Mazzy Star: cómo nació el mito

Ahora está muy manido. Tanto, que la etiqueta se empieza a asociar con algo que ya cansa. Pero por entonces todavía no era así. En realidad, aunque Mazzy Star no eran los primeros en poder

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Ahora está muy manido. Tanto, que la etiqueta se empieza a asociar con algo que ya cansa. Pero por entonces todavía no era así. En realidad, aunque Mazzy Star no eran los primeros en poder ser incluídos en el estilo, del dream pop se hablaba poco. Bueno, no se hablaba nada. Es por eso que si nos limitamos a meterlos en ese saco, pues corremos el riesgo de que los que no los conozcáis (suerte tenéis de seguir vivos, no os lo merecéis), huyáis sin mirar atrás. Pero es que aquí hablamos de los jefes del cotarro, de los padres de varias de vuestras bandas favoritas de los últimos años.

Mazzy Star, que recientemente nos ha dado el alegrón de anunciar, 17 años después (ni uno más, ni uno menos), nuevo disco, son el espejo en el que se miran gente como Victoria Legrand, que de pequeña jugaba frente al mismo a ser Hope Sandoval. Ays, Hope Sandoval, una de las voces y presencias más carismáticas del pop en las últimas décadas. Del carisma más complicado, el que hace que te enamores de un disco cuando conocer la cara del artista no era tan fácil como ahora (esto lo escribe alguien que conoció a Mazzy Star antes que a Google). Del que mientras cierras los ojos en tu dormitorio adolescente te hace viajar entre el extraño timbre de dejadez, andrógenos, delicadeza y fragilidad. Todo eso en apenas una frase.

Mazzy Star no son un ejemplo único de cómo convertirse en mito con sólo tres discos. Sobran casos que lo hayan conseguido tan sólo con uno. Pero sí hay algo que los convierte en especiales. Lo habitual es que, cuando una banda anuncia nuevo disco tras largos periodos de inactividad (cuando menos en estudio), nos tiemblen las rodillas. Más aún si es un grupo al que en su día idolatramos, y aquí aprovechamos para mandar un saludo a Frank Black y los suyos. En este caso es distinto. Pocas dudas puede haber ante este regreso. La música de Mazzy Star ya no es que siga vigente, es que ahora lo está casi más que en 1990. Saludemos, pues, a Seasons of Your Day abrazándolo con ganas, y apostando por él. Más si cabe conociendo lo acertado de los adelantos.

Y mientras, hagamos un repaso a lo vivido a principios de los ’90, antes de que la bella Hope mandase a la mierda a su discográfica, Capitol Records, en algo que, por lo visto, no ha cambiado con el tiempo

She hangs brightly (1990)

Es cierto que os he dado la chapa con lo del dream pop. Y no me vengo abajo, lo mantengo, obviamente, pero los inicios de Mazzy Star escondieron mucho de ese derrotismo que hay en el country, del abc del rock, de todo un poco. Hasta una especie de Sweet Jane de la Velvet, pasado por el decelerador, en ‘Blue Flower’. Pero la secuencia del pedal steel en ‘I’m Sailin’ le da carácter de paraje soleado, dominado por paja y arena. Pero no busquéis sólo en Beach House, Tamaryn, The XX o Warpaint los tentáculos de Mazzy Star. Sólo tenéis que cerrar los ojos durante los primeros instantes de ‘Taste Blood’ para encontrar a los mismísimos Belle & Sebastian, bebiéndose el tema de un sólo trago. Ese mismo tema nos muestra a unos Mazzy Star que se encuentran cómodos igualmente en las canciones de largo recorrido, si bien la marca de la casa queda patente en ‘Halah’, el palíndromo que abre She Hangs Brightly, y casi se cierra con la deliciosa y sucia ‘Ghost Highway’.

So Tonight That I Might See (1993)

Llegó ese momento mágico. Lo anterior había estado bien. Bueno, muy bien, para ser exactos. Tras un inicio más que esperanzador, los primeros minutos del sophomore de Mazzy Star, concretamente los 04:51 primeros minutos, son directamente uno de los mejores momentos musicales de la década ’90. ‘Fade Into You’ es una de esas canciones que te marca para siempre, que necesariamente te convierte en mito. En el caso de otros sería una dulce condena al one hit wonder, pero los de Santa Monica tenían material de sobra como para caer en esa etiqueta. Antes nos habían gustado, pero ahora nos han atrapado para siempre. La prueba es que aquí estamos, veinte años después, cerrando los ojos y dejándonos llevar por la composición perfecta. No han perdido esa tierna suciedad inspirada en Lou Reed, que se observa en ‘Bells ring’, o la perfecta y espesa niebla de ‘Mary of the Silence’, que sella un inicio de disco demoledor. Seguramente el inicio que nos tiene hoy aquí reunidos. Entre las múltiples aguas que surcan siempre el sonido de Mazzy Star, la perfecta conjunción de las cuerdas de David Roback y la voz de Hope, siempre dando una de malicia entregada a la líbido, y otra de desinterés postural, nadamos por las rudas ‘She’s my Baby’ y ‘Wasted’, y nos encontramos tan cómodos como cuando la melancolía nos ciñe el pescuezo en ‘Into Dust’

Among my Swan (1996)

Mazzy Star cerró su trío de gloria con el que, por contra, parecía su disco más arriesgado, más experimental. El que menos canciones de corte pop clásico tiene, y, si se me permite la licencia, el peor de los tres. A partir de ahí, podemos discutir aquello de que un disco de Mazzy Star algo flojo vale más que algunas discografías enteras, pero posiblemente Among my Swan sea el más cojo de los tres, a pesar de que el tirón que le había dado So Tonight That I Might See había empujado a su discográfica, Capitol Records, a intentar hacerlos ídolos de masas. Sin embargo, en el momento del giro al mainstream, Mazzy Star apuestan por un disco mucho más espeso, de desarrollos mucho más largos y con una voz de protagonismo secundario. Distorsiones, algo de psicodelia, y en el fondo muy buen hacer. Pero algo nos engaña en ‘Disappear’, el corte que abre el álbum. Parece que David y Hope van a jugar en el patio del mismo colegio de siempre, pero poco a poco el paisaje va mutando, y la bucólica ‘Flowers in December’ se va convirtiendo paulatinamente, de forma precisa y gradual, en cortes del desarrollo sinuoso que antes comentábamos, empezando ya desde ‘Rhymes of an Hour’, y siendo excepción, en adelante, las canciones más directas y sencillas. Un resultado final agradable, pero algo difícil de digerir, cuando Mazzy Star siempre habían destacado por enamorarnos a la primera.

Sólo queda, pues, poner las papilas gustativas a punto, afilar unos colmillos que se mueren por desgarrar Seasons of Your Day, y contener la saliva todo lo que podamos. Los adelantos incitan a pensar que el camino que Mazzy Star va a seguir en su cuarto disco será similar al de los dos primeros, por decirlo de algún modo, su sonido más clásico, aunque de momento todo esto no son más que cuentas de la lechera. Sea como fuere, no queda más que esperar, sabiendo que la vuelta será casi con total seguridad, un gran disco.

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