The Strokes – Comedown Machine: la culpa no era de nuestras expectativas

Bueno, ya es suficiente. Toca ir poniéndose en serio. Comedown Machine está aquí y tenemos que hablar de él. Nos hemos divertido, mucho además. Ha habido bromas jocosas sobre Maná y A-ha, ha habido stickers

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Bueno, ya es suficiente. Toca ir poniéndose en serio. Comedown Machine está aquí y tenemos que hablar de él. Nos hemos divertido, mucho además. Ha habido bromas jocosas sobre Maná y A-ha, ha habido stickers del Line y mucha diversión, pero es hora de afrontar la realidad. Algunos la han evitado, por miedo a lo que pudiera salir o de que fuera muy horrible y terminara por gustarles. Cada uno de los que se deciden a ir de frente parten con sus respectivas expectativas, unos más altas, otros más bajas. Está más que claro que The Strokes son incapaces dejar indiferente a nadie. Los amas, los odias, los sentipiensas, los quieres como amigos, o simplemente los quieres como eran al principio.

The Strokes, entre vinculaciones emocionales y suicidios asistidos

Pero también hay que tratar un asunto de cierta relevancia: las vinculaciones emocionales. Muchos ven a The Strokes como el grupo de su adolescencia, literal o metafórica, y que sus canciones y discos han estado en los momentos claves de su vida o son el reflejo de su rabia y ansiedad juvenil. Muchos ven esta relevancia como argumento para seguir creyendo en ellos o se engañan con esa conexión, creyendo que se puede repetir en el futuro o viéndole algo especial a una canción que en realidad no la tiene. Ojo, no vengo a pisar amores aquí, porque sentirse vinculado a un determinado álbum es algo muy personal y bonito en ocasiones.

Sin embargo, las vinculaciones emocionales están sobrevaloradas. Yo no conocí a la chica de mis sueños mientras sonaba ‘Hard To Explain‘, ni vi como uno de mis mejores amigos (llámese “el lenteja”, llámese “el chino” o cualquier otro mote cariñoso) la lió parda en aquel bar del que ya no nos dejan volver mientras sonaba ‘Take It Or Leave It‘. No hacía falta ninguna de esas canciones en esos momentos para que ambos fueran más especiales. A The Strokes nunca les hizo falta eso porque sabían como hacer discos y canciones disfrutables por encima de todo. El jaraneo, la borrachera y la diversión por encima de todo.

Actualmente hemos llegado de que discos como el soberbio Is This It o el injustamente maltratado Room Of Fire parecen cosas de un pasado muy, muy lejano. Sin embargo, ¡solo hace poco más de 12 años que se publicara el debut! ¿Qué ha ocurrido en este periodo para que ahora parezca que al hablar de The Strokes hablamos de un cadáver? Así es, un cadáver. Lo dijo mi compañero Mohorte no hace mucho tiempo y más de uno vio desmesurado ese comentario. Pero tiene razón, y no es algo nuevo precisamente. The Strokes llevan siendo un muerto viviente desde First Impressions of Earth. Cierto es que Is This It es y será irrepetible y muchos culparían a The Strokes de estancados si estuvieran buscando constantemente repetir ese petardazo.

Comedown Machine, un DeLorean sin gasolina y sin frenos

Ha habido momentos en que parecía que este muerto estaba muy vivo (‘Under Cover Of Darkness‘), pero eran meros destellos en una carrera donde ya predominan las sombras sobre los brillos. La causa podría estar en nosotros mismos, que vimos demasiado en ellos desde un principio (¿alguien dijo hype?), pero es imposible negar la parte de culpa que tiene el grupo y su entorno. Con entorno me refiero a esa industria musical que tanto les ha presionado y ha buscado sacar jugo de ellos por lo mucho que vende su nombre. Este disco ha venido un tanto apresurado, y puede que la propia industria les haya forzado a ello o, si no, les darían el protagonismo a otros chavales y se olvidarían de los neoyorquinos.

Pero también hay que culpar a Julian Casablancas y compañía, por creerse esa imagen de dioses que muchos les han otorgado. Se han conseguido meter en esa elitista clase de grupos que hacen lo que les viene en gana con su música sin miedo a las consecuencias porque saben que, por mucho que caigan, siempre tendrán una red de seguridad. Por muy nefasto que sea su trabajo, habrá quien se parta la camisa por defenderlos, tanto por los aficionados como por la crítica condicionada por la industria.

Con esas condiciones ha llegado Comedown Machine, con la seguridad del propio grupo de que sus experimentos con gaseosa tendrán una buena acogida de buena parte del sector. Sus comienzos sonaban como salir de fiesta por esos bares donde predomina el buenrollismo y la diversión etílica, pero Comedown Machine es como meterse en una pista de baile rancia de los ochenta, con ese Synthpop tan espantoso y horripilante.

Inconsistencia, falta de inspiración y cremalleras mal subidas

Cualquiera que me haya leído hasta ahora pensará que me declaro contrario a la evolución musical y la experimentación con el sonido. Hay que aclararlo, la experimentación está bien, muestra ambición y ganas de enriquecer tu trabajo, pero otra cosa muy diferente es que el resultado sea positivo. En este caso no lo es. Se puede mirar al pasado, a los ochenta o a donde sea, y que te salga un buen trabajo, pero el grupo no ha sabido hacerlo bien. The Strokes son totalmente libres para probar diferentes caminos en su andadura musical (solo faltaría que no pudieran hacerlo), pero el tema no es si The Strokes deberían cambiar o no. El tema principal y fundamental es si pueden seguir haciendo canciones buenas e impactantes, sin depender de cambios en su sonido ni otras zarandajas.

La maquina del pasado forzada da como resultado un álbum donde no hay por donde cogerlo, por muchas escuchas que intentes darle. Angles por lo menos tenía un par de buenos temas que evitaban la modorra y el aburrimiento, pero en Comedown no encontramos ningún tema que pueda ser un single convincente y disfrutable. Quedan temas como ‘50/50‘ o ‘Partners In Crime‘ que son las más lucidas del conjunto, pero tampoco es que por separado sean una maravilla. Precisamente ahí está lo grave del disco, que ni siquiera los temas más destacados funcionan de manera aislada, desmontando la posibilidad de que The Strokes se queden solo como una banda de singles.

Aunque esos temas podían haber sido más aceptables como singles de presentación, la banda ha elegido temas mucho más planos de lo habitual. ‘All The Time‘ carece de garra y busca aguantar con lo justo. Y de ‘One Way Trigger‘, bueno… Que lancen como tema de presentación de un disco un tema tan fallido como insustancial y que encima les acusen de haberla copiado de una canción de Maná, dice mucho del estado actual de la banda.

El resto del conjunto sigue una línea desigual, pero bastante floja, con una sección rítmica que carece de magia y chispa y un Casablancas generalmente errático y que en ocasiones parece que se la haya pillado al subirse la cremallera del pantalón. Desde ese fallido himno de pista de baile que es ‘Tap Out‘ hasta ‘Call It Fate Call It Karma‘, que parece diseñado para escuchar como narcótico en una playa en pleno verano, a la hora de la siesta, vemos a una banda que ha perdido, o ha prescindido, de su identidad pretérita y sin ganas de hacernos pasar un momento disfrutable y agradable.

“Nota The Strokes” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/nota-05.jpg” class=”derecha” />Sin embargo, puede que todo haya sido un engaño. Puede que estos sean los verdaderos Strokes y los Strokes del pasado no fueron otra cosa que un espejismo de diversión y alcoholismo. Puede que a los que nos sentimos engañados ya no nos quede otra cosa que refugiarnos en esos primeros trabajos mientras vemos que esos a quienes hemos encumbrado se olvidan de esa época y se marchan con su nueva remesa de fans que si disfrutan con su estilo actual. Pero yo ya he decidido dejar de autocompadecerme y echar la culpa a otros. Solo un último mensaje a la banda: “The Strokes, que os vaya bien en vuestra vida, y gracias por ‘Hard To Explain’. Adiós”.

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