Local Natives: orfebrería en tiempos de bisutería

La artesanía es más cara que la producción en cadena.

Local Natives

Para todos esos grupos que todavía no son tan grandes como para llenar un escenario principal hacia la medianoche pero que no son tan pequeños como para tocar a media tarde en un descampado que parezca un exterior donde Callejeros grabase otro reportaje informalmente moralizante y marginal, tocar en un escenario secundario a la vez que unos monstruos como The Jesus and Mary Chain puede suponer la diferencia entre una consagración inesperada o el techo de repercusión que difícilmente podrán superar con sucesivas entregas. Entre grupo que pase sigilosamente a ser relativamente popular o placer de minorías.

Rurales, que no rústicos; por qué ellos

Si Band of Horses caminaban de la granja al estadio más cercano, ellos lo hacen del garaje de la casa en la montaña de sus padres (no de una cabaña como Bon Iver) a ese teatro con más bombillas que butacas, con todo el mundo sentado en el suelo dejándose en el cuello mientras grita los coros de ‘Sun Hands‘. Y no es que su propuesta sea lánguida y carezca de electricidad; simplemente, resuena mejor en ambientes recogidos que al aire libre. Quizá permanezcan fuera del foco de las tendencias, pero en la discreción de ese segundo plano, van construyendo un repertorio más que acogedor. ¿Y si <strong”>Fleet Foxes fuesen personas divertidas, Grizzly Bear no fuesen etéreos, Arcade Fire no se creyesen mesías o The National no se mirasen tanto a sí mismos en el espejo? Pues igual puliendo esos vicios encontraríamos el nexo entre Local Natives y los popes de los géneros que comparten.

Por qué los discos han de empujarte a su concierto

Gorilla Manor (2009, Infectious Music) tiene esa magia de descubrirte el mundo como algo más brillante, lleno de vida y en permanente actividad. Es optimismo sin coelhismos; es un circuito permanente de percusiones, coros, palmas y guitarras para elevarte del suelo; es ese documental de insectos trabajando en común en la selva amazónica y puesto luego en fast forward; es ese brainstorming de una mesa de ingenieros y artistas trabajando en común; es ese documental de la BBC o de National Geographic que te deja con la boca abierta.

Del pop efervescente de su debut queda en su continuación, Hummingbird (2013, Infectious Music) una combustión controlada, sin entrar en clara ebullición, pero con una incadescencia que ilumina la habitación sin destellos innecesarios. Esa contención emocional les resta intensidad, pero les hace ganar en matices, en una fluidez más lubricada. Mientras que un disco exalta, el otro evoca; si uno enseña de manera exuberante, el otro insinúa tímidamente. En cualquier caso, siguen siendo cálidos, humanos, cercanos, como un abrazo de despedida, mientras que el primero era fruto de la euforia de cuando conectas con esa persona que acabas de conocer y piensas que hace años que os estábais buscando.

La artesanía es más cara que la producción en cadena, de la que muchas veces sus imperfecciones repelen porque todos los defectos de fábrica vienen tan disimulados que te sientes culpable por encontrar tú el matiz discordante. Local Natives suenan a música hecha con las manos, a fuego lento, en talleres a medio barrer y medio abrir con las piezas más valiosas rematadas en noches interminables donde uno se queda absorto en el detalle más aparentemente insignificante. Local Natives es hacer puzzles en las tardes de domingo al lado de la chimenea en vez de viciar al Angry Birds; porque lo laborioso resulta más gratificante y satisfactorio cuanto más empeño pones en ello.

El concierto de Local Natives en el Primavera Sound

Pues porque a los grupos hay que verlos en el que se supone que será su período de esplendor, y éste parece un momento álgido en su trayectoria. Porque no tener todos los focos sobre ellos les restará presión. Porque el streaming de su concierto de Coachella hace que lleve salivando unas cuantas semanas. Y porque pocos conciertos del festival caerán en el mismo target que ellos. El viernes 24 de mayo reserva 50 minutos (22.45 – 23.35h) para verlos, que merecen la pena.