Cinco grupos que deberías probar si te gustan… My Bloody Valentine

El shoegaze. Está por todas partes. Dos décadas después de su auge y eclosión, el género sigue de plena actualidad. ¿En plena forma? Es difícil de decir. Hay grupos que reinterpretan con más gracia que

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El shoegaze. Está por todas partes. Dos décadas después de su auge y eclosión, el género sigue de plena actualidad. ¿En plena forma? Es difícil de decir. Hay grupos que reinterpretan con más gracia que otros lo que las bandas señeras del género hicieron en su día. Hay grupos que violan el legado. Fundamentalmente el de My Bloody Valentine, grupo bandera donde los haya que, este año han regresado con un estupendo disco bajo el brazo veintidós años después. De él, m b v, os hemos hablado aquí en más de una ocasión. Pero hubo más que Kevin Shields en el shoegaze, y para muestra, cinco grupos que deberías probar si crees que el Loveless es una obra de arte.

Ride

Shoegaze y dream pop siempre han ido de la mano. Tan sólo hace falta fijarse en algunos de los precursores del género, como por ejemplo Cocteau Twins o Galaxie 500. Pero no siempre del mismo modo. Mientras en My Bloody Valentine las melodías no tenían tanta importancia como las capas, las texturas y las atmósferas, en Ride el componente pop, el componente puramente melódico, es esencial. Nowhere les catapultó justamente a la fama, con otro de los discos seminales del shoegaze que años después sigue siendo referencia ineludible del género. La emoción a flor de piel. Ride eran sinceros hasta la médula en sus intenciones y en sus emociones. Y épicos. Y básicos.

The Pale Saints

Mi particular debilidad de toda la hornada de bandas que pueblan este artículo. The Pale Saints son más referencia de lo que podamos imaginar. A mitad de camino entre My Bloody Valentine y Ride, o lo que es lo mismo, a mitad de camino entre las capas de ruidos filtrados y las melodías pop, The Pale Saints son aún hoy nombre ineludible a la hora de analizar la escena indie pop. Ellos, que comprendieron como pocos el legado de la C86 y que fueron capaces de trasladarlo a su concepción ruidista del pop en consonancia. Adorados por Los Planetas, incluso plagiados, no es posible comprender la existencia de grupos como Exlovers o The Pains of Being Pure At Heart sin honrar a sus santos pálidos. Son estos, y son inolvidables.

The Telescopes

El rango del shoegaze ha sido amplio, y en sus texturas saturadas ha habido y habrá espacio para grupos que vienen del ambient, del noise o del hardcore. Este último caso es el de The Telescopes. Ellos también se gestaron en Reino Unido y vivieron a la sombra del resto de grandes nombres del valle del Támesis. Pero sus canciones eran otra cosa muy diferente a las de Ride o My Bloody Valentine. Antes de que que Shields estableciera el canon, The Telescopes se marcaron un disco de agresividad fulgurante, repleto de violencia punk, con canciones que son pedradas repletas de psicodelia salvaje. El hardcore noise, además, legó una de las mejores canciones del género y de la década: ‘The Perfect Needle’. Pero la esencia no estaba allí, sino en el hardcore.

Jesu

Lejos del canon, el shoegaze ha sido un género fértil como pocos. Si The Telescopes se acercaron a él desde el hardcore, Jesu lo hicieron desde el metal. Desde el post-metal y el drone, en concreto. No se podía esperar otra cosa de Justin Broadrick, que formó este proyecto cuando Godflesh pasó (momentáneamente) a mejor vida. ¿Qué hay en Jesu, en su primer disco en concreto, que podría encandilarte a ti, fan de My Bloody Valentine? Canciones gigantes. Enormes. Casi todas por encima de los nueve minutos. Pesados desarrollos. Baterías industriales. Ah, y guitarras celestiales, que llenan el vacío y se pierden en feedbacks y delays. No tengas miedo.

Alcest

El shoegaze ha llegado incluso a los indómitos parajes del Black Metal. La mezcla ha sido explotada con tanta frecuencia que ha dado paso a un nuevo subgénero: el blackgaze. Alcest, franceses, son probablemente el grupo pradigmático. Su primer disco está preñado de guitarras a mitad de camino entre el tono moribundo y apesumbrado del Black Metal y la euforia expansiva del shoegaze, pero detrás se cuelan melodías cristalinas, como las de ‘Ciel Errant’. En este sentido también cabría mencionar el otro proyecto paralelo del líder de Alcest, Amesoeurs (recomendación expresa de Black Gallego y Cronopio), o An Autumn For Crippled Children, holandeses, que el año pasado publicaron un disco la mar de disfrutable.

My Bloody Valentine en Hipersónica

Hardcore will never die, but you will.