Lydia Loveless – Somewhere Else

Menos vaca, más rock.

Lydia

Por suerte para nosotros, a Lydia Loveless las cosas no le van demasiado bien: echa de menos a sus ex, está atrapada en relaciones sin futuro, está peligrosamente acostumbrada a ser “la otra” y hasta le da a la mandanga cosa mala en cuanto tiene oportunidad. Es una suerte que le pase todo eso porque lo que nos gusta de ella es que nos cuente las penas como un borrachuzo regodeándose en su miseria en la barra de un bar a altas horas de la noche. Si de repente todo empezara a salir bien y a la chica le diera por cantar sobre, qué sé yo, lo mucho que le gusta ver dormir a su amado el invento se nos iría al carajo. Pero no, tranquilos: en Somewhere Else todo le sigue pareciendo mal.

Lydia Loveless, aún joven promesa

Lydia es insultantemente joven (23 años) y sin embargo éste es ya su tercer trabajo. Esa explosiva mezcla es sin duda unos de los mayores puntos de interés de su música: puedes considerar que ya ha vivido mucho (y por consiguiente creerte sus dramas, dramitas y dramones y que no resulten ridículos, o al menos no todo el rato), pero tiene todavía la capacidad de encabronarse por las cosas, de dejar que éstas le afecten y ella logre canalizar toda la furia de su respuesta en forma de canciones. Algo de eso parece haber siempre en sus composiciones: oficio de quien ya sabe lo que está haciendo pero con el muy agradecido toque amateur de quien, a fin de cuentas, es todavía muy joven y puede cometer errores. Y así, esos errores, lejos de molestar, si no se agradecen sí al menos ayudan a darle un toque de veracidad a una propuesta que de otra forma podía sucumbir al artificio.

Ella, por suerte también, parece ser siempre consciente de los riesgos del malditismo, de lo cerca que puede llegar a estar de caer en la parodia y suele poner una nota cínica o de humor autodestructivo cuando las cosas se empiezan a poner feas. Este disco, además, tiene bastante de culminación estilística, casi de obra de (con perdón) madurez: quedan atrás, aunque no desterrados del todo, tanto el bluegrass de The Only Man (2010) como el componente punk redneck de Indestructible Machine (2011). Este tercer trabajo toma lo mejor de cada una de esas vertientes y elabora una sólida obra de country-folk donde lo único que permanece inalterable es la magnífica voz de su vocalista, ya una de los grandes nombres de la música de raíces americana actual.

Buscando su destino

Uno puede ponerse a pensar si la vertiente más rock de Somewhere Else está más cerca de Uncle Tupelo o de los primeros Wilco, o cuánto de Hank Williams III se ha colado por aquí, pero probablemente las canciones le habrán distraído antes de llegar a ninguna conclusión. La inicial ‘Really Want To See You‘ es un perfecto ejemplo de lo que hablábamos antes, un dramón de honky tonk que intenta quitarse las penas a base de guitarrazos: su hombre se casó con otra y ahora ella no deja de pensar en llamarle y tratar de hacer bien las cosas que siempre hizo mal. Un equilibrio entre sonar a tipa dura y cantar sobre lo calamidad que en realidad que en realidad se da la vuelta en la propia letra: ella habla de coger el teléfono sólo para preguntarle qué tal le va cuando es obvio que al final su verdadera intención es cargarse su matrimonio a la mínima oportunidad. La doble cara, el diálogo entre la fragilidad y la contundencia.

Si todo esto os está sonando a trama culebronera de Nashville es porque así es. Y porque así queremos que sea y así está bien que sea. ‘Wine Lips‘, por ejemplo, también va de intentar recuperar a su churri (That’s all I really wanna do / Be somebody that you can talk to / That’s all I really wanna do / But I went too far like I always do) y en ‘Verlaine Shot Rimbaud‘ compara una tumultuosa relación de amor-odio con las famosas peleas entre poetas, quizá la única referencia que suena demasiado elevada para sus cánticos de bar sureño de carretera. Hay también, claro, baladones a corazón abierto como ‘Everything’s Gone‘ y llamadas de socorro, de no encontrar su lugar en el mundo, en el tema titular, donde (en lugar de a Neko Case, con quien tantas veces se la compara) suena más Stevie Nicks que nunca, y hasta muy explícitas canciones sobre el follar y sus distintos contextos como ‘Head‘. Como cuando decidimos escuchar a ese borracho que nos cuenta su vida, a ella le pedimos que, ante todo, no nos aburra y por suerte sabe cumplir su parte del trato.

7.4/10

Si el reto de Lydia Loveless era conseguir entrar en la liga de Emmylou Harris o Lucinda Williams y al menos poder defenderse, misión cumplida. El camino que tiene por delante es aún amplio y habrá que esperar bastante para saber si se puede medir de igual a igual con las grandes divas de su escena. De momento, Somewhere Else, sus corazones rotos, sus amores pendencieros y sus lamentos arrepentidos son una excelente tarjeta de presentación: su mejor disco hasta la fecha y el que la puede poner definitivamente en el mapa.

Lydia Loveless – Somewhere Else

La confirmación de Lydia Loveless es un disco de ésos para poner mientras conduces al atardecer y ponerte estupendo, casi tanto como se pone ella en una actitud siempre al límite pero que nunca llega a cruzar fronteras demasiado peligrosas. Comparado con los anteriores, en este disco huele un poco menos a vaca y más a rock y el resultado es sin duda notable.

01. Really Wanna See You
02. Wine Lips
03. Chris Isaak
04. To Love Somebody
05. Hurts So Bad
06. Head
07. Verlaine Shot Rimbaud
08. Somewhere Else
09. Everything’s Gone
10. They Don’t Know

Lo mejor

  • Su actitud de “hago lo que me da la gana y me equivoco cuando quiero”.
  • Una perfecta conjunción con la banda.
  • Haber conseguido colar la palabra “pendenciero” en esta crítica.

Lo peor

  • Algunas letras pasadas de frenada.
  • Este disco tampoco contiene la canción que la hará famosa.