Factory Floor – Factory Floor: cajas de ritmo orgásmicas

Ya está entre nosotros el esperado segundo disco de los londinenses Factory Floor, que con un álbum de homónimo título en su nueva discográfica, DFA, queman las naves en la pista de baile con diez

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Ya está entre nosotros el esperado segundo disco de los londinenses Factory Floor, que con un álbum de homónimo título en su nueva discográfica, DFA, queman las naves en la pista de baile con diez canciones de mecha fácil, preparadas para la auto combustión por baile. Ya habían mostrado maneras hace unos años, y con este larga duración, repleto de química, beats y sonidos hilarantes, los amigos de las cajas de ritmos ya estamos de enhorabuena: un disco concebido para el hedonismo puro y duro, pero cocinado con mimbres especiales.

Algo más que un disco para desfasar

Después de un debut irregular, Lying / A Wooden Box, en el sello Blast First, en el que Factory Floor se inmiscuían en el fondo de su mente, creando auténticas bombas de hipnosis, ahora llega este álbum en el que se esperaban grandes cosas de ellos. Y las sensaciones son muy positivas. Sobre todo porque han potenciado la parte de su debut que vaticinaba que podían construir su propia bomba H. Sobre esos cimientos han edificado una enorme factoría en la que sólo hay cabida para sintetizadores analógicos echando humo, loops infinitos, estados alterados de conciencia y secciones vocales y cajas de ritmo asesinas que van a convertirse en la banda sonora de tu after preferido.

After, discoteca o tu coche; sea cual sea el escenario será suficiente para disfrutar del fuego de Factory Floor, que han complementado las secuencias de sus cajas de ritmos con nuevos efectos y arreglos vocales que se perciben en el fondo de los temas, y que ayudan a avanzar más allá de un synth pop marcado y facilón. Concebir un álbum con más poso y llevarlo a la práctica ha sido la elección correcta, pues es difícil quedar indiferente ante la propuesta quemapistas del conjunto londinense. Con las habituales voces computerizadas, frías y que van y vienen dentro de tu cabeza, de modo caótico, logran ponerte de los nervios y querer bailar ipso facto. La histeria que necesitabas.

Por otra parte, y hablando sobre esas capas de sonido de fondo, cabe destacar que a pesar de que sin duda es un trabajo de electrónica hedonista, hay mucho que rascar más allá de definir de forma simplista que es un “disco de baile”. Con auriculares y un poco de atención se puede aprecia muchas riqueza en las texturas de capas secundarias, y cómo partiendo de sintetizadores analógicos y otras técnicas primigenias, sientan las bases para reavivar un género aletargado. Además, alejando este juicio superficial, se comprueba que el disco requiere de escuchas reposadas para disfrutar de todos sus vértices, ya que habrás obviado muchos detalles en la primera escucha, si ya tratas al disco como una simple herramienta para mover el cuerpo. El buen hacer de los ingleses lleva teclados de reminiscencias ochenteras y simples a terrenos de acid house y espasmódicos ritmos que convierten a Factory Floor en un disco excesivamente adictivo. El salto a DFA les ha sentado estupendo.

Cajas de ritmo que colapsan tu cabecita

A pesar de las apariencias que guarda con la minimal wave, corriente dentro del synth pop, Factory Floor se desmarcan de las progresiones de Suicide y de referencias mucho más claras para la formación como The Units o Nine Circles. Con ambos comparten la sofisticación de un sonido de teclados que ahora han rescatado para traerlo a nuestro tiempo y clonarlo con elementos más agresivos como ese acid house que se manifiesta repentinamente y un halo semi industrial que acaba por desembocar en una descarga de alto voltaje. Estarán todos dentro del mismo catálogo, pero los londinenses han elaborado un disco sofisticado y preparado para ser una bomba en la pista de baile, sin ser tan plano como algunos álbumes que tienen esta pretensión.

Asimismo, ellos tampoco ocultan esas referencias añejas, muestran las cartas desde el primer momento con ‘Turn It Up’ y esos efectos deudores del synth pop de los ochenta, del que por supuesto no faltan las cajas de ritmo primarias que empiezan a manifestarse al final del tema. Es en ‘Here Again’, el segundo corte, donde los secuenciadores empiezan a echar humo mientras las secciones vocales computerizadas flotan por encima como si de fantasmas se tratase. Como bien dice el título, aquí estamos de nuevo, disfrutando de la magia de los sintetizadores, las máquina de la felicidad que siguen siendo efectivas hasta la saciedad treinta años después del auge del synth pop (debidamente llevadas a término para no aburrir).

Y aquí estamos otra vez a punto de bailar con Factory Floor, porque ya en lanzamientos previos habían destilado un gusto especial para sacar al Disco Stu que llevas dentro. Pisaban fuerte con temas como la hipnótica ‘Two Different Ways’, que es de 2011 y que es una de las mejores composiciones que han firmado, un acierto incluirla. Como tantas otras veces, conforme avanzan las cajas de ritmos se van añadiendo nuevas capas de sonidos que, sumados a la línea vocal femenina, acaban en despiporre generalizado; en caos. Es como una fiesta de electrónica en el psiquiatra. Para redondear la inclusión de canciones que no están en ningún LP, no hubiera estado mal incluir R E A L L O V E, también de 2011 y que representa a la perfección lo que es Factory Floor: frenetismo, juventud, caos, desenfreno y loops que declaran amor infinito al sintetizador.

Uno de los peros del disco, es que como otros álbumes de electrónica, cortan la escucha con pequeños fragmentos de minuto y poco (y eso cuando llegan a tanto) que interrumpen la escucha. Hablamos de la saga ‘One, Two, Three’ que se encuentra distribuida a lo largo del álbum y que por ejemplo cortan de raíz el ambiente que genera el maremoto electrizante y sexual de ‘Fall Back’. Parecen descartes de material grabado un domingo a las 4 de la tarde mientras consumían estupefacientes, o experimentaciones propias de Throbbing Gristle. En cualquier caso, la sobriedad con que el trío afronta su visión de la pista de baile, con reminiscencias clasicistas, sin subidones fáciles y machacando de una forma más elegante e intensa, es una razón de suficiente peso para estar escuchando el disco en bucle. Cuando no son los cortocircuitos de ‘How You Say’ es el acid house del final del disco, con ‘Breathe In’ como marcianada fantasmagórica como insignia. Maquinitas pinchando desde ultratumba y trayendo adrenalina y felicidad a nuestra dimensión.

8/10

Este segundo largo del trío londinense confirma las buenas expectativas tras el debut y demuestra que la música de baile no tiene por qué basarse en fórmulas fáciles y directas que a menudo se retroalimentan unas de otras generando temas clónicos. Este acabado es demasiado minucioso para ser tratado simplemente como un disco para embriagarse. Mediante sus loops que apisonan a ritmo de metrónomo, Factory Floor se elevan como formación enseña del minimal wave actual; con mucha personalidad pero con el respeto a las buenas formas del synth pop que huye de las fórmulas efectistas. La banda sonora de una futurible The Haçienda 2020.

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