Iggy Pop, de Raw Power a Orcasitas Power

Él quería ladrar, contonearse y que alguien le convirtiese en estrella, para pagarle los vicios.

Raw-Power

Sí, sonríe, normal. Se lo ha tenido que llevar muerto. Presume aún de cuerpazo, de desgastados abdominales y la languidez pectoral que la edad no perdona. Aguanta a los nuevos bufones convertidos en un prime time por el que llueven millones de cadena a cadena con experimentos de la caja que regalan los reyes magos, pero él sonríe. Este año se han cumplido los 40 años de aquel Raw Power (1973, Columbia) con David Bowie en plan mecenas rescata contorsionistas llamados Iggy Pop. Aún podemos notar ese sabor refressscante de las burbujas.

De Muskegon, Michigan, a Detroit y a partir bocas. Y de allí a Londres en 1973, 30 años antes de pisar Orcasitas, donde Iggy Pop podría convertirse en el nuevo embajador de la candidatura del Madrid 2020 a poco que le dejasen descubrir la zona antes de llevárselo a la Caja Mágica para dar ruedas de prensa entre peloteo y peloteo de Rafa Nadal y nuestros queridísisisimos políticos. Orcasitas Pop, en dos días Pitchfork hablaría de escena. Podríamos hacer un nuevo Raval y poner bicicletas para alquilar al ritmo del Raw Power.

La culpa de tanta hostia gratuita en los conciertos de aquella época de Detroit no era suya, era de la sociedad, que nos oprime, él solo quería imitar a sus queridos The Sonics y The MC5. Él quería ladrar, contonearse y que alguien le convirtiese en estrella, para pagarle los vicios, la misma que ha acabado promocionando refrescos amarillos con un nuevo producto “adulto”.

Londres primera parada clave para que Iggy Pop llegase a Orcasitas. Londres y su querido David Bowie que es un buen tío y no solo coge prestadas las chaquetas ajenas sino que logra que sus colegas entren en sus sellos gracias a su ayuda y producción. 1971, el Max’s Kansas City como local donde se gestó el flechazo entre Bowie e Iggy Pop, el Max’s como pre-CBGB con The Velvet Underground monopolizando la pista. Ya habría tiempo de comercializar el Punk más tarde.

El otro día Juan Tallón me decía una idea clave y que sin su permiso comparto: “Me exijo mucho a mí mismo cuando escribo, pues al fin y al cabo pongo mi firma, que es el poco pero todo el patrimonio que tengo, y eso se traduce en mucho tiempo de trabajo“. Por casualidad volví a encontrar el Raw Power en la biblioteca de iTunes, volví a subir el volumen a todo gas y a pensar qué pocos en este momento nos mantenemos íntegros ante ese patrimonio, esa firma, ese ideal tan bucólico, ese ‘This Note’s For You‘ de Neil Young o esos ahí te quedas de Van Morrison tras acabar el concierto y la falta de un ¡VIVA ORCASITAS! que corear y aplaudir.

Lo mismo ese viaje hacia Orcasitas Pop al que a veces nos acabamos bajando muchos por comodidad es el ‘Gimme Danger’ que cantaba Iggy Pop hace 40 años.

gimme danger, little stranger
and I’ll give you a piece
gimme danger, little stranger
and I’ll feel your disease.

O lo mismo es solo una justificación, que hay que comer, y si de paso es con una bebida chispeante pues mejor aún. Al menos algunos tienen un Raw Power bajo el brazo para irse a Orcasitas o a Torrevieja.

  • Spiderfrommars

    Muy buenos todos los artículos al respecto de Bowie e Iggy Pop que estais haciendo. Son dos personas claves en el mundo de la música que nunca han llegado del todo a estar en primer plano (Bowie en mayor medida, pero nunca lo ha petado), dos genios que hay que reivindicar, no solo por lo puramente musical sino por todo lo que les rodea, esa actitud rupturista y genuina que ambos tienen y que ha servido de inspiración a tantos músicos posteriores. Es ahora el momento de reivindicarlos, y no cuando haya que hacer un obligado homenaje póstumo, como pasó con Lou Reed, que a pesar de Lulu y etc, ya era un crack antes de morir.

    Respecto a Raw Power: La puta ostia. Cuando oí por primera vez Search & Destroy no podía creer que se tratase de una canción de los 70, es punk moderno puro y duro (bueno, como lo fue unos años antes TV eye). Un puñetero visionario este Iggy. Y anda que no contiene joyas este álbum como la obra maestra Gimme Danger que con su crescendo final me encoge las pelotas o el magnífico blues sucio y macarra de I Need Somebody. Un disco fundamental cualquier rockofilo.