Angel Olsen – Burn Your Fire For No Witness

Os juro que no quería. Hablo en pasado, pero realmente es que no quiero, casi en presente. Otra más. Otra chica con guitarra. No, por favor. Si al final todo es lo mismo, todo muy

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Os juro que no quería. Hablo en pasado, pero realmente es que no quiero, casi en presente. Otra más. Otra chica con guitarra. No, por favor. Si al final todo es lo mismo, todo muy bien, pero todo lo mismo. Todo acaba aburriendo… o no. A veces, sólo a veces, cuando vences la pereza, te llevas un premio. Como con Angel Olsen. Te arranca una sonrisa y un pensamiento en forma de “joder, qué capulla!”. Te descoloca y te das cuenta de que ya no sabes muy bien si es que tiene algo especial, algo distinto a otras, o es que te lo parece a tí solo. En todo caso, hoy hemos venido aquí a recomendaros la escucha de Burn Your Fire For No Witness (y no ha sido sin tiempo, pues para honrar las más viejas costumbres hipersónicas, hoy os hablamos de un disco que lleva ya cinco semanas en las tiendas, y ni se sabe cuánto tiempo en los ordenadores de los que han coqueteado con su filtración). Pero, aunque tarde, Hipersónica siempre llega (es mentira, pero dejadme en paz). O, desde luego, a Angel Olsen convenía llegar. Por muchos motivos, tantos como estilos vemos en un disco que, si bien es ya un sophomore, casi parece un debut, dado lo desapercibido que pasó aquel Half Way Home.

Angel Olsen y los mitos

Hace ya mucho. Fue 21 de septiembre de 1934. Hace, dentro de unos meses, ochenta años. Fue el día en que nació Leonard Cohen. Entonces él no sabía que iba a ser Leonard Cohen. No lo vio venir hasta unos cuantos años después. Tampoco era consciente entonces de que iba a escribir una joya llamada ‘White Fire’. Una pieza que lleva voz y letra de Angel Olsen, de esta joven moza de St. Louis, pero que en realidad podría haber firmado (y firmaría encantado) el Leonard Cohen de ‘Stranger Song’. Si es que existen los flechazos musicales, el que nos une a Angel Olsen, el que nos ata a Burn Your Fire For No Witness, es ése. El cuarto corte. Esos casi siete minutos de recogimiento, de escalofrío. De la gran belleza. De uno de los mejores temas que ha parido este 2014 por el momento. Claro que, como decíamos, este trabajo no se conforma con una influencia, con una etiqueta, con un patrón. Burn Your Fire For No Witness juega con muchísimos recovecos, y casi siempre consigue salir vencedor. Y nada de victorias a los puntos. Burn Your Fire For No Witness es un K.O. técnico. Incontestable.

Porque ya sé lo que estáis pensando, y desde luego no os culpo. Creéis que os enfrentáis a otra muestra de tediosa languidez, con sus momentos más acertados, pero de conjunto seguramente aborrecible. A otro experimento folk que no queréis probar. Nadie podrá recriminaros por ello. Y menos cuando escuchéis esa ‘Unfucktheworld’ que abre el álbum con la voz de Angel Olsen en un misterioso segundo término, a medio camino entre la canción de cuna y vaya usted a saber qué. Una canción fantástica, que se desvanece cuando apenas empezabas a paladearla, pero que no os quitará ese temor primigenio de la cabeza. A lo mejor esa guitarra, ese axiomático inicio de ‘Forgiven/Forgotten’ empieza a hacer que caigáis de la burra. La pesadez que adivinábais para estos tres cuartos de hora sólo existía, en realidad, en vuestra imaginación. Y no porque Burn Your Fire For No Witness no cuente con algún fallo. Pero quizás éstos sean más de estrategia que propiamente musicales. Me explico: ‘Hi-Five’, tercer corte, y elegido como primer single. Que probablemente sea lo suyo, la canción que menos chirría al ser escogida para dicho fin. Pero, desde luego, no la mejor de Burn Your Fire For No Witness.

Es una chica con guitarra, no otra chica con guitarra

Si me lo permitís, que me lo vais a permitir, en cuanto a cortes con más nervio y energía, yo me quedo con ‘High & Wild’. Más sucio, más contundente y eficaz que el previo. Como mostrando a Angel Olsen sin preocupaciones a la hora de salir guapa en la foto. El ejemplo de que aquí el indie rock ocupa el mismo porcentaje de la tarta que el folk, y que ambos son plasmados con la solvencia de alguien que no parece estar debutando, precisamente. Ya sabes que lo suyo no va a ser un hype, que aquí va a haber temita. Que no en vano gente como Bonnie ‘Prince’ Billy o LeRoy Bach se han fijado en ella para que los acompañe. Porque al final el talento puede a los prejuicios. Porque hasta aquí nos hemos encontrado con media docena de temas, con la setentera ‘Lights Out’ incluida, de calidad incuestionable. De factura impecable, que nos lleva a hacer absurdas cábalas sobre el techo de Angel Olsen, cuando apenas hemos empezado a conocerla.

8/10

Redoblamos apuestas. Afrontamos un final exigente, con algún altibajo, pero con una nota media más que notable. Los alaridos que una ‘Stars’ que, desde la convencionalidad, se hace mayor creciendo a través del dolor y los agudos, de los bailes mentales y bucólicos que se sumergen en ‘Iota’, quizás algo menos trascendental, o la majestuosa ‘Dance Slow Decades’, que juega a llevar la intensidad y la emoción a las mayores cotas que se presentan en Burn Your Fire For No Witness. Uno de esos momentos, en los que las melodías se apoderan de todo, en los que, casi, hubiese merecido la pena que el disco tocase a su fin. Básicamente porque ‘Enemy’, ahora sí, no está a la altura de las demás. Hubiese sido casi mejor que ni figurase, que no nos recordase que Angel Olsen ha colado un tema menor en la selección definitiva. O mejor dicho, uno que no aporta nada que no hiciesen sus predecesores con mejor factura. Podrían asaltarnos las dudas, pero llega ‘Windows’, superlativa, para eliminarlas de un plumazo, para encogernos el corazón y terminar de enamorarnos. Sí, es una chica con guitarra, pero no otra chica con guitarra.