-Portrait pegándosela en ventas y masacrado por la crítica, Dylan lanza su segundo disco de ese año y, sí, recoge todo lo bueno y todo lo valiente que era en un disco de rock’n’roll, que no de rock, donde si se pone al piano no hay manera de ponerle pegas (‘Day of The Locusts‘), donde cuando reposa casi parece más violentado emocionalmente (el hermoso recitado de ‘Three Angels’ y donde, de repente, le da por amar la naturaleza en una ‘New Morning’ totalmente Dylaniana y, a la vez, tan simple que se aleja de él.

El Neil Young de Tonight’s The Night

Tonight’s The Night quizás sea uno de los discos más nocturnos e hipnóticos de Neil Young. Sí, ésa es la vibración de un disco que está marcado a fuego por la muerte de Bruce Berry, el roadie que trabajaba con él y que muere de una sobredosis en 1973, justo antes de que Neil Young componga y grabe este disco. Graba estas canciones y aún tiene en mente también otra muerte, la del Crazy Horse Danny Whitten (quien, por cierto, firma ‘Come On Baby Let’s Go Downtown’). Young, herido y asqueado, se acompaña de una banda mutilada, sin guitarrista, en un disco en el que nada busca la perfección.

Tonight’s The Night es crudo, emocional, de lamerse las heridas haciendo lo único que se sabe hacer, pero sin necesitar hacerlo perfecto. Es elegía y a la vez desdén de la vida drogota del rock’n’roll, la que mata amigos y, sin embargo, casi nadie rechaza del todo. Es country rock on drugs, con un Neil Young especialmente brillante en las voces (‘Borrowed Tune’ o ‘Speakin’ Out’).

El Hendrix de Electric Ladyland

De los tres, y aún siendo todas obras de clásicos, Electric Ladyland es el más citado por otros músicos, también mucho más querido por el público. Aquí la vibración es distinta: sigue siendo un disco casi imposible de oír por partes en vez de preferir oírlo al completo, uno en el que las canciones fluyen. Y, pese a todo, es de los tres el que tiene un trabajo en estudio más evidente, que apuntala la energía que sale de las canciones de Hendrix entre capas y efectos. Pasando de los 15 y de los 13 minutos, reduciendo otras canciones a la mínima expresión, dando rodeos y diferenciando bien una canción de otra… cualquiera diría que éste es un álbum hecho a trompicones. Sin embargo, lo de la Jimi Hendrix Experience también forma parte de esos discos que, de principio a fin, tiene un sentimiento concreto capturado que los vuelve consistentes.