Oneohtrix Point Never – R Plus Seven: el Nuevo Testamento sample

La discografía de Daniel Lopatin, más conocido en el círculo electrónico como Oneohtrix Point Never, es una de esas dignas de estudio que representan la evolución de un artista, el transitar por desiertos divagando entre

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La discografía de Daniel Lopatin, más conocido en el círculo electrónico como Oneohtrix Point Never, es una de esas dignas de estudio que representan la evolución de un artista, el transitar por desiertos divagando entre múltiples sellos, y acabar fichando por uno grande, Warp. La discográfica inglesa ha sido la encarga de publicar su nuevo disco, R Plus Seven, con el que vuelve a dar un giro en su música para seguir experimentando con su sonido y avanzar en nuevos samples que no dejan indiferente.

Fichar por Warp ha sido un salto cualitativo

En apenas un lapso de tiempo de siete años, Lopatin ha mostrado su inquietud musical con una prolífica carrera en la que ha editado una considerable cantidad de álbumes, epés, singles y splits. Además, siempre con rutas que le han llevado por diferentes sellos y subsellos, llegando a fundar uno propio junto con Joel Ford: Software. Durante todo este tiempo, se dedicó principalmente a experimentar entre las demarcaciones de géneros como el ambient, la electrónica progresiva o incluso new age.

Pero no es hasta 2011, con Replica (en su propio sello), cuando empieza a desmarcarse como un grande, tras alejarse de esas progresiones en las que no acababa de resaltar por no aportar demasiado. La clave fue crear paisajes ambientales a base de samples de cintas antiguas, densos loops y el coqueteo con el glitch. Pero el gran salto masivo lo da este año fichando por Warp, donde se ha sacado de la chistera un R Plus Seven que sabe a gloria bendita, nunca mejor dicho.

Con Replica empezó a trabajar con samples, a modo de The Avalanches o DJ Shadow, y ahora de la mano de Warp, con este nuevo LP llega a mayores cotas de experimentación, combinando la oscuridad que ya conocíamos, introduciendo nuevas texturas y ampliando su catálogo de excentricidad sonora que sorprende por su elocuencia. Eso sí, ese ambiente opresivo y delirante, que en ciertos momentos fluctúa cerca de las coordenadas del With Love de Zomby, no acaba de desaparecer del todo. Pero de este disco no sorprende ese cariz fúnebre que ya conocíamos, sino uno más sacro que contrasta completamente con el ya conocido. Y en medio de ambos extremos, conjugaciones de electrónica progresiva y requiebros glitch.

Oneohtrix Point Never ya lo había petado en su disco predecesor, así que las expectativas para este quedaban altas, y estas han estado como mínimo, a la altura. Sigue la misma técnica de los samples pero esta vez deja más boquiabierto por asomar el hocico en una dimensión disonante en la que no existen los patrones fijos. Si anteriormente eran ambientes fantasmagóricos y fríos los imperantes, en R Plus Seven convierte su álbum en una pieza de arte en la que toparse con liturgia eclesiástica y texturas poliédricas en las que mecerse y quedar en reposo por la sensación de armonía que transmiten.

Alumbrando un mundo en ruinas

De un cráneo en portada pasamos a una habitación oscura y vacía; reflexiva. Bien, vamos llegando a la luz, amigo Lopatin. En un mundo que cada vez se va más a la mierda, el artista americano, de nuevo a base de sonidos que va captando alrededor de ese mundo en descomposición, encuentra huecos para la redención y una última oración por la sociedad moderna. Sumidos en ese ambiente celestial que al inicio se nos presenta en ‘Boring Angel’, de repente ataca con un teclado eclesiástico que acaba derramando fuego purificador en tu cabeza.

No son pocas las reflexiones que salen de esa habitación vacía que parece representar la cabeza de Lopatin, en la que flotan pensamientos aleatorios que ha proyectado sin ningún tipo de orden, acorde con el mundo actual. Después de ese inicial ataque divino, vuelve a arroparnos con una densa capa de ambient de destellos progresivos en ‘Americans’, sin dejar de exhibir esos vocales construidos a partir de su propio salmo. Desconozco si últimamente ha estado leyendo la Biblia, pero ha construido fascinantes texturas que describen la bajada de algún ángel exterminador para acabar con vosotros, profanos.

Ambientes antagónicos chocando entre sí

Por otra parte, mientras que tenemos la extraña e inconexa belleza de ‘Inside World’, sin seguir ningún patrón concreto, conjuga al mismo tiempo luces y sombras en fragmentos como ‘Zebra’, donde Oneohtrix machaca con percusión y arreglos glitch para después encerrarte de nuevo en una ermita del más allá. En estos volantazos sonoros es donde radica la importancia y a la vez encanto de este álbum. Lopatin envía a pastar a los patrones básicos de a+b+c en los que ir añadiendo nuevos sonidos preparando un subidón final, dejando que sean las ideas sueltas las que fluyan sobre loops de glitch que se dejan querer por la electrónica progresiva que en antaño producía.

La disonancia de ‘Still Life’, que se bate entre ambientes tenebrosos y efectos que añaden dramatismo con el posterior coro de otra dimensión, contrasta de nuevo con ese aura nívea que se encuentra en la muerte dulce de ‘Chrome Country’. Ideas contrapuestas entre sí que van chocando continuamente durante todo el disco. Oneohtrix Point Never se pasa por el forro la electrónica progresiva prototípica que él mismo patrocinaba, y se aleja de la oscuridad absoluta de Replica para recordar una vez más, que entre este mundo destructivo y frenético, también hay lugar para la más absoluta armonía gracias a creaciones tan artificiales como un sample.

8.6/10

Oneohtrix se ha pasado por el arco del triunfo estructuras electrónicas más básicas para utilizar samples que nos inmiscuyen en un trayecto de cara al final de la vida, a veces oscuro pero en muchas ocasiones delicazo y sorprendente. Una joya de disco que cuando tiene sus picos más evangelistas, da gusto por esa evocación sobrenatural.

Me gusta el chunda-chunda.