James Holden – The Idiots Are Winning (2006): electrónica para corromper el cerebro

El próximo 17 de junio sale a la venta el segundo álbum del inglés James Holden, jefazo de Border Community y prestigiado arquitecto sonoro que demostró en su debut The Idiots Are Winning (2006), del

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El próximo 17 de junio sale a la venta el segundo álbum del inglés James Holden, jefazo de Border Community y prestigiado arquitecto sonoro que demostró en su debut The Idiots Are Winning (2006), del que hablamos hoy aquí, cómo dar un portazo al trance y crear una amalgama de sonidos, ritmos y matices que le servirían para distinguirse rápidamente de entre otros productores. Un álbum con experimentaciones y grandes joyas que ponen patas arriba tu sistema nervioso.

Un joven talento que necesitaba explotar sus dotes

Holden empezó su carrera a una temprana edad, como otros magos de la electrónica; en su caso, a los 19 años. Su camino inicial transitaba en el trance, elaborando temas célebres para los seguidores del género como Horizons y llegando a colaborar en poco tiempo con productores de sobra consagrados como Timo Maas. Pronto quedó claro su talento y su interpretación melódica del trance, del que progresivamente se iría despegando, no sólo por su manifiesta creatividad que necesitaba rienda suelta, sino por malas experiencias en los sellos por los que pasó.

Después de esas malas experiencias en sellos de trance, es cuando en 2003 decide fundar su propio sello, Border Community, el que inauguraría con su clásico A Break In The Clouds. Además, serviríacomo rampa de lanzamiento para artistas como Petter, Nathan Fake, Luke Abbott o Fairmont, entre otros. Todos tenían en común unos patrones en los que exprimían al máximo matices propios del IDM para llevarlos por terrenos de techno o house. Actualmente, editar una producción escudado en el sello de Holden es garantía de calidad.

A pesar de haber mostrado su creatividad, imprimiendo su personalidad en mixes de Britney Spears, Black Strobe, o el clasiquérrimo The Sky Was Pink de Nathan Fake, su fecha de inflexión llegaría el 17 de noviembre de 2006, día en que lanza su primer y hasta la fecha, único larga duración: The Idiots Are Winning, en honor a una serie inglesa de, en efecto, idiotas. Aunque el título puede que tenga un doble sentido, ya que ante tanto trance que cada vez tenía menos que ofrecer, dio un paso adelante y dejó boquiabiertos a muchos con su técnica, con las texturas de su sonido, alejándose del trance y sus beats acelerados para crear una amalgama de líneas eléctricas que rompían los esquemas. Aquéllo ya no era trance, era un disco que superaba esa barrera para difuminar barreras entre progressive house, techno y ambientes glitch e IDM.

The Idiots Are Winning: un debut impresionante

The Idiots Are Winning no terminó de ser un disco sobresaliente, no por las ricas composiciones del maestro de Exeter, sino por algunos pasajes de experimentación que entorpecen el ritmo de escucha del álbum, ya sea mediante absurdo silencios o con cortes que no son más que idas de olla a capela o algún refrito de uno de los temas de cabecera del LP. Pero dejando de lado esos experimentos, cuando ofrece lo mejor de sí es una gozada, con piezas que son auténticas obras de arte. Holden demostró que el enorme talento que ya había empezado a demostrar años antes no era fruto de la inspiración divina. Mediante motores rítmicos que generaban pequeñas explosiones eléctricas atravesaba el córtex cerebral para hacerte perder la cordura por momentos. Estaba en otra dimensión.

Las experiencias sensoriales que puede ofrecer la electrónica cuando es moldeada convenientemente no son pocas, y el londinense te las sacaba a pasear nada más arrancar el disco con la esquizofrenia de ‘Lump’, seis minutos de expansión creativa en la que se dan cita el techno de bases regias de Jeff Mills y los vocales de fantasmas electrocutados como de Aphex Twin. Estaba enviando a pastar al trance y no estaba contento con el techno de la época, así que se salió por la tangente, difuminando los límites establecidos para encasillar una u otra producción. Sus piezas tenían beats demasiado poco ofensivos y acelerados como para ser trance o techno tradicional, pero a la vez con demasiados matices y texturas que le separaban de un minimal o ambient extenuante. Era un trabajo generalmente instrumental, ideal para saborear cada detalle de sus (a veces) degeneradas composiciones.

Se hacía valer de los diferentes recursos que le brindaban estas fórmulas, siendo una de las cabezas visibles de la segunda hornada de productores del microhouse, donde algunas de estas características podían converger con total naturalidad, sumándole capas en las que jugar con interferencias, sonidos erráticos y desarrollos de progressive house en segunda línea. Se estaba despojando por completo del trance del que un día fue súbdito para elaborar su propio credo, el cual brillaría con máximo esplendor en prácticamente los siete primeros cortes.

En esta parte había melodías livianas con capas de ruido eléctrico que se difuminaban en el espacio a lo Stephan Bodzin como en ‘10101’, y distorsiones y efectos metálicos cortocircuitados como los de ‘Corduroy’. Todo ese bagaje creativo que acababa constituyendo un pozo sin fondo en el que experimentar con multitud de sonidos, descargas y convulsiones mentales, quedaban muy bien reflejados en la portada. Eran pinceladas de creatividad nada uniforme que se expandía por todas partes sin ningún orden que seguir.

También experimentaba con progresiones más radicales, como en el caso de ‘Flute’, donde utilizaba un paraje ambientalmente yermo para sembrar semillas glitch que acababan en fuertes estridencias. En este sentido, poco tenía que ver el joven Holden de Horizons con esta mente inquieta que tenía la imperiosa necesidad de mancillar otras mentes con su elocuente y corrupto sonido. Antes de entrar en la parte final del disco, donde se junta el incomprensible silencio y algún refrito de las canciones de cabecera, está uno de los momentos álgidos de The Idiots Are Winning: ‘Idiot’. En ella volvía a convocar al techno de bases regias para ir preparando el momento de la sinapsis, que llegaba cuando apelaba a esas campanas suyas que iban variando de tonalidad y retorciéndose sobre sí mismas. Era un fuera de serie.

8.5/10

James Holden había ganado la partida, había dejado atrás su pasado trance y se había metido en un barrizal en el que controlar con total fluidez rasgos propios del techno, de varias ramas del house y con recursos IDM. Había confeccionado un debut con temas asombrosos en el que explicaba ampliamente por qué no le gustaba el techno que se prodigaba en la época. A día de hoy, siete años después, The Idiots Are Winning continúa siendo un revulsivo para que el cerebro segregue endorfinas y deje a tu mente perfilar el abstracto sonido de Holden.

Me gusta el chunda-chunda.