No Age – An Object: el noise y los cerros de Úbeda

Mucho cálculo, poco sentimiento.

No-Age-An-Object

Para su tercer disco propiamente dicho (cuarto si contamos Weirdo Rippers, que en realidad era una recopilación de los singles que habían publicado hasta ese momento), No Age han querido profundizar en la idea de un disco como obra de arte, como objeto. De ahí el título y de ahí todo el proceso que ha acompañado a su creación, lanzamiento y posterior distribución: Randy Randall y Dean Allen Spunt se han encargado de la creación física de las 10.000 copias de An Object. Ellos mismos cuentan cómo se encargaron de cortar, pegar y empaquetar cada una de las unidades porque querían “sentirlo todo en las manos” y ver si cambiaba la percepción del oyente al entender que ellos habían fabricado (físicamente) el disco. Incluso parece que está todo grabado y documentado.

No Age nunca cogen el camino fácil

Esta idea y este punto de partida me han devuelto a la percepción que siempre he tenido de este dúo: tan interesante como lejano. A diferencia de varios de mis colegas en esta web, No Age nunca me han vuelto loco. Primero, porque creo que después de tocar techo con el muy notable Nouns, su propuesta se ha ido desinflando con cada lanzamiento posterior, cuando parecía que la fórmula todavía daba para bastante más y parecía un grupo que tenía todavía mucho que ofrecer. Y segundo (y sobre todo), porque siempre me ha alejado de ellos esa perenne voluntad que parecen tener por complicar las cosas, por esconder las canciones y no mostrar casi nada al oyente, por hacerle trabajar más de la cuenta. Tengo la sensación con ellos de que tienen alergia al hit: que saben y pueden hacerlo, pero cuando lo tienen, les divierte destruirlo y enseñarnos sólo los pedazos. Ideas que suenan bien sobre el papel, pero con las que, una vez hechas música, me resulta imposible empatizar.

En ese sentido, An Object supone una cierta reculada respecto a su anterior disco, Everything in Between, y el acercamiento al pop que éste proponía: parece que aquí se recupera ese cierto desprecio por el formato canción más tradicional. Se mantienen determinadas señas de identidad del grupo, con el minimalismo siempre como brújula, pero en general parecen estar huyendo de las melodías como de la peste, pero también de los arrebatos asilvestrados de sus comienzos. Se adivina una cierta voluntad de experimentación y de tratar de encontrar una nueva vía, aunque yo personalmente no acabe de tener muy claro qué vía es ésa.

Un disco, varias almas

La difusa odisea de No Age en busca de los objetos de valor tiene paradas con un pie en el post-punk (‘I Won’t Be Your Generator‘) y otras más enérgicas, al estilo de aquéllas a las que nos tenían acostumbrados en otros tiempos (‘C’mon, Stimmung‘). Y no hay estrictamente una ruptura absoluta con su pasado ni con las diferentes vertientes que han mostrado en él: ahí está, por ejemplo, esa ‘Lock Box‘ que es una clasiquísima canción de No Age: anárquica, con su ración de distorsión y una sensación de cogerla ya empezada. Pero sí parecen, como en ‘Running From A-Go-Go‘, buscar nuevos caminos y llevar su música de paseo por territorios inéditos, sólo que la manera de hacerlo resulta tan difusa, tan desconcertante, que cuesta morirse de ganas de acompañarlos.

El hecho de que mi canción favorita sea probablemente la que menos defina su sonido (‘An Impression‘) deja claro que el día en que No Age explicaron este disco, yo definitivamente falté a clase. Me fascinan esos inesperados violines que entran al minuto y la forma en que interactúan con el resto de elementos, pero no acabo de entender su ubicación dentro del disco y me deja de nuevo la sensación de acabar demasiado pronto. Me quedo con ganas de decirles que se dejen de historias y terminen una puñetera canción.

5.5/10

An Object es un disco lleno de recortes, de retales, de tormentas de ideas yuxtapuestas con mayor o menor fortuna. Parece perseguir muchos y muy nobles objetivos, pero no logro ver esas intenciones traducidas en resultados tangibles y me cuesta valorar la música de manera tan cerebral, con guantes y bisturí. En realidad, me quedo más bien con la sensación de haber escuchado un disco que ha vuelto a empezar diez veces sin terminar de llegar a ningún sitio. Diez fórmulas matemáticas que quizá tengan sentido en teoría, pero son incapaces de producir frío ni calor.

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