16 Horsepower – Sackcloth ‘n’ Ashes [Críticas a la Carta I]

Un redneck cantando sobre pecado y redención.

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Cuenta la canción tradicional norteamericana que muerta la esposa de un señor adinerado, su corazón a punto estuvo de quebrarse y su alma comenzó a agonizar ante el dolor de un inesperado adiós y el vacío de una ausencia que no hacía más que comenzar. Desesperado, dolorido y sin más lágrimas que derramar, decidió acompañar a su amada en el viaje hacia la eterna oscuridad, en su último y tortuoso paseo, haciendo que dieciséis caballos tirasen de un carro sobre el que traqueteaba la jaula, el ataúd en el que los restos de su esposa descansarían hasta el fin de los días. Una estampa de dolor y amor equidistantes que David Eugene Edwards decidió utilizar para dar nombre a un proyecto que cambiaría al Country para siempre, una máquina de escupir himnos dedicados al Apocalipsis, a la miseria, a la fatalidad, y a la redención.

Del desierto a Los Ángeles: The Denver Gentlemen

Nieto de un predicador itinerante, David Eugene Edwards se crió en la soledad del desierto y con la biblia y las arengas de su abuelo como única compañía. Discursos apocalípticos para captar adeptos y un entorno tan agreste en el día como evocador en la noche, marcaron los primeros años de un artista que rinde tributo continuo a sus orígenes a pesar de no ser profeta en su tierra. Efectivamente, el Reverendo es quien es hoy día gracias a los versículos y las proclamas que, casi por obligación, tuvo que aprender en sus primeros años, pero también es quien es gracias al duro contacto con un entorno casi inhabitable, con un desierto que erosionó la mente de un joven hasta ofrecer como resultado un artista de apariencia arisca y de discurso fatalista, un músico que, a pesar de romper con su origen de forma abrupta, ha acabado volviendo al mismo una y otra vez como constatación de una búsqueda espiritual que no ha hecho más que comenzar.

Así sería como un joven David Eugene decidiría abandonar a sus abuelos y cambiar el vehículo utilizado para hablar sobre la ambivalencia de la condición humana, sobre la colisión entre el bien y el mal que, según sus palabras, nos ha convertido en lo que somos como especie. El viaje tendría como itinerario recurrente Denver y Los Ángeles, y la casualidad le llevaría a encontrarse en la soleada California con varios vecinos de su originario Colorado. Con ellos formaría, de forma temporal y casi experimental, The Denver Gentlemen. Y ese proyecto sería la simiente de la que germinarían las carreras de 16 Horsepower, Slim Cessna’s Auto Club y Jay Munly and the Lee Lewis Harlots, probablemente, tres de las marcas más importantes de lo que en la actualidad conocemos como Gothic Country.

La gestación de un debut icónico

También sería la casualidad la responsable de que, una vez David Eugene Edwards, Slim Cessna y Jay Munly decidieron trazar caminos divergentes (pero con colaboraciones posteriores), el Reverendo se cruzase en el camino del dúo formado por los franceses Pascal Humbert y Jean-Yves Tola (quienes pondrían después en marcha el proyecto Lilium), músicos de formación cercana al jazz y que le ayudarían a marcar distancias definitivamente con el Punk que había protagonizado sus proyectos adolescentes.

Formado ya el trío, y con varios regresos puntuales a Denver mediantes, Horsepower se pusieron en marcha sin la más mínima pretensión, ignorando el impacto de todo lo que se venía gestando y que tenía a artistas originarios del estado de Colorado como protagonistas. Locales de mala muerte, carretera y bourbon fueron la compañía del trío en sus inicios hasta que una demo en cassette que acababan de registrar cayó en manos de un agente de una discográfica californiana, agente que les propuso después de uno de sus ‘intrascendentes’ shows viajar de nuevo a Los Ángeles y grabar ese material de forma profesional.

La discográfica era A&M Records y el disco, finalmente, se grabaría en Memphis bajo la supervisión de Warren Bruleigh por intermediación de Gordon Gano, líder de una de las bandas que habían marcado los primeros pasos en la música de David Eugene Edwards, Violent Femmes. Problemas ajenos al repentino cuarteto para completar la grabación, tuvieron que fichar al bajista Keven Soll, supondrían un retraso en el lanzamiento del ya listo Sackcloth ‘n’ Ashes aunque, en esos casi diez meses de espera, al Reverendo le dio tiempo a definir que pasarían a llamarse 16 Horsepower, a firmar con el entonces manager de Nick Cave y a grabar y editar un EP homónimo que finalmente sería la carta de presentación de un proyecto para el que singles como Shametown (1994) y Hell the Shovel (1995) no habían supuesto aún una plataforma de despegue.

Sackcloth ‘n’ Ashes: un redneck cantando sobre pecado y redención

A pesar de que algunos se empeñan en considerar al debut en largo de 16 Horsepower como el disco más flojo de los seis lanzados bajo la icónica marca (lo cual, de todos modos, acaba hablando muy bien de la regularidad del proyecto), es un error de bulto restar impacto y trascendencia a un conjunto de 14 canciones que supone, sin lugar a dudas, uno de los debuts más importantes de la década de los noventa (lo cual no es cualquier cosa).

Evidentemente no estamos ante la obra más madura de David Eugene Edwards, pero menospreciarla por este hecho sería obviar al principal de los atributos con los que cuenta Sackcloth ‘n’ Ashes: la frescura. Articulado como un cancionero en el que el yo canalla del Reverendo comparte espacio con paradójicos preavisos de que el infierno nos espera a la vuelta de la esquina, como una revisión de la geografía física y espiritual de un estado, entonces, profundamente conservador e hipócrita como Colorado, en el que el fanatismo religioso y la soledad comparten espacio con la depravación y la degeneración de la humanidad, el debut de 16 Horsepower se muestra pasados ya casi 20 años de su lanzamiento como un despliegue de himnos que supondrían el inicio de uno de los géneros más estimulantes y ‘evitados’ por el público hoy día: el Gothic Country.

Recogiendo parte de lo aprendido en los experimentos Punk de su adolescencia, David Eugene Edwards construyó un discurso sonoro en el que el Country comenzaba a transformarse en un entorno en el que la soledad y melancolía propias del Roots norteamericano adquirían mayor dramatismo y teatralidad, dejando espacio para un creciente aroma barroco que se desplegaba de la mano del Bluegrass y el Folk tradicional estadounidense. Las comparaciones con Nick Cave, por la imponente personalidad que ya mostraba el Reverendo esos años, o con Joy Division quizás lograron confundir a un sector del público que acabó topándose con un sonido crudo y áspero pero con un planteamiento opuesto al nihilismo de la banda de Ian Curtis y más encorsetado que lo desarrollado por el genio de Warracknabeal.

9.5/10

Pelotazos de la talla de ‘Black Soul Choir‘, ‘Harm’s Way‘ o la sempiterna ‘American Wheeze‘ acaban contradiciendo a aquellos que aluden a la falta del madurez del proyecto como el principal defecto del álbum. 16 Horsepower acababan de presentar, probablemente, uno de los últimos discos revolucionarios de la historia. Otros habían insinuado algo en esta vía en el pasado (sin ir más lejos Johnny Cash), o lo estaban haciendo al mismo tiempo (Slim Cessna y Jay Munly), pero ninguno de ellos fue capaz de llegar tan lejos en la transformación del Country como David Eugene Edwards acababa de lograr en su debut discográfico. El ‘rancio’ Folk norteamericano acababa de dar el paso que el Outlaw llevaba décadas insinuando, y eso se lo debemos a Denver y a David Eugene Edwards.

Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.