Russian Red – Agent Cooper

Ha llegado uno de esos momentos. Ese en el que un grupo (o solista, en este caso), ha ido creciendo tanto, por un motivo u otro, que cuando se acerca la llegada de un nuevo

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Ha llegado uno de esos momentos. Ese en el que un grupo (o solista, en este caso), ha ido creciendo tanto, por un motivo u otro, que cuando se acerca la llegada de un nuevo disco suyo, se palpa cierta tensión en el ambiente. De esos que polariza a la audiencia. Fans y haters, humanos entregados a la causa o seres armados y listos para el asesinato y despiece de la víctima. El caso es que una de esas artistas, a día de hoy, es Russian Red. Pocos ejemplos semejantes podemos encontrar en la escena española, y más aún si nos damos cuenta de que, al final, Agent Cooper es únicamente su tercer disco, y ni ha empezado a andar. Eso a pesar de que uno tiene la impresión de que Lourdes Hernández lleva viviendo entre nosotros casi desde ni se sabe cuándo. Como si formase parte de la familia. Ya sea esa sobrina que tan bien te cae, la cuñada que no soportas, o la prima lejana de la que estás locamente enamorado por mucho que eso sea pecado, que ya lo decían tus catequistas.

Agent Cooper y la canción de los años ochenta

Y si Russian Red ha alcanzado tal nivel de repercusión seguramente ha sido por mayor mérito de sus apariciones públicas (o virtuales), que por su incidencia musical real. El personaje devorando a la artista. Y de alguna forma perdiendo. Quizás no económicamente (la chica es insultantemente famosa) sino en cuanto al riesgo de infravalorar lo que, al menos hasta ahora, era una trayectoria a la que muy pocos peros se podían poner. Mientras su fama seguía creciendo, incluso a pesar de que Fuerteventura, su última referencia discográfica, contase ya con tres años, y una productiva gira a sus espaldas.

Llegaba el momento de Agent Cooper, que se ha venido esperando ansiosamente en los últimos meses, como uno de los discos que más gente tendrá pendiente a lo largo de 2014 (en el panorama nacional, véase a Vetusta Morla y poco más). El momento de ver si el tan cacareado paso a una Russian Red más rockera era cierto, u otra arma de publicidad engañosa. Muchos nombres de los que saldrán en los créditos invitaban a esa esperanza: Joe Chiccarelli en la producción (White Stripes, The Strokes), Mark Needhan en las mezclas (The Killers, Bloc Party) y Emily Lazar (Vampire Weekend, Björk, David Bowie, Lou Reed) para la masterización. Casi nada.

Y algo hay de cierto en lo prometido, pero tampoco tanto. Agent Cooper sí alberga en su buche un poco más de intensidad de lo que sus predecesores (aunque el toque de guateque sesentero en el que Travolta y Olivia Newton-John amenazan con aparecer durante Fuerteventura intentaba dejar atrás esa imagen de languidez). Tampoco os creáis que cosa loca. Pero sí. ‘Michael P’ inicia el disco con unos primeros segundos de tinieblas electrónicas y unas percusiones desnudas, mientras la voz de Lourdes se va adueñando de un tema que recuerda en gran medida a la rama elegante del pop de finales de los ochenta. Esa impresión se mantiene en ‘John Michael’, que funciona igualmente bien, o un poco mejor. Un corte con mucho de demodé, pretendidamente obsoleto, pero dando pasos hacia un estribillo más marca de la casa, en el que Russian Red casi homenajea a artistas que lo petaban cuando ella no había llegado a la edad de escolarización obligatoria.

El paso al rock que no lo fue tanto

Dos temas y volvemos a donde siempre hemos estado con Russian Red, y ‘Stevie J’ (todas las canciones llevan nombre de varón) sirve como confirmación casi absoluta: uno puede querer o detestar al personaje, pero se queda con pocos argumentos para poner a parir sus discos. Ni a ‘Casper’, ese tema que lanzó para que todos nos centrásemos en lo que tocaba, y que mandó un mensaje equívoco. Paso a una Russian Red más contundente que, a media canción, se convertía en la de siempre. En ese sentido todo Agent Cooper es traicionero, pues lo de la cara más contundente no acaba de aparecer del todo. Sabemos lo que funciona, nuestras señas de identidad. Cambiamos un poco el maquillaje superficial, pero la base sigue siendo la misma, la de ‘… Xabier’, la de la voz personalísima de Lourdes y la de la melancolía como hilo conductor eterno, dando paso, ahora sí, finalmente, a unas guitarras finales que la convierten en uno de mis temas favoritos de Agent Cooper.

7.1/10

Como en una innecesaria autoafirmación en las guitarras, Russian Red busca reincidir con ‘Anthony’, pero ésta vez pincha en hueso, pierde algo de frescura, suena más a ya conocido, a poco que decir. No es un error terco, pues, lapsus perdonable. En un paso atrás, un regreso a un pop más convencional de la mano de ‘William’, la cosa vuelve a prender cierta chispa. Seguramente, uno de los temas que más recuerda a Fuerteventura, aunque siempre con mayor presencia de watios… hasta el inmenso silencio de ‘Neruda’, y de nuevo el folk. Porque no hace daño, y porque casi lo echas de menos. Porque evolucionar es necesario, pero la píldora de nostalgia nos gusta horrores. Porque al final Russian Red entró en nuestras vidas por la puerta por la que entra ‘Neruda’, la más folk. Seguramente sería un final más redondo para el disco que el aportado por ‘Tim B’, que busca el mismo perfil, pero se queda algo lejo de las prestaciones de su predecesor. Al final, los que querían (queríamos, quizás) despotricar de Agent Cooper se van a quedar con pocos argumentos para tirar de la vía musical, y tendrán que recurrir, de nuevo, a centrar sus cuchillos en el personaje. Mientras tanto, disfrutemos de la música, aunque sólo sea esta semana.