Crocodiles – Crimes of Passion

Agradable intrascendencia.

Crocodiles

Pasa a veces. Bueno, al menos a mí me pasa a veces: me enfado con un grupo porque le pido que sea algo que no es, algo que sólo es en mi cabeza. Y claro, luego me estampo contra la realidad y me enfurruño. Me ha pasado de nuevo con Crocodiles y este Crimes of Passion: alguno de los sospechosos habituales decía hace unos días en Tuíter que no sabía si era genial o una mierda intrascendente. Desencantado después de una escucha apresurada, me lancé a decir que para mí casi más bien lo segundo. Hasta que, pensándolo mejor, me plantée la pregunta: pero joder, ¿no han sido siempre Crocodiles absolutamente intrascendentes? Es más, ¿no sería por eso por lo que me gustaban?

Estas impresiones erróneas, estas imágenes mentales falsas, suelen ocurrir cuando uno no maneja el material demasiado bien. Lo reconozco, era mi caso: yo en realidad empecé a prestarles atención de verdad a estos tipos con su anterior trabajo, el excelente Endless Flowers (que, por otro lado, ahora con perspectiva me sigue pareciendo el mejor). Hasta entonces me habían producido una cierta indiferencia, pero llegó ese tercer disco y me ganó por donde te ganan los buenos, por las canciones: si no he escuchado ‘Sunday (Psychic Conversation #9)‘ doscientas veces desde el año pasado no la he escuchado ninguna, ya os lo digo. Ya había vuelto a picar: justo cuando habías jurado que no ibas a dejar pasar ni un solo grupo más que sonase a The Jesus and Mary Chain, se te cuela otro. Así no hay manera de mantener unos principios.

Los crímenes pasionales de Crocodiles

Así que me planté delante de este disco esperando unas piruetas que ni estaban ni se les esperaba. Y eso que este Crimes of Passion sí contiene novedades, sensación de evolución, incluso alguna sorpresa. Arranca con esa ‘I Like It in the Dark‘ tan cercana a unos Primal Scream pasados de vueltas que transmite la sensación de aquí puede pasar cualquier cosa: ahí están las guitarras, sí, pero también un doble fondo algo inquietante (“There is no shine in heaven / There are no fires in hell“) y, sobre todo, un piano y unos coros gospel que hacen preguntarte por dónde van a salir estos fulanos en esta ocasión.

¿Por dónde van a salir? Por el pop, hombre, por el pop, ése que ya buscaban sin contemplaciones en su anterior referencia pero que aquí directamente les marca el camino por mucho ruido que quieran meter. No lo digo yo, lo dice ‘Marquis De Sade‘, el corte inmediatamente posterior, que es el que apunta maneras, el que aclara que, a pesar de esas trompetas, aquí la cosa no va tanto de excesos como de dejarse arrastrar por melodías infecciosas y de aprender a encajarlas dentro de sus coordenadas de distorsión. Y funciona, la cosa funciona.

Todo va saliendo

Cockroach‘ puede ser la jugada más segura del tracklist. Riffs a todo trapo, Brandon Welchez comparando a una ex con un insecto generalmente poco apreciado y todos a jugar a ser como los hermanos Reid. No ofrece nada nuevo, ni siquiera está entre sus mejores composiciones, pero es Crocodiles en estado puro, es exactamente lo que en realidad cabía esperar de ellos. Tiene todo el sentido que haya sido escogida como single.

Pero eh, hablábamos de pop, y eso es básicamente lo que ofrece Crimes of Passion. Sólo hace falta fijarse en ‘She Splits Me Up‘, el corte que ocupa el lugar central y probablemente el que marca el punto de llegada hacia el que camina el propio disco. Su ‘Sloop John B‘ es lo más alegre y luminoso que han firmado hasta la fecha y parece revelarse absolutamente exenta de cinismo. Da la sensación de que se han cansado de buscar coartadas y han acabado haciendo por fin lo que les daba la gana sin complejos: si queremos hacer chicle, pues lo hacemos. Llegados a este punto, ya hay que dejarse llevar y lanzarse a la pisicina: te atreves a pensar que suena a Raveonettes y más tarde, cuando miras los créditos, ves que el sarao está producido precisamente por el señor Sune Rose Wagner. Definitivamente, a veces la explicación más sencilla es la correcta.

7/10

En fin, que al final Crocodiles han hecho probablemente el disco que les tocaba hacer, el que tenía más sentido que hicieran. No dejan que nadie más que ellos mismos les diga por dónde ir (“Me and my machine gun / We take no shit from anyone” cantan en ‘Me and My Machine Gun‘) y a pesar de ello siguen facturando hits infecciosos y melodías perfectas. Se permiten el lujo de pequeñas experimentaciones (o lo que para ellos son experimentaciones, como ‘Un Chant D’Amour‘) y siguen pasando la prueba del algodón: lo que importa, las canciones, siguen estando a la altura. Que sigan siendo así de intrascendentes: seguramente, en el momento en que intenten cambiarlo, se hundirán.