White Hills – So You Are… So You’ll Be

El tirón final de año está sabiendo a rock desproporcional, espacial, con guitarrazos desmedidos que un día de estos acabarán por desnucarnos. Pero eso nos hace felices. Uno de esos álbumes, al menos en mi

White-Hills-–-So-You-Are…-So-You’ll-Be

El tirón final de año está sabiendo a rock desproporcional, espacial, con guitarrazos desmedidos que un día de estos acabarán por desnucarnos. Pero eso nos hace felices. Uno de esos álbumes, al menos en mi caso, es el nuevo de White Hills, unos tipos que llevan casi una década siendo sumisos al space rock y a la psicodelia de alto tonelaje. Gente de fiar. Con su nuevo trabajo, So You Are… So You’ll Be, de la mano de la manufactura de calidad de Thrill Jockey, experimentan más de lo debido con el teclado, que sale perdiendo cuando se perfila en temas que no llegan al minuto y medio. Pero quitando estos detalles que son obstáculos para la escucha, los de Nueva York se pegan un buen homenaje de lisergia cósmica con riffs que atraviesan el espacio sideral.

White Hills no son unos tipos tan bestias como ese grupo del que ayer hablaba Mohorte, tan nórdicos que se han instalado fuera de la órbita terrestre. Este no es el caso, pero para prender la gasolina que sale de sus guitarras utilizan carburante marca Black Sabbath; para los efectos estelares que se fusionan con esos poderosos acordes, apelan al ácido de Hawkwind. El resultado es un larga duración de nueve cortes en los que desnucarse, pensar en pantalones de campana, figuras de fuego y mucho sudor; pisar el pedal y quedar aturdido por atmósferas ácidas es realmente placentero. Máxime cuando el disco te recibe con el torbellino de ‘In Your Room’, en el que el riff principal lleva el peso del esqueleto rítmico, para después abandonarlo y volver al tramo final para sacar esa vena de space rock de los setenta en el que sólo hay hueco para la destrucción masiva de átomos.

Agresividad y ácido fundida con demasiada experimentación

Por otra parte, de un tiempo a esta parte, el grupo se ha olvidado de la lisergia pura y el peso del kraut, como era el caso de H-p1, para experimentar de forma más decidida con el teclado. Lo cual no está nada mal, así es como tenemos la transformación completa al space rock corpulento y tan amplio que no tiene límites. El problema es que a veces les da por utilizarlo solo, como mero instrumento de experimentación, sin combinarlo con los instrumentos tradicionales. Esto conlleva que en tres temas de corta duración en So You Are… So You’ll Be, corten el ritmo del disco. Sin embargo, hay pasos interesantes como la espesa capa de ambient de ‘The Internal Monologue’, que bien podría haber estado incluida en algún disco de electrónica de los que hemos hablado este año. Después de esta incursión prácticamente electrónica vuelve el space rock a guitarrazo abrasivo con un Dave W. en plan Ozzy entonando el ritual so you aaaaare… so you’ll beeeee.

En la segunda mitad del trabajo seguimos encontrándonos la ambientación cósmica diluida en contagiosos riffs, aunque quedan esos fragmentos de inexplicable ruido que entorpecen no sólo la escucha correlativa de las canciones sino el álbum en conjunto. No obstante, White Hills dejan buen sabor de boca cuando se despiden con el kraut cósmico de ‘MIST (Winter)’, y que demuestra que el conjunto puede ofrecer mucho más a base de efectivos riffs y violentos cambios de ritmo. Asimismo, se echa en falta esa versatilidad a la hora de combinar esos barridos inflamables, pues son básicamente los mismos pero a diferente tempo en cada canción. Y en anteriores trabajos emplearon más peso en sus guitarras. Con todo, So You Are… So You’ll Be es un buen disco, aunque queda la impresión de que pudo ser mucho mejor, si tenemos en cuenta esos parones innecesarios y ese corte de ambient que sí, está bien, pero rompe de nuevo la armonía de lo que hubiera sido un álbum de mucha categoría.

7/10

Un efectivo disco de space rock con referencias claras y agresivos riffs que se baten entre estelares efectos de teclado y alguna pizca de kraut. Podría ser un álbum mucho más completo si no se les fuese la cabeza con la experimentación de bajo minutaje. Eso sí, tres pepinazos incontestables que repartir con amor, dentro de una prolífica carrera en la que cada año hay nuevos misiles.

Me gusta el chunda-chunda.