CAXADE – A dança dos moscas

Llevamos meses contándoos que algo pasa en Galicia, que se está cociendo algo gordo. Bueno, que en realidad ya se ha cocido, y que ahora nos estamos comiendo los sabrosísimos resultados. A día de hoy,

caxade

Llevamos meses contándoos que algo pasa en Galicia, que se está cociendo algo gordo. Bueno, que en realidad ya se ha cocido, y que ahora nos estamos comiendo los sabrosísimos resultados. A día de hoy, varias de las mejores bandas estatales vienen de ahí. Que si somos los amos del noise, que si aquí se hace un kraut rock de vicio, nos autodenominamos los jinetes del mathrockalipsis y no nos duelen prendas en, si algo se viene abajo, reconstruir desde cenizas. Lo que no os habíamos dicho, o quizás solo adelantado, es que nos ha salido un inesperado Zach Condon travestido en Yann Tiersen. Así, sin esperarlo, de la nada. La banda en cuestión se llama CAXADE.

CAXADE: poder para el pueblo

CAXADE es un cuarteto de la coruñesa localidad de Ames, liderado por Alonso Caxade, que asume las voces y el acordeón que caracteriza a la banda, que le da el punto de diferenciación necesario. Tras poco más de un año de existencia, han lanzado su debut, A dança dos moscas, un trabajo de obvia querencia folk, si bien se ha conseguido alcanzar ese punto de equilibrio en el que un público de mayor enfoque indie, o de querencia pop, puede encontrar en CAXADE a sus Beirut locales. Cuidada estética tradicional, letras (mejorables en varios momentos) de marcado tinte reivindicativo. Ya se sabe, si el folk es una música apegada al pueblo, en estos tiempos el contenido de las letras no podía ser indiferente.

Y además de un acordeón, CAXADE es un grupo en el que hay un bombardino. Debe destacarse esto por inusual en el mundo en el que nos movemos, y ya de paso porque el bombardino viste casi por sí solo cualquiera de las melodías de A dança dos moscas. Tras un ‘Introito’ en el que la voz en grito de Alonso Caxade, tirando de recuerdos no muy pasados con el ‘afiador, acordeonista’ deja bien claro el primero de los conceptos, aquí el acordeón lleva la línea melódica, y da paso al primer corte real de A dança dos moscas, ‘Afiador da realidade’, en el que podéis ver a que me refiero con eso de que esto recuerda por momentos a un Yann Tiersen galaico. Declaración de intenciones desde el mismo título, hemos venido aquí a sacar punta de todo lo que pase, a poner en plenas facultades los cuchillos que quizás deberemos empezar a usar con celeridad. Y una vez preparados, poderoso bombardino en mano (nada puede fallar si te armas con un bombardino, con esa demostración de ronco poder), hacemos frente a ‘Gente pota’, ejemplo por momentos de que esas letras a veces son mejorables, pero que se sobrepone a ello con una instrumentación tan curiosa (para los que no nos movemos habitualmente por estos lares) como atractiva.

CAXADE moviéndose entre etiquetas

Pero más allá de unas letras de claro dominio pesimista/reivindicativo, los arreglos de viento, perennes en cada uno de los temas de A dança dos moscas, inundan todo de un tono festivo, ya inequívoco si sumamos el acordeón. Difícil que nuestro yo más nostálgico no se imagine bailando con la boina bien colocada, con los tirantes perfectamente colocados. Nuestro yo nostálgico o nuestro yo futuro, alegre mientras escucha ‘Sr. Xorda’, dando un paso atrás para coger impulso, lleno de una energía que se superpone a la de ‘Dança dos moscas’, llena cual pecho orgulloso, y dispuesta a huír corriendo de donde quiera que estemos. Una lección de indie-folk (aquí viene el terrible momento de las etiquetas) poco habitual en nuestro territorio. Es como si CAXADE viniese a ocupar un espacio casi vacío hasta hoy.

7,8/10

Temática recurrente en ‘Demos graças’, una de mis canciones favoritas de A dança dos moscas, que mezcla la cultura ancestral gallega con un sonido folk propio tanto de aquí como de los mismos balcanes. Otra delicia en un disco en el que llega un punto en que se agradece la llegada del cambio de registro de ‘Lei d’Hont’, que de alguna manera evita la caída en la monotonía en la que por momentos parece pecar CAXADE, de comienzo que te llega con inmediatez, o la hermosura trovadora de ‘Amélia’, vestida como la canción popular que no es. Surrealismo entre ‘Capadores de extraterrestres’, la oscura ‘Nomeando perdidos’ creando inquietud, desasosiego y cierto nerviosismo interno. O el excitante final con ‘Foliom da rebeliom’, llamando a la guerra, como cada uno de los poros del disco. Un disco de esos que asegura una carrera. La apuesta es arriesgada en cuanto a derribar fronteras. Falta un grupo que cantando en gallego tenga éxito a nivel estatal, y seguramente CAXADE no sea el primero, pero es cierto que difícilmente el envite no servirá para que la carrera se adivide extensa, y de éxito cuando menos por aquí.